MARIE DE RABUTIN-CHANTAL
MARQUESA DE SÉVIGNÉ
(1626-1696)
“Hay palabras que suben como el humo
y otras que caen como la lluvia.”
Marquesa de Sévigné.
LA VOZ DEL ARTE DE CONTAR
Madame de Sévigné debe su fama al género epistolar, muy del gusto de su época. Fue uno de los personajes que frecuentó más asiduamente los salones literarios de París. Sin embargo, manifestó una gran preocupación por la educación de sus hijos. La mayor parte de sus cartas están dirigidas a su hija, que se había trasladado a la Provenza tras su boda. Escritas en general, de una manera improvisada, rápida, sincera, sin pretensiones al éxito literario, hablan de la corte, de la ciudad, de los sermones, del teatro, de los amigos, de la familia, y, sobre todo repiten en cien formas el cariño de una madre hacia una hija que en nada se le parecía y a la que idolatraba.
Su natural sano, honrado, grave o risueño; su bondad, que no excluye el ingenio, pero que no admite la maledicencia; su inteligencia, su arte de contar, de pintar incluso la vida familiar y algunos lindos retazos de Naturaleza, y, en fin, su rara facilidad de expresión, su estilo, ampuloso aún, pero ya desenvuelto, rico y natural, todo ello hace de estas cartas una de las obras más expresivas en su género, una de las más perfectas de la literatura clásica.
Marie de Rabutin-Chantal, marquesa de Sévigné, nació en París el 5 de febrero de 1626 y falleció en el castillo de Grignan , Provenza, el 17 de abril de 1696. Descendiente de un linaje de rancio abolengo borgoñés, nieta de la cofundadora de la Orden de la Visitación de Santa María, quedó huérfana a su niñez. A los dieciocho años de edad se casó con Henri Savigné. En 1646 nació su hija Françoise-Marguerite y dos años más tarde su hijo Charles. En 1651 Henri de Sevigné se batía en duelo por su amante Madame de Gondran, muriendo atravesado por la espada de su contrincante, quedando viuda la marquesa de Sévigné, a la edad de 26años. Casada su hija con el conde de Grignan en 1669, y nombrado este teniente general en el gobierno de Provenza, la marquesa de Sévigné, para consolarse de la ausencia de su hija le escribió durante veinticinco años la mayoría de las famosas Cartas (publicadas póstumamente en 1726) que le han proporcionado la inmortalidad.
A la correspondencia con la hija se añadió, al editar las Cartas, las que enviara a su esposo y a sus amistades más íntimas (Mme. de la Fayette, Jean Racine, Mme. de Scúdery, entre otros). Escritas en un estilo ágil, sencillo y elegante, sus cartas constituyen además un valioso documento para conocer la Francia de Luis XIV. La autora muestra en ellas su aguda sensibilidad y el carácter alegre y espontáneo de su personalidad. Y como dijo la escritora francesa: “Las infidelidades se perdonan, pero no se olvidan jamás”.
Francisco Arias Solise-mail: aarias@arrakis.esURL: http://www.arrakis.es/~aarias
WIKIPEDIA: http://es.wikipedia.org/wiki/Francisco_Arias_Sol%C3%ADs
Jamás hubo una guerra buena o una paz mala. Aviso: Se ruega a los internautas que pongan en sus páginas el logotipo o banner de Internautas por la Paz y la Libertad que figura en la URL:http://www.arrakis.es/~aarias/internau.htm
Gracias.
domingo, 20 de abril de 2008
sábado, 19 de abril de 2008
LAS ESPAÑAS EN EL RECUERDO POR FRANCISCO ARIAS SOLIS
EN EL 60º ANIVERSARIO DEL HOMENAJE A FALLA
DE “LAS ESPAÑAS”
“Aquí estoy con los débiles;
las raíces al aire,
sin su tierra nutricia
ni el jugo de su cielo.”
José Moreno Villa (Nº 1, Las Españas).
LAS ESPAÑAS EN EL RECUERDO.
La revista Las Españas vio la luz por vez primera en la ciudad de México, el 29 de Noviembre de 1946, fundada por el aragonés José Ramón Arana y el andaluz Manuel Andújar. En números siguientes se incorporaron al grupo editorial José Puche Planás (valenciano), Anselmo Carretero (segoviano), Mariano Granados (soriano), Eduardo Robles (madrileño) y Arturo Sáenz de la Calzada (leonés).
En el editorial del número 1 se destacaba el hecho de que la revista salía en unos momentos especialmente difíciles de la historia de España, en los que, a pesar de ello, no existían, a excepción del Boletín que la Unión de Intelectuales Españoles publicaba en París, revistas dedicadas específicamente a la cultura española. En efecto, desaparecida en 1941, España Peregrina, los intelectuales exiliados en México no contaban en 1946, con ninguna publicación propia. En este sentido, Las Españas cubría un hueco sin duda necesario. Sus fundadores albergaban la pretensión de ser una revista de literatura, pero se ponía énfasis en que le interesaba la literatura que fuera expresión de un tiempo.
En este mismo número 1 se insistía en afirmar que la revista -que no pertenecía a ninguna capilla literaria ni estaba adscrita tampoco a ningún credo político-, era económicamente independiente. Los redactores de Las Españas, que abogaban por un diálogo con todos los españoles -los de fuera y los del interior, los mayores y los jóvenes-, se habían impuesto simplemente salir en defensa de la cultura española y de una concepción federal de España.
El nombre de la revista: Las Españas es ya intencionadamente significativo, pues expresa la concepción de la nación española como comunidad de todos los pueblos de España, cada uno de los cuales posee caracteres peculiares que lo distinguen de lo demás. Para Las Españas todas las lenguas de la Península Ibérica son igualmente españolas; por eso, la revista, escrita fundamentalmente en castellano, ha publicado trabajos en catalán, gallego y vasco.
En Las Españas han escrito muchos de los españoles desterrados con motivo de la guerra civil. A diferencia de otras revistas, Las Españas ha sido redactada y publicada con miras a España; ha sido siempre una revista española editada en el destierro. En ella, junto a figuras extranjeras de renombre internacional (Camus, Cassou, Bataillon, Herman Hesse, Thomas Mann, Alfonso Reyes, Gabriela Mistral...) han aparecido en sus columnas las firmas de españoles tan destacados como las ya siempre ausentes (Pedro Salinas, Luis Santullano, Juan José Domenchina, José Moreno Villa, Fernando de los Ríos, Adolfo Salazar, Eugenio Imaz, José María Gallegos Rocafull, José Bergamín, Adolfo Sánchez Vázquez...).
Entre noviembre de 1946 y julio de 1956, Las Españas, publicó, con este título, 26 números de la Revista; entre ellos dos extraordinarios. En 1948 organizó un concurso literario. En el mismo año celebró, en el Palacio de las Bellas Artes de la ciudad de México, un homenaje a Falla en el que Adolfo Salazar analizó la personalidad del gran compositor y se ejecutaron obras del músico gaditano bajo la dirección de Jesús Bay y Gay. Y la soprano mexicana Oralia Domínguez logró fiel versión de las “Siete canciones españolas” y de “A Córdoba”, sobre el soneto de Góngora. También organizó Las Españas los primeros homenajes en memoria de don Antonio Machado efectuados desde su muerte.
En julio de 1957; Las Españas dio paso a Diálogo de Las Españas, en cuyo editorial se pide a todos los españoles de bien el abandono de las viejas trincheras para enfrentarse con la nueva realidad nacional. Pedro Bosch-Gimpera, con la mirada puesta también en el incierto futuro español, escribía: “Ha llegado la hora de entablar un diálogo en que sin acritud, sin reproches, examinando sinceramente los motivos de fricción entre opiniones encontradas, con examen de conciencia emprendido sinceramente valorando el pro y el contra, pueden hallarse soluciones para un futuro sin luchas fraticidas y con tolerancia para todos”.
Las ideas de Las Españas y de Diálogo de Las Españas tuvieron amplia difusión en el exilio y dentro de España. También en estas revistas de y para desterrados, tuvieron un enorme protagonismo el recuerdo de los paisajes urbanos y rurales de la amplia y variada geografía española. Y es que, como escribiera en Las Españas, el poeta gaditano Adolfo Sánchez Vázquez: “El destierro no para con tu muerte / que, implacable, dilata tu destino, / bajo la misma tierra prolongado: / Tú no descansas, no, con esta suerte / de muerte enajenada; con el sino / de estar bajo la tierra desterrado”.
Francisco Arias Solise-mail: aarias@arrakis.esURL: http://www.arrakis.es/~aarias
WIKIPEDIA: http://es.wikipedia.org/wiki/Francisco_Arias_Sol%C3%ADs
Donde mora la libertad, allí está mi patria. Aviso: Se ruega a los internautas que pongan en sus páginas el logotipo o banner de Internautas por la Paz y la Libertad que figura en la URL:http://www.arrakis.es/~aarias/internau.htm
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DE “LAS ESPAÑAS”
“Aquí estoy con los débiles;
las raíces al aire,
sin su tierra nutricia
ni el jugo de su cielo.”
José Moreno Villa (Nº 1, Las Españas).
LAS ESPAÑAS EN EL RECUERDO.
La revista Las Españas vio la luz por vez primera en la ciudad de México, el 29 de Noviembre de 1946, fundada por el aragonés José Ramón Arana y el andaluz Manuel Andújar. En números siguientes se incorporaron al grupo editorial José Puche Planás (valenciano), Anselmo Carretero (segoviano), Mariano Granados (soriano), Eduardo Robles (madrileño) y Arturo Sáenz de la Calzada (leonés).
En el editorial del número 1 se destacaba el hecho de que la revista salía en unos momentos especialmente difíciles de la historia de España, en los que, a pesar de ello, no existían, a excepción del Boletín que la Unión de Intelectuales Españoles publicaba en París, revistas dedicadas específicamente a la cultura española. En efecto, desaparecida en 1941, España Peregrina, los intelectuales exiliados en México no contaban en 1946, con ninguna publicación propia. En este sentido, Las Españas cubría un hueco sin duda necesario. Sus fundadores albergaban la pretensión de ser una revista de literatura, pero se ponía énfasis en que le interesaba la literatura que fuera expresión de un tiempo.
En este mismo número 1 se insistía en afirmar que la revista -que no pertenecía a ninguna capilla literaria ni estaba adscrita tampoco a ningún credo político-, era económicamente independiente. Los redactores de Las Españas, que abogaban por un diálogo con todos los españoles -los de fuera y los del interior, los mayores y los jóvenes-, se habían impuesto simplemente salir en defensa de la cultura española y de una concepción federal de España.
El nombre de la revista: Las Españas es ya intencionadamente significativo, pues expresa la concepción de la nación española como comunidad de todos los pueblos de España, cada uno de los cuales posee caracteres peculiares que lo distinguen de lo demás. Para Las Españas todas las lenguas de la Península Ibérica son igualmente españolas; por eso, la revista, escrita fundamentalmente en castellano, ha publicado trabajos en catalán, gallego y vasco.
En Las Españas han escrito muchos de los españoles desterrados con motivo de la guerra civil. A diferencia de otras revistas, Las Españas ha sido redactada y publicada con miras a España; ha sido siempre una revista española editada en el destierro. En ella, junto a figuras extranjeras de renombre internacional (Camus, Cassou, Bataillon, Herman Hesse, Thomas Mann, Alfonso Reyes, Gabriela Mistral...) han aparecido en sus columnas las firmas de españoles tan destacados como las ya siempre ausentes (Pedro Salinas, Luis Santullano, Juan José Domenchina, José Moreno Villa, Fernando de los Ríos, Adolfo Salazar, Eugenio Imaz, José María Gallegos Rocafull, José Bergamín, Adolfo Sánchez Vázquez...).
Entre noviembre de 1946 y julio de 1956, Las Españas, publicó, con este título, 26 números de la Revista; entre ellos dos extraordinarios. En 1948 organizó un concurso literario. En el mismo año celebró, en el Palacio de las Bellas Artes de la ciudad de México, un homenaje a Falla en el que Adolfo Salazar analizó la personalidad del gran compositor y se ejecutaron obras del músico gaditano bajo la dirección de Jesús Bay y Gay. Y la soprano mexicana Oralia Domínguez logró fiel versión de las “Siete canciones españolas” y de “A Córdoba”, sobre el soneto de Góngora. También organizó Las Españas los primeros homenajes en memoria de don Antonio Machado efectuados desde su muerte.
En julio de 1957; Las Españas dio paso a Diálogo de Las Españas, en cuyo editorial se pide a todos los españoles de bien el abandono de las viejas trincheras para enfrentarse con la nueva realidad nacional. Pedro Bosch-Gimpera, con la mirada puesta también en el incierto futuro español, escribía: “Ha llegado la hora de entablar un diálogo en que sin acritud, sin reproches, examinando sinceramente los motivos de fricción entre opiniones encontradas, con examen de conciencia emprendido sinceramente valorando el pro y el contra, pueden hallarse soluciones para un futuro sin luchas fraticidas y con tolerancia para todos”.
Las ideas de Las Españas y de Diálogo de Las Españas tuvieron amplia difusión en el exilio y dentro de España. También en estas revistas de y para desterrados, tuvieron un enorme protagonismo el recuerdo de los paisajes urbanos y rurales de la amplia y variada geografía española. Y es que, como escribiera en Las Españas, el poeta gaditano Adolfo Sánchez Vázquez: “El destierro no para con tu muerte / que, implacable, dilata tu destino, / bajo la misma tierra prolongado: / Tú no descansas, no, con esta suerte / de muerte enajenada; con el sino / de estar bajo la tierra desterrado”.
Francisco Arias Solise-mail: aarias@arrakis.esURL: http://www.arrakis.es/~aarias
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jueves, 17 de abril de 2008
EL ESPIRITU DEL 98 POR FRANCISCO ARIAS SOLIS
EL ESPIRITU DEL 98
“Han pasado cien años, y los nietos,
rota la placa y rota la memoria, con otro nombre lañan la rotura:
¡Revolución!”
Miguel de Unamuno.
LA REVOLUCION ESPIRITUAL DE LA GENERACION.
En la última década y en sitios muy diferentes he leído artículos sobre la Generación del 98. Al parecer todos los articulistas o una gran mayoría de ellos con una cierta desgana tratan de deshacer algunos errores de hecho referentes a lo que se ha llamado, por llamarlo de alguna manera, la Generación del 98. Están, en efecto, por restablecer la verdad histórica de esta Generación; pero ello tendría menos importancia si se hubiera establecido, reconocido ya, lo que dicha Generación fue. Pues nada menos que todo un movimiento espiritual. Hoy puede considerarse como el último movimiento espiritual habido en España. Un artículo de Azorín, un cuento de Valle-Inclán, una novela de Baroja, una comedia de Benavente, un comentario de Unamuno y hasta una indignación de Maeztu eran algo espiritualmente distinto a todo lo que entonces constituía la vida espiritual de los españoles. Han venido luego otros movimientos literarios, pero el milagro espiritual no ha vuelto a repetirse. Como que el movimiento del 98 no era literario; Benavente, Baroja y Valle-Inclán no han tenido nunca la misma literatura. El movimiento del 98 fue un brote espiritual español al contacto eléctrico de la nueva Europa, fue una intuición de Europa, una revolución espiritual.
Sus consecuencias literarias han sido visibles en todos los países de lengua española. Sus consecuencias políticas las estamos viendo en España todavía. La Generación del 98 ha removido más la modorra española que la Institución Libre de Enseñanza y, desde luego, más que todos los políticos porque ninguno de estos ha removido nada, excepto Pablo Iglesias. Aquellas ideas pedagógicas de la Institución, las nuevas normas políticas del socialismo, han hecho mucho por cambiar España; el espíritu puro e imponderable de la Generación del 98, que fue una generación espontánea, callejera, ha hecho sin duda mucho más y más profundo; no removió usos y modos del espíritu, sino del espíritu español mismo. Por desgracia, a la revolución espiritual de la generación del 98 le falló la política, se quedó en el aire. En cambio, la dificultad mayor con que ha tropezado la transformación que, a pesar de todo, se ha hecho en España, durante los últimos años, es la falta de ambiente, es decir, de espíritu; y el único peligro de la situación actual se puede hallar en esta falta de espíritu, en que España vuelve a caer, como cayó bajo el político conservador Cánovas, en una nueva restauración de todas las pobrezas espirituales de la vida más pobre de espíritu.
No hay ahora espíritu para una revolución española, porque no hay en España ninguna revolución en los espíritus. No la ha habido desde la que brotó con la Generación del 98. El espíritu del 98 se ha ido naturalmente esfumando. Sus seguidores se han ido desviando o desdibujando en los avatares de la vida. Y como dijo el poeta vasco y catedrático de Salamanca: “Y así la bola de la historia rueda... / ¡generación de las generaciones! / ¡viva, pues, la definitiva!... y todo / ¡generación!”
Francisco Arias Solise-mail: aarias@arrakis.esURL: http://www.arrakis.es/~aarias
WIKIPEDIA: http://es.wikipedia.org/wiki/Francisco_Arias_Sol%C3%ADs
Tolerancia cero contra la corrupción.
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Gracias.
“Han pasado cien años, y los nietos,
rota la placa y rota la memoria, con otro nombre lañan la rotura:
¡Revolución!”
Miguel de Unamuno.
LA REVOLUCION ESPIRITUAL DE LA GENERACION.
En la última década y en sitios muy diferentes he leído artículos sobre la Generación del 98. Al parecer todos los articulistas o una gran mayoría de ellos con una cierta desgana tratan de deshacer algunos errores de hecho referentes a lo que se ha llamado, por llamarlo de alguna manera, la Generación del 98. Están, en efecto, por restablecer la verdad histórica de esta Generación; pero ello tendría menos importancia si se hubiera establecido, reconocido ya, lo que dicha Generación fue. Pues nada menos que todo un movimiento espiritual. Hoy puede considerarse como el último movimiento espiritual habido en España. Un artículo de Azorín, un cuento de Valle-Inclán, una novela de Baroja, una comedia de Benavente, un comentario de Unamuno y hasta una indignación de Maeztu eran algo espiritualmente distinto a todo lo que entonces constituía la vida espiritual de los españoles. Han venido luego otros movimientos literarios, pero el milagro espiritual no ha vuelto a repetirse. Como que el movimiento del 98 no era literario; Benavente, Baroja y Valle-Inclán no han tenido nunca la misma literatura. El movimiento del 98 fue un brote espiritual español al contacto eléctrico de la nueva Europa, fue una intuición de Europa, una revolución espiritual.
Sus consecuencias literarias han sido visibles en todos los países de lengua española. Sus consecuencias políticas las estamos viendo en España todavía. La Generación del 98 ha removido más la modorra española que la Institución Libre de Enseñanza y, desde luego, más que todos los políticos porque ninguno de estos ha removido nada, excepto Pablo Iglesias. Aquellas ideas pedagógicas de la Institución, las nuevas normas políticas del socialismo, han hecho mucho por cambiar España; el espíritu puro e imponderable de la Generación del 98, que fue una generación espontánea, callejera, ha hecho sin duda mucho más y más profundo; no removió usos y modos del espíritu, sino del espíritu español mismo. Por desgracia, a la revolución espiritual de la generación del 98 le falló la política, se quedó en el aire. En cambio, la dificultad mayor con que ha tropezado la transformación que, a pesar de todo, se ha hecho en España, durante los últimos años, es la falta de ambiente, es decir, de espíritu; y el único peligro de la situación actual se puede hallar en esta falta de espíritu, en que España vuelve a caer, como cayó bajo el político conservador Cánovas, en una nueva restauración de todas las pobrezas espirituales de la vida más pobre de espíritu.
No hay ahora espíritu para una revolución española, porque no hay en España ninguna revolución en los espíritus. No la ha habido desde la que brotó con la Generación del 98. El espíritu del 98 se ha ido naturalmente esfumando. Sus seguidores se han ido desviando o desdibujando en los avatares de la vida. Y como dijo el poeta vasco y catedrático de Salamanca: “Y así la bola de la historia rueda... / ¡generación de las generaciones! / ¡viva, pues, la definitiva!... y todo / ¡generación!”
Francisco Arias Solise-mail: aarias@arrakis.esURL: http://www.arrakis.es/~aarias
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Tolerancia cero contra la corrupción.
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miércoles, 16 de abril de 2008
PABLO PIFERRER POR FRANCISCO ARIAS SOLIS
PABLO PIFERRER
(1818-1848)
“Ya vuelve la primavera:
Suene la gaita, - ruede la danza.
Tiende sobre la pradera
el verde manto - de su esperanza.”
Pablo Piferrer.
LA VOZ MAS PROMETEDORA DEL ROMANTICISMO
Es lógico que los románticos sintieran, al menos en el origen de su movimiento, la opresión social en el plano ético y político. Su rebeldía no fue banal ni estaba injustificada. Esta combatividad, mantenida por lo menos hasta alcanzar las posiciones que la libertad individual reclamaba, es resultante de una convicción honda en los impulsos espirituales, en la energía interna. El romántico es quien no contiene, sino quien desborda, a beneficio de su propio rescate, la emotividad. Que, desde luego, puede ser de distintas direcciones y signos. Pero que tiene también de común con los otros románticos el servir de terapéutica privada y de móvil artístico que posibilita la catarsis pública.
La fuerza, mucho más que la pasividad melancólica, es el verdadero mundo connatural a su rebeldía. Si bien el fracaso o la misma crueldad de la lucha dan lugar a frecuentes lamentaciones que suelen ser, más que simples ayes de dolor, espacios de descanso donde se retoman los ánimos de combate.
Pablo Piferrer y Fabregas nace en Barcelona el 11 de diciembre de 1818. Su padre trabajó en la industria de la confección y fue maestro de la seda, oficio que también ejercía, durante su adolescencia, el poeta Piferrer.
Tuvo Pablo Piferrer una vida dura, pues quedó huérfano de padre en su infancia y hubo de compaginar estudios y trabajo para sustentar a su madre. En 1831 aparece ya como alumno de la Real Junta de Comercio de Cataluña. Ingresó después en la carrera de Leyes. Fue Piferrer magnífico estudiante, logrando en todos sus cursos la calificación de sobresaliente, pese a las dificultades económica que acosaban a su familia.
Sus preocupaciones sociales, unidas a la grave situación política del país, conforman su primera actitud como la de un devoto de la tendencia revolucionaria. En 1836, recién cumplidos los dieciocho años, Piferrer se alista, como voluntario para luchar contra los carlistas
La campaña militar, pese a los éxitos de Espartero no despierta su entusiasmo. Y menos cuando las luchas intestinas entre los moderados y los progresistas obligan a cambios constantes en el Gabinete de Gobierno (Mendizábal, Istúriz, Calatrava, etc.) que afectan a la guerra. En 1837 publica sus primeros trabajos en El Vapor -El castillo de Monsoliu- y en la Biblioteca Romántica-Moderna -el Cuento Fantástico-. Es también el año en que compone su poema “A una hermosa”.
A su regreso Piferrer colabora en El Guardia Nacional como crítico de conciertos y representaciones teatrales. Fue magnífico crítico musical y literario y el efecto de sus artículos, junto a su inquietud creadora, motivaron que se le confiara la redacción del primer volumen de Recuerdos y bellezas de España. En 1840 entra de bibliotecario en la Biblioteca de San Juan. Su posición política es ahora mucho más conservadora. Publica su Episodio de la Historia de los Judíos en la antigua Corona de Aragón, trabajo histórico centrado en el siglo XIV.
En 1842, Piferrer acusa los síntomas de la tuberculosis que le llevaría al sepulcro. Se repone y marcha a la montaña, conciliando sus necesidades de salud y trabajo, pero ha de interrumpir el segundo tomo de Recuerdos y bellezas de España, por las alteraciones políticas y su necesidad de estar en el periódico. Escribe ya en El Diario de Barcelona. Colaboró también durante su breve duración en el periódico La Corona.
En 1844, Piferrer es elegido miembro de la Real Academia de Buenas Letras. Publica en La Verdad -el poema a Las Navas de Tolosa- y en La Fe -el poema Canción de la primavera-; sale también el segundo tomo de Recuerdos dedicado a Cataluña.
La salud de Piferrer va empeorando. Oposita, con éxito, a la Cátedra de Retórica de la Universidad de Barcelona. Obtiene el nombramiento en 1848, pero el esfuerzo ha quebrantado mucho su salud. Tiene la obsesión de dedicarse a su “mundo poético”, pero apenas formulado este deseo su enfermedad se agrava y muere el 25 de julio de 1848, a los treinta años de edad.
Piferrer, poeta de obra muy escasa, ha sido considerado como uno de los poetas más prometedores del Romanticismo. Menéndez Pelayo lo estimó en mucho y antologó su “Canción de la primavera” entre las cien mejores poesías de la lengua castellana. “La inocencia de la vida / (Calle la gaita, - pare la danza) / No torna una vez perdida. / Perdí la mía - ¡Ay de mi esperanza!”
Francisco Arias Solise-mail: aarias@arrakis.esURL: http://www.arrakis.es/~aarias
WIKIPEDIA: http://es.wikipedia.org/wiki/Francisco_Arias_Sol%C3%ADs
Será vano el intento de humanizar las guerras. Lo humano es evitarlas.
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Gracias
(1818-1848)
“Ya vuelve la primavera:
Suene la gaita, - ruede la danza.
Tiende sobre la pradera
el verde manto - de su esperanza.”
Pablo Piferrer.
LA VOZ MAS PROMETEDORA DEL ROMANTICISMO
Es lógico que los románticos sintieran, al menos en el origen de su movimiento, la opresión social en el plano ético y político. Su rebeldía no fue banal ni estaba injustificada. Esta combatividad, mantenida por lo menos hasta alcanzar las posiciones que la libertad individual reclamaba, es resultante de una convicción honda en los impulsos espirituales, en la energía interna. El romántico es quien no contiene, sino quien desborda, a beneficio de su propio rescate, la emotividad. Que, desde luego, puede ser de distintas direcciones y signos. Pero que tiene también de común con los otros románticos el servir de terapéutica privada y de móvil artístico que posibilita la catarsis pública.
La fuerza, mucho más que la pasividad melancólica, es el verdadero mundo connatural a su rebeldía. Si bien el fracaso o la misma crueldad de la lucha dan lugar a frecuentes lamentaciones que suelen ser, más que simples ayes de dolor, espacios de descanso donde se retoman los ánimos de combate.
Pablo Piferrer y Fabregas nace en Barcelona el 11 de diciembre de 1818. Su padre trabajó en la industria de la confección y fue maestro de la seda, oficio que también ejercía, durante su adolescencia, el poeta Piferrer.
Tuvo Pablo Piferrer una vida dura, pues quedó huérfano de padre en su infancia y hubo de compaginar estudios y trabajo para sustentar a su madre. En 1831 aparece ya como alumno de la Real Junta de Comercio de Cataluña. Ingresó después en la carrera de Leyes. Fue Piferrer magnífico estudiante, logrando en todos sus cursos la calificación de sobresaliente, pese a las dificultades económica que acosaban a su familia.
Sus preocupaciones sociales, unidas a la grave situación política del país, conforman su primera actitud como la de un devoto de la tendencia revolucionaria. En 1836, recién cumplidos los dieciocho años, Piferrer se alista, como voluntario para luchar contra los carlistas
La campaña militar, pese a los éxitos de Espartero no despierta su entusiasmo. Y menos cuando las luchas intestinas entre los moderados y los progresistas obligan a cambios constantes en el Gabinete de Gobierno (Mendizábal, Istúriz, Calatrava, etc.) que afectan a la guerra. En 1837 publica sus primeros trabajos en El Vapor -El castillo de Monsoliu- y en la Biblioteca Romántica-Moderna -el Cuento Fantástico-. Es también el año en que compone su poema “A una hermosa”.
A su regreso Piferrer colabora en El Guardia Nacional como crítico de conciertos y representaciones teatrales. Fue magnífico crítico musical y literario y el efecto de sus artículos, junto a su inquietud creadora, motivaron que se le confiara la redacción del primer volumen de Recuerdos y bellezas de España. En 1840 entra de bibliotecario en la Biblioteca de San Juan. Su posición política es ahora mucho más conservadora. Publica su Episodio de la Historia de los Judíos en la antigua Corona de Aragón, trabajo histórico centrado en el siglo XIV.
En 1842, Piferrer acusa los síntomas de la tuberculosis que le llevaría al sepulcro. Se repone y marcha a la montaña, conciliando sus necesidades de salud y trabajo, pero ha de interrumpir el segundo tomo de Recuerdos y bellezas de España, por las alteraciones políticas y su necesidad de estar en el periódico. Escribe ya en El Diario de Barcelona. Colaboró también durante su breve duración en el periódico La Corona.
En 1844, Piferrer es elegido miembro de la Real Academia de Buenas Letras. Publica en La Verdad -el poema a Las Navas de Tolosa- y en La Fe -el poema Canción de la primavera-; sale también el segundo tomo de Recuerdos dedicado a Cataluña.
La salud de Piferrer va empeorando. Oposita, con éxito, a la Cátedra de Retórica de la Universidad de Barcelona. Obtiene el nombramiento en 1848, pero el esfuerzo ha quebrantado mucho su salud. Tiene la obsesión de dedicarse a su “mundo poético”, pero apenas formulado este deseo su enfermedad se agrava y muere el 25 de julio de 1848, a los treinta años de edad.
Piferrer, poeta de obra muy escasa, ha sido considerado como uno de los poetas más prometedores del Romanticismo. Menéndez Pelayo lo estimó en mucho y antologó su “Canción de la primavera” entre las cien mejores poesías de la lengua castellana. “La inocencia de la vida / (Calle la gaita, - pare la danza) / No torna una vez perdida. / Perdí la mía - ¡Ay de mi esperanza!”
Francisco Arias Solise-mail: aarias@arrakis.esURL: http://www.arrakis.es/~aarias
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Será vano el intento de humanizar las guerras. Lo humano es evitarlas.
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martes, 15 de abril de 2008
DIONISIO RIDRUEJO POR FRANCISCO ARIAS SOLIS
DIONISIO RIDRUEJO
(1912-1975)
“La libertad –me corrijo-
la libertad lo primero.
Se la comerán los lobos
si la dejas para luego.”
Dionisio Ridruejo.
LA VOZ DE LA PALABRA ENCENDIDA
“Porque tú sólo tenías corazón –escribía Giménez Caballero sobre Ridruejo-, el que te iluminaba los ojos y te encendía la Palabra. Y te impedía encarnecer al enemigo y sí: abrazarle”.
Dionisio Ridruejo nace en Burgo de Osma el 12 de octubre de 1912. Estudió en los maristas en Segovia, luego en los jesuitas en Valladolid, más tarde con los de Chamartín. Su primera vocación literaria. De 1935 a 1950 –año que obtiene el Premio Nacional de Literatura- publica una decena de libros que reúne en la antología En once años; otros nuevos se incorporan a su nueva antología Hasta la fecha.
En cuanto a su trayectoria política, el mismo no recata ninguna fase, por lo mismo que su fuerza moral y su actitud ejemplar están basadas en una severa rectificación. Afiliado desde 1933 a Falange Española ocupa altos cargos políticos. En 1940 funda con Pedro Laín Entralgo la revista Escorial. En 1941 se alista voluntariamente en la “División Azul” para combatir en Rusia como soldado raso. En el año 1942 Dionisio Ridruejo rompe con el partido oficial y dimite de todos sus cargos políticos. Es desterrado a la ciudad de Ronda y Cugat de Vallés (1947). Desde 1951 fija su residencia en Madrid, y a través de numerosas conferencias, tiende cada día más a lograr la transformación del régimen imperante en España y de sus estructuras sociales en un sentido liberal, así como a la pacificación e integración de vencedores y vencidos. “En 1952, con ocasión del primer Congreso de Poesía en Segovia –nos contaba José Luis Cano-, le oí hablar por primera vez en público, y aún recuerdo la honda emoción que sentí al escucharle. Fue su discurso un canto emocionado a la libertad y a la fraternidad de los poetas de todas las Españas. Por primera vez se hablaba, en la dura España de la posguerra, de la libertad, y no para vituperarla sino para reivindicarla y ensalzarla”.
En 1957 denuncia la situación política en un “informe confidencial” entregado a Franco. Acusado de haber fundado un grupo político “Acción Democrática” se le encarcela nuevamente y se le somete a dos procesos. Y desde entonces su voz no dejó de alzarse con tanta serenidad como valentía en todas las coyunturas, diciendo sus verdades al mundo y a su país. Ejerció la docencia en EE.UU. a principios de los años sesenta, y en 1962 acudió al encuentro de Munich entre dirigentes de la oposición del interior y del exilio. 1962 es también la fecha de su obra ensayística Escrito en España, censurada en nuestro país. Hubo de exiliarse a París desde ese años hasta 1964. En 1974 fundó la Unión Social Demócrata Española.
Escrito en España de prosa sencilla y escueta es, además del libro que revela su auténtica personalidad, el que da toda la medida de su valor, de su dignidad moral. Decir lo que se siente de verdad es lo valeroso y valiente. Callarlo es miedo, cobardía. Pedro Laín Entralgo decía de Ridruejo: “Dionisio es un ser liberal y lo será mientras haya en el mundo hombres que libertar”.
Como poeta, pertenece a la generación del 36 y se caracteriza por el clasicismo, la austeridad de la forma y el contento meditativo. Dionisio es un poeta convencido de siempre que poesia y política no son fáciles de separar, y quiso hacer clara manifestación de lo que es dignidad y sufrimiento... y lo demás.
Las equivocaciones que se pagan al precio de Dionisio Ridruejo podrían tener una síntesis expresiva en una copla de esta vieja tierra del Sur que el escuchó en su destierro en Ronda: “El que nunca se equivoca / tampoco puede acertar. / Para estar seguro y cierto / te tienes que equivocar”.
Entre su obra poética destacan Plural, Primer libro de amor, Poesía en armas, Sonetos a la piedra, En la soledad del tiempo, Elegías, En once años, Hasta la fecha, Cuaderno catalán, 122 poemas y Casi en prosa; y entre su prosa: En algunas ocasiones, Escrito en España, Guía de Castilla la Vieja y Diario de una tregua. También escribió un drama en tres actos Don Juan, y un texto autobiográfico publicado póstumamente Casi unas memorias.
El día 29 de junio de 1975, Dionisio Ridruejo murió en Madrid de un mal muy español, de acabamiento, de cansancio de corazón (como Unamuno, como Don Quijote), era un espíritu valiente, como Quevedo; era hombre de esa espíritu de verdad: moral, poético tal vez sobre todo, y, ¡naturalmente! político. Escribía en España, vivía, peleaba en ella, en una España donde “escribir es llorar”, como es sabidísimo que dijo Larra, que acaso se suicidó por eso, porque se quedaba sin lágrimas. Murió Dionisio Ridruejo de cansancio de corazón, porque peleó de corazón toda su vida, hasta que el corazón se le rompiera. Y se le rompió. Porque era hombre de verdad, poeta valeroso. Y es que, como dijo nuestro poeta: “La verdad de la verdad / y la verdad verdadera / y la verdad como un templo / son verdades como fieras”.
Francisco Arias Solise-mail: aarias@arrakis.esURL: http://www.arrakis.es/~aarias
WIKIPEDIA: http://es.wikipedia.org/wiki/Francisco_Arias_Sol%C3%ADs
Por esa libertad bella como la vida. Aviso: Se ruega a los internautas que pongan en sus páginas el logotipo o banner de Internautas por la Paz y la Libertad que figura en la URL:http://www.arrakis.es/~aarias/internau.htm
Gracias.
(1912-1975)
“La libertad –me corrijo-
la libertad lo primero.
Se la comerán los lobos
si la dejas para luego.”
Dionisio Ridruejo.
LA VOZ DE LA PALABRA ENCENDIDA
“Porque tú sólo tenías corazón –escribía Giménez Caballero sobre Ridruejo-, el que te iluminaba los ojos y te encendía la Palabra. Y te impedía encarnecer al enemigo y sí: abrazarle”.
Dionisio Ridruejo nace en Burgo de Osma el 12 de octubre de 1912. Estudió en los maristas en Segovia, luego en los jesuitas en Valladolid, más tarde con los de Chamartín. Su primera vocación literaria. De 1935 a 1950 –año que obtiene el Premio Nacional de Literatura- publica una decena de libros que reúne en la antología En once años; otros nuevos se incorporan a su nueva antología Hasta la fecha.
En cuanto a su trayectoria política, el mismo no recata ninguna fase, por lo mismo que su fuerza moral y su actitud ejemplar están basadas en una severa rectificación. Afiliado desde 1933 a Falange Española ocupa altos cargos políticos. En 1940 funda con Pedro Laín Entralgo la revista Escorial. En 1941 se alista voluntariamente en la “División Azul” para combatir en Rusia como soldado raso. En el año 1942 Dionisio Ridruejo rompe con el partido oficial y dimite de todos sus cargos políticos. Es desterrado a la ciudad de Ronda y Cugat de Vallés (1947). Desde 1951 fija su residencia en Madrid, y a través de numerosas conferencias, tiende cada día más a lograr la transformación del régimen imperante en España y de sus estructuras sociales en un sentido liberal, así como a la pacificación e integración de vencedores y vencidos. “En 1952, con ocasión del primer Congreso de Poesía en Segovia –nos contaba José Luis Cano-, le oí hablar por primera vez en público, y aún recuerdo la honda emoción que sentí al escucharle. Fue su discurso un canto emocionado a la libertad y a la fraternidad de los poetas de todas las Españas. Por primera vez se hablaba, en la dura España de la posguerra, de la libertad, y no para vituperarla sino para reivindicarla y ensalzarla”.
En 1957 denuncia la situación política en un “informe confidencial” entregado a Franco. Acusado de haber fundado un grupo político “Acción Democrática” se le encarcela nuevamente y se le somete a dos procesos. Y desde entonces su voz no dejó de alzarse con tanta serenidad como valentía en todas las coyunturas, diciendo sus verdades al mundo y a su país. Ejerció la docencia en EE.UU. a principios de los años sesenta, y en 1962 acudió al encuentro de Munich entre dirigentes de la oposición del interior y del exilio. 1962 es también la fecha de su obra ensayística Escrito en España, censurada en nuestro país. Hubo de exiliarse a París desde ese años hasta 1964. En 1974 fundó la Unión Social Demócrata Española.
Escrito en España de prosa sencilla y escueta es, además del libro que revela su auténtica personalidad, el que da toda la medida de su valor, de su dignidad moral. Decir lo que se siente de verdad es lo valeroso y valiente. Callarlo es miedo, cobardía. Pedro Laín Entralgo decía de Ridruejo: “Dionisio es un ser liberal y lo será mientras haya en el mundo hombres que libertar”.
Como poeta, pertenece a la generación del 36 y se caracteriza por el clasicismo, la austeridad de la forma y el contento meditativo. Dionisio es un poeta convencido de siempre que poesia y política no son fáciles de separar, y quiso hacer clara manifestación de lo que es dignidad y sufrimiento... y lo demás.
Las equivocaciones que se pagan al precio de Dionisio Ridruejo podrían tener una síntesis expresiva en una copla de esta vieja tierra del Sur que el escuchó en su destierro en Ronda: “El que nunca se equivoca / tampoco puede acertar. / Para estar seguro y cierto / te tienes que equivocar”.
Entre su obra poética destacan Plural, Primer libro de amor, Poesía en armas, Sonetos a la piedra, En la soledad del tiempo, Elegías, En once años, Hasta la fecha, Cuaderno catalán, 122 poemas y Casi en prosa; y entre su prosa: En algunas ocasiones, Escrito en España, Guía de Castilla la Vieja y Diario de una tregua. También escribió un drama en tres actos Don Juan, y un texto autobiográfico publicado póstumamente Casi unas memorias.
El día 29 de junio de 1975, Dionisio Ridruejo murió en Madrid de un mal muy español, de acabamiento, de cansancio de corazón (como Unamuno, como Don Quijote), era un espíritu valiente, como Quevedo; era hombre de esa espíritu de verdad: moral, poético tal vez sobre todo, y, ¡naturalmente! político. Escribía en España, vivía, peleaba en ella, en una España donde “escribir es llorar”, como es sabidísimo que dijo Larra, que acaso se suicidó por eso, porque se quedaba sin lágrimas. Murió Dionisio Ridruejo de cansancio de corazón, porque peleó de corazón toda su vida, hasta que el corazón se le rompiera. Y se le rompió. Porque era hombre de verdad, poeta valeroso. Y es que, como dijo nuestro poeta: “La verdad de la verdad / y la verdad verdadera / y la verdad como un templo / son verdades como fieras”.
Francisco Arias Solise-mail: aarias@arrakis.esURL: http://www.arrakis.es/~aarias
WIKIPEDIA: http://es.wikipedia.org/wiki/Francisco_Arias_Sol%C3%ADs
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Gracias.
lunes, 14 de abril de 2008
LA BRUYERE POR FRANCISCO ARIAS SOLIS
JEAN DE LA BRUYERE
(1645-1696)
“Una cualidad de la justicia es hacerla pronto
y sin dilaciones; hacerla esperar es injusticia.”
La Bruyère.
LA VOZ DE UN INMORTAL DE VERDAD
En el siglo de Luis XIV hay en Francia dos moralistas, que cuando menos de nombre conocen todos: La Rochefoucauld y La Bruyère, este último debe su fama a ser el autor de Les Caracteres, obra en la que se plasmó la sociedad de su tiempo. La Bruyère puso todo su talento en este libro único. No es un pensador original ni profundo pero sabe criticar los abusos con ironía y a veces con discreta aspereza. Es, sobre todo, un gran observador de fisonomías, de actitudes, de pensamientos; estudia exclusivamente al hombre social, en la corte y en la ciudad, pero lo estudia en sus menores detalles. Es, asimismo, un acabado artista.
Jean de La Bruyère nació en París el 16 de agosto de 1645 y falleció en Versalles el 10 de mayo de 1696. Se licenció en Derecho en la Universidad de Orleans, a los veinte años de edad, teniendo que regresar a París debido a la difícil situación económica por la que atravesaba su familia. En 1684 fue nombrado preceptor de Luis de Borbón, nieto del Gran Condé. En 1686, a la muerte de Condé se dio por finalizada la educación del duque de Borbón. En 1693 fue nombrado miembro de la Academia Francesa. La Bruyère fue partidario de los anciens o tradicionalistas que se oponían a las posturas defendidas por los modernes.
Su experiencia dentro de la corte le permitieron acopiar una valiosa documentación sobre las costumbres sociales de su época que luego se convertirían en el eje fundamental de sus escritos literarios, y, en especial, de su exitosa obra Los caracteres, que en un principio llamó Los caracteres de Teofrasto, traducidos del griego con los caracteres o las costumbres de este siglo (1688). Como bien indica su título, el libro incluye la traducción al francés de un texto de Teofrasto, al que La Bruyère añadió un original apéndice o comentario formado por numerosas máximas y retratos satíricos de personajes –reales e imaginarios- que reflejaron con viveza el entorno social, político y moral de su tiempo. La traducción carece hoy de valor; el comentario causó escándalo, creándole al autor, primero, muchos admiradores y muchos enemigos llevándole, después, no sin reñida lucha, a ocupar un sillón en la Academia Francesa, y, al fin, haciendo de él un inmortal de verdad, un clásico. Sus Diálogos sobre el quietismo fueron publicados póstumamente en 1699.
En cada una de las ocho reediciones de Los caracteres que se sucedieron rápidamente hasta 1696, de La Bruyère añadía nuevos fragmentos que acabaron por triplicar el texto primitivo. De los dieciséis capítulos, el primero (De las obras del espíritu) contiene sus ideas literarias; otros son sentimentales (Del corazón) o políticos (Del soberano o de la República), morales (Del hombre) o filosóficos (De los incrédulos). En cada uno de ellos, los retratos se mezclan a las reflexiones y a las máximas, en un desorden que constituye uno de los encantos de Los caracteres. Hay quien halla en este libro algo como una especie de compendio de todas las riquezas, habilidades y refinamientos artísticos del idioma, incluyendo en ellos los que ocultan, bajo risueña apariencia, la más mala intención u hondas y severas lecciones que la humanidad necesita siempre. Por aquella su intención satírica y cruel, tuvo que defenderse el autor contra el público, empeñado en poseer la clave de quiénes eran los personajes conocidos a quienes aludía en los cuadros por él pintados. “Preciso es que estos –decía La Bruyére-, reflejen muy bien al hombre en general, cuando de tantos particulares se halla en ellos el parecido. Yo no he hecho más que tomar rasgos característicos de diferentes modelos y combinarlos en un conjunto verosímil”. Y es que, como dijo el moralista francés: “Cuanto más se acerca uno a los grandes hombres, más cuenta se da de que son hombres”.
Francisco Arias Solise-mail: aarias@arrakis.esURL: http://www.arrakis.es/~aarias
WIKIPEDIA: http://es.wikipedia.org/wiki/Francisco_Arias_Sol%C3%ADs
No se puede ser libre más que entre libres. Aviso: Se ruega a los internautas que pongan en sus páginas el logotipo o banner de Internautas por la Paz y la Libertad que figura en la URL:http://www.arrakis.es/~aarias/internau.htm
Gracias.
(1645-1696)
“Una cualidad de la justicia es hacerla pronto
y sin dilaciones; hacerla esperar es injusticia.”
La Bruyère.
LA VOZ DE UN INMORTAL DE VERDAD
En el siglo de Luis XIV hay en Francia dos moralistas, que cuando menos de nombre conocen todos: La Rochefoucauld y La Bruyère, este último debe su fama a ser el autor de Les Caracteres, obra en la que se plasmó la sociedad de su tiempo. La Bruyère puso todo su talento en este libro único. No es un pensador original ni profundo pero sabe criticar los abusos con ironía y a veces con discreta aspereza. Es, sobre todo, un gran observador de fisonomías, de actitudes, de pensamientos; estudia exclusivamente al hombre social, en la corte y en la ciudad, pero lo estudia en sus menores detalles. Es, asimismo, un acabado artista.
Jean de La Bruyère nació en París el 16 de agosto de 1645 y falleció en Versalles el 10 de mayo de 1696. Se licenció en Derecho en la Universidad de Orleans, a los veinte años de edad, teniendo que regresar a París debido a la difícil situación económica por la que atravesaba su familia. En 1684 fue nombrado preceptor de Luis de Borbón, nieto del Gran Condé. En 1686, a la muerte de Condé se dio por finalizada la educación del duque de Borbón. En 1693 fue nombrado miembro de la Academia Francesa. La Bruyère fue partidario de los anciens o tradicionalistas que se oponían a las posturas defendidas por los modernes.
Su experiencia dentro de la corte le permitieron acopiar una valiosa documentación sobre las costumbres sociales de su época que luego se convertirían en el eje fundamental de sus escritos literarios, y, en especial, de su exitosa obra Los caracteres, que en un principio llamó Los caracteres de Teofrasto, traducidos del griego con los caracteres o las costumbres de este siglo (1688). Como bien indica su título, el libro incluye la traducción al francés de un texto de Teofrasto, al que La Bruyère añadió un original apéndice o comentario formado por numerosas máximas y retratos satíricos de personajes –reales e imaginarios- que reflejaron con viveza el entorno social, político y moral de su tiempo. La traducción carece hoy de valor; el comentario causó escándalo, creándole al autor, primero, muchos admiradores y muchos enemigos llevándole, después, no sin reñida lucha, a ocupar un sillón en la Academia Francesa, y, al fin, haciendo de él un inmortal de verdad, un clásico. Sus Diálogos sobre el quietismo fueron publicados póstumamente en 1699.
En cada una de las ocho reediciones de Los caracteres que se sucedieron rápidamente hasta 1696, de La Bruyère añadía nuevos fragmentos que acabaron por triplicar el texto primitivo. De los dieciséis capítulos, el primero (De las obras del espíritu) contiene sus ideas literarias; otros son sentimentales (Del corazón) o políticos (Del soberano o de la República), morales (Del hombre) o filosóficos (De los incrédulos). En cada uno de ellos, los retratos se mezclan a las reflexiones y a las máximas, en un desorden que constituye uno de los encantos de Los caracteres. Hay quien halla en este libro algo como una especie de compendio de todas las riquezas, habilidades y refinamientos artísticos del idioma, incluyendo en ellos los que ocultan, bajo risueña apariencia, la más mala intención u hondas y severas lecciones que la humanidad necesita siempre. Por aquella su intención satírica y cruel, tuvo que defenderse el autor contra el público, empeñado en poseer la clave de quiénes eran los personajes conocidos a quienes aludía en los cuadros por él pintados. “Preciso es que estos –decía La Bruyére-, reflejen muy bien al hombre en general, cuando de tantos particulares se halla en ellos el parecido. Yo no he hecho más que tomar rasgos característicos de diferentes modelos y combinarlos en un conjunto verosímil”. Y es que, como dijo el moralista francés: “Cuanto más se acerca uno a los grandes hombres, más cuenta se da de que son hombres”.
Francisco Arias Solise-mail: aarias@arrakis.esURL: http://www.arrakis.es/~aarias
WIKIPEDIA: http://es.wikipedia.org/wiki/Francisco_Arias_Sol%C3%ADs
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sábado, 12 de abril de 2008
PAUL LAFARGUE POR FRANCISCO ARIAS SOLIS
PAUL LAFARGUE
(1842-1911)
“Nuestra época es, dicen, el siglo del trabajo,
es en efecto el siglo del dolor, de la miseria y de la corrupción.”
Paul Lafargue.
LA VOZ DEL FILOSOFO REVOLUCIONARIO
Lafargue, pensador, escritor, periodista, médico, político y revolucionario francés, fue el responsable de que en España se publicara por vez primera el Manifiesto comunista de Marx. El “abuelo del anarquismo español” Anselmo Lorenzo que le tenía por maestro y amigo, escribió sobre el escritor francés: “Diría que mi personalidad se fijó allí y entonces, siendo lo que soy, valgo lo que valga, formado por aquel filósofo revolucionario”. Y añadía: “Porque en Lafargue había dos aspectos diferentes que le hacían aparecer en constante contradicción: afiliado al socialismo, era anarquista comunista por íntima convicción”.
Paul Lafargue nació en Santiago de Cuba el 15 de enero de 1842. Hijo de una familia franco caribeña propietaria de plantaciones de café en Cuba. Inició sus estudios en su ciudad natal, pero al trasladarse su familia a Burdeos, en 1851, estudió en el Liceo de Touluse y años más tarde marchó a París a cursar estudios de medicina. Influenciado por las ideas de Proudhon, Blanqui y Bakunin se convirtió en un activista revolucionario. Ingresa, como anarquista en la sección francesa de la Asociación Internacional de Trabajadores (AIT, más conocida como la Primera Internacional) En 1865 tomó parte en Lieja en el I Congreso Internacional de Estudiantes lo que le valió la expulsión de Francia por parte del régimen de Napoleón III. Lafargue marcha a Londres para proseguir sus estudios. En Londres entabló una gran amistad con Karl Marx, y el 2 de abril de 1868 contrajo matrimonio con Laura, una de las hijas de este. En Inglaterra, fue elegido miembro del Consejo General de la Primera Internacional y nombrado secretario corresponsal para todo lo concerniente a España. De vuelta a Francia, tomó parte activa en la Comuna de París, y tras la caída de esta (1871) fue expulsado nuevamente –esta vez por Thiers-, refugiándose en Portugal y España. Lafargue permaneció en España durante varios años del Sexenio Revolucionario (1868-1874), siendo una personalidad clave en la introducción de las ideas marxistas en nuestro país, interviniendo destacadamente en los conflictos que enfrentaban en el seno de la Federación Regional Española de la AIT a las corrientes marxistas y bakunistas. Entre 1873 y 1874, Lafargue vivió en Londres, donde abrió un taller de litografía. Indultado en 1880, se estableció definitivamente en Francia donde colaboró con L’Egalité Socialiste y L’Humanité, y participó en la organización del Partido Obrero Francés, y dirigió el Congreso de la II Internacional Socialista, celebrado en París del 14 al 19 de julio de 1889, que resolvió que el 1º de Mayo sería, en adelante, una jornada internacional por las 8 horas de trabajo, desde entonces, esta fecha es un día de lucha y de unidad internacional de los trabajadores. En 1891, estando en prisión, Lafargue fue elegido diputado por el Partido Obrero. En Draveil, el 26 de noviembre de 1911, a la edad de 69 años, tal como había anunciado previamente, se suicidó junto con su esposa. En su carta de despedida nos decía: “Desde hace años me he prometido no sobrepasar los setenta años; he fijado la época del año para mi marcha de esta vida, preparado el modo de ejecutar mi decisión: una inyección hipodérmica de ácido cianhídrico. Muero en la suprema alegría de tener la certeza de que muy pronto triunfará la causa a la que me he entregado desde hace cuarenta y cinco años”.
El derecho a la pereza (1883), su libro más célebre, es uno de los textos más difundidos de la literatura socialista mundial, en el que Lafargue escribe: “Trabajen, trabajen, proletarios, para aumentar la riqueza social y sus miserias individuales; trabajen, trabajen, para que, volviéndose más pobres, tengan más razones para trabajar y ser miserables. Tal es la ley inexorable de la producción capitalista”.
Lafargue escribió además de numerosos folletos y artículos, varias obras de importancia entre las cuales destacamos: El método histórico, Curso de economía social (1884), El comunismo y la evolución económica (1892), El socialismo y la conquista de los poderes públicos (1905), El determinismo económico en Karl Marx (1909), El origen de las ideas abstractas (1909). En 1959 se publicó la interesante correspondencia que mantuvo el matrimonio Lafargue con Friedrich Engels. Y como dijo el filósofo revolucionario: “Los filósofos de la antigüedad enseñaban el desprecio al trabajo, esa degradación del hombre libre; los poetas cantaban a la pereza, ese regalo de los dioses”.
Francisco Arias Solise-mail: aarias@arrakis.esURL: http://www.arrakis.es/~aarias
WIKIPEDIA: http://es.wikipedia.org/wiki/Francisco_Arias_Sol%C3%ADs
Si quieres la paz, trabaja por la justicia. Aviso: Se ruega a los internautas que pongan en sus páginas el logotipo o banner de Internautas por la Paz y la Libertad que figura en la URL:http://www.arrakis.es/~aarias/internau.htm
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(1842-1911)
“Nuestra época es, dicen, el siglo del trabajo,
es en efecto el siglo del dolor, de la miseria y de la corrupción.”
Paul Lafargue.
LA VOZ DEL FILOSOFO REVOLUCIONARIO
Lafargue, pensador, escritor, periodista, médico, político y revolucionario francés, fue el responsable de que en España se publicara por vez primera el Manifiesto comunista de Marx. El “abuelo del anarquismo español” Anselmo Lorenzo que le tenía por maestro y amigo, escribió sobre el escritor francés: “Diría que mi personalidad se fijó allí y entonces, siendo lo que soy, valgo lo que valga, formado por aquel filósofo revolucionario”. Y añadía: “Porque en Lafargue había dos aspectos diferentes que le hacían aparecer en constante contradicción: afiliado al socialismo, era anarquista comunista por íntima convicción”.
Paul Lafargue nació en Santiago de Cuba el 15 de enero de 1842. Hijo de una familia franco caribeña propietaria de plantaciones de café en Cuba. Inició sus estudios en su ciudad natal, pero al trasladarse su familia a Burdeos, en 1851, estudió en el Liceo de Touluse y años más tarde marchó a París a cursar estudios de medicina. Influenciado por las ideas de Proudhon, Blanqui y Bakunin se convirtió en un activista revolucionario. Ingresa, como anarquista en la sección francesa de la Asociación Internacional de Trabajadores (AIT, más conocida como la Primera Internacional) En 1865 tomó parte en Lieja en el I Congreso Internacional de Estudiantes lo que le valió la expulsión de Francia por parte del régimen de Napoleón III. Lafargue marcha a Londres para proseguir sus estudios. En Londres entabló una gran amistad con Karl Marx, y el 2 de abril de 1868 contrajo matrimonio con Laura, una de las hijas de este. En Inglaterra, fue elegido miembro del Consejo General de la Primera Internacional y nombrado secretario corresponsal para todo lo concerniente a España. De vuelta a Francia, tomó parte activa en la Comuna de París, y tras la caída de esta (1871) fue expulsado nuevamente –esta vez por Thiers-, refugiándose en Portugal y España. Lafargue permaneció en España durante varios años del Sexenio Revolucionario (1868-1874), siendo una personalidad clave en la introducción de las ideas marxistas en nuestro país, interviniendo destacadamente en los conflictos que enfrentaban en el seno de la Federación Regional Española de la AIT a las corrientes marxistas y bakunistas. Entre 1873 y 1874, Lafargue vivió en Londres, donde abrió un taller de litografía. Indultado en 1880, se estableció definitivamente en Francia donde colaboró con L’Egalité Socialiste y L’Humanité, y participó en la organización del Partido Obrero Francés, y dirigió el Congreso de la II Internacional Socialista, celebrado en París del 14 al 19 de julio de 1889, que resolvió que el 1º de Mayo sería, en adelante, una jornada internacional por las 8 horas de trabajo, desde entonces, esta fecha es un día de lucha y de unidad internacional de los trabajadores. En 1891, estando en prisión, Lafargue fue elegido diputado por el Partido Obrero. En Draveil, el 26 de noviembre de 1911, a la edad de 69 años, tal como había anunciado previamente, se suicidó junto con su esposa. En su carta de despedida nos decía: “Desde hace años me he prometido no sobrepasar los setenta años; he fijado la época del año para mi marcha de esta vida, preparado el modo de ejecutar mi decisión: una inyección hipodérmica de ácido cianhídrico. Muero en la suprema alegría de tener la certeza de que muy pronto triunfará la causa a la que me he entregado desde hace cuarenta y cinco años”.
El derecho a la pereza (1883), su libro más célebre, es uno de los textos más difundidos de la literatura socialista mundial, en el que Lafargue escribe: “Trabajen, trabajen, proletarios, para aumentar la riqueza social y sus miserias individuales; trabajen, trabajen, para que, volviéndose más pobres, tengan más razones para trabajar y ser miserables. Tal es la ley inexorable de la producción capitalista”.
Lafargue escribió además de numerosos folletos y artículos, varias obras de importancia entre las cuales destacamos: El método histórico, Curso de economía social (1884), El comunismo y la evolución económica (1892), El socialismo y la conquista de los poderes públicos (1905), El determinismo económico en Karl Marx (1909), El origen de las ideas abstractas (1909). En 1959 se publicó la interesante correspondencia que mantuvo el matrimonio Lafargue con Friedrich Engels. Y como dijo el filósofo revolucionario: “Los filósofos de la antigüedad enseñaban el desprecio al trabajo, esa degradación del hombre libre; los poetas cantaban a la pereza, ese regalo de los dioses”.
Francisco Arias Solise-mail: aarias@arrakis.esURL: http://www.arrakis.es/~aarias
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