FORO LIBRE
ASOCIACION CULTURAL, ARTISTICA Y LITERARIA (Fundada en 1992)
Francisco Arias Solís - Presidente ~ Plaza San Severiano, 2 ~ 11007 - CADIZ
e-mail: pazylibertad@arrakis.es
URL: http://www.arrakis.es/~aarias
“Toda la luz de la tierra
la verá el hombre
por la ventana de una lágrima...”
León Felipe.
HOMENAJE DE FORO LIBRE A LEÓN FELIPE
El próximo lunes, día 13, a las 20.30 horas, en la cafetería-restaurante El Cantábrico (Avda. Cayetano del Toro, 21 - Cádiz), la Asociación Cultural, Artística y Literaria FORO LIBRE celebrará un encuentro literario sobre la vida y la obra del poeta español del éxodo y del llanto León Felipe (1884-1968), con motivo del 125º aniversario de su nacimiento.
León Felipe, hombre sencillo, hombre errabundo, llega tarde a la literatura. Siempre tendió hacia la modestia. No es él, dice, el que escribe son otros. Es el Viento. Él; León Felipe, es “el otro”. Es Jonás, el profeta. Es una voz descarnada. Es el payaso de las bofetadas. Es el eco de la estrella y de la piedra. Es el Publicano. Es la voz del éxodo y del llanto.
Este poeta nacido en el corazón de Castilla es uno de los más universales de nuestros poetas españoles contemporáneos. Siempre dispuesto a levantar la espada y la lanza de sus versos, quijotescamente, noblemente, frente a todas las injusticias y todos los entuertos del mundo moderno. Algunos temas- la tiranía, la usura- le arrancaron una indignación sin límites.
León Felipe, es en la poesía el grito indeleble de la justicia. Nadie como él ha sufrido y se ha rebelado tan desesperadamente sobre el dolor de España. Bohemio de verdad, español de verdad, poeta en todo y por todo. León Felipe es una página importantísima de la literatura española.
Este original poeta, gritando su verdad, sin buscar “el verbo raro ni la palabra extraña”, nos dio su palabra y su canción en numerosos títulos: Versos y oraciones de caminante, Drop a star, La insignia, Good bye Panamá, El payaso de las bofetadas o el pescador de caña, El hacha, Español del éxodo y del llanto, Ganarás la luz, España e hispanidad, Llamadme publicano, El ciervo, El viento y yo, ¡Oh, este viejo y roto violín!, Rocinante, etc.
“Era un ángel, un niño, un hombre, uno de los hombres más puros, uno de los poetas más buenos de España”, nos ha dicho Rafael Alberti. Y Jorge Guillén nos dijo: “El poeta León es buen Felipe”.
León Felipe, honra de España, se enfrenta con la injusticia, provoca, apoda a los responsables. Su dolor, se hizo poesía. Y sus lágrimas, canción.
Francisco Arias Solís
No hagamos las paces con la guerra, ni tampoco levantemos guerras con la paz.
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Gracias.
miércoles, 8 de abril de 2009
martes, 7 de abril de 2009
Jorge Guillén por Francisco Arias Solís
JORGE GUILLEN
(1893-1984)
“Que los muertos entierren a sus muertos,
Jamás a la esperanza.”
Jorge Guillén.
LA VOZ DE LA POESIA PURA
“El mismo Valery me lo repetía –escribe Jorge Guillén-, una vez más, cierta mañana en la rue de Villejust. Poesía pura es todo lo que permanece en el poema, después de haber eliminado todo lo que no es poesía. Pura es igual a simple, químicamente”. La simplicidad de esta actitud poética en el complejo mundo moderno parece un descubrimiento. Históricamente esta poesía es la que realiza mejor que ninguna la restauración del concepto íntegro de lo poético. También merecería atención el lenguaje poético guilleniano, de maestría y perfección sin par y que logra una distinción expresiva donde se reúnen lo clásico y lo moderno. Y como decía Pedro Salinas: “Creeremos siempre que el valor máximo de su poesía es representar la conciencia poética más clara, más luminosa , exacta y profunda que hace mucho tiempo ofrece nuestra lírica”.
Jorge Guillén Álvarez nace en Valladolid el 18 de enero de 1893. Realiza sus estudios primarios en la academia de don Valentín Alonso. En 1909 termina su bachillerato en el Instituto Zorrilla. Su padre le envía al internado suizo de Friburgo, donde aprende francés. Cursó Filosofía y Letras en Madrid y Granada. Fue uno de los primeros inquilinos de la Residencia de Estudiantes. Estancias en Suiza, Alemania e Italia. En 1917 consigue su primer empleo: lector de español en la Sorbona de París. En 1919 conoce en Tregastel a la que sería su mujer dos años más tarde, Germaine Cahen. En 1925 se doctora en Madrid con una tesis sobre Góngora. Obtuvo por oposición la cátedra de Literatura española en la Universidad de Murcia. En 1929 marchó de profesor a Oxford, volviendo más tarde a España como catedrático de la Universidad de Sevilla. La rebelión militar de 1936 le sorprende en Valladolid Es detenido y sufre un juicio sumarísimo por espionaje con pena de muerte. El poeta salva la vida, pero decide en 1938, salir de España. Comienza su exilio. Se marcha a Francia y después a los Estados Unidos, ocupando una cátedra de literatura española en el Wellesley College, en el puesto que había dejado su amigo Pedro Salinas. Fue también profesor visitante en diversos centros universitarios norteamericanos, en Puerto Rico, en México y en otros países hispanoamericanos. En 1957-1958 ocupó la cátedra de poesía Charles Eliot Norton de la Universidad de Harvard, donde dictó un curso sobre Lenguaje y poesía. Muere Franco y el poeta prepara su regreso a España: “Estalló entonces el acontecimiento / después de cuarenta años implacables, / a los cuarenta en punto de la Historia. / El exilio voluntario había concluido”. En 1976 se le concede el Premio Cervantes y en 1977, Jorge Guillén, regresa a España eligiendo la ciudad de Málaga para pasar los últimos años de su vida, y allí, le sorprendió la muerte el 6 de febrero de 1984.
El propio Guillén ha confesado que no pasó por el sarampión poético de la adolescencia. Alguna vez dijo: “Lo daría todo por un libro de versos”. Jorge Guillén lanza su Cántico con 35 años.
La primera edición de Cántico, como llamó Guillén a su obra, con toda la intención envuelta en la palabra, se publica por Revista de Occidente en 1928. En el año 1936 es publicada una segunda versión y en el año 1945, en México, se publica el tercer Cántico, mucho más copioso en poemas y con nuevas disposiciones de contenido. La definitiva versión de Cántico, la cuarta (Buenos Aires, 1950), contiene 344 poemas. Constituye un himno continuado de afirmación vital, un fervoroso aleluya total poético. Cada poesía es un poema de exaltación, de goce: al reunirlo forman un cántico, que crea para los sentidos un mundo aparte, una construcción pura: un orden y un concierto espiritual.
Cada Cántico se ha de mirar no como suma de poemas, sino como integración viva de una forma anterior del organismo poético. Sucede que siendo único Cántico, lo es como un ser humano que no es igual en sus diversas etapas de vida y desarrollo, aun siendo siempre el mismo.
El segundo periodo en que suele dividirse la obra poética del poeta vallisoletano, está constituido por Clamor, subtitulado Tiempo de historia, que es una trilogía formada por Maremágnun (1957), Que van a dar a la mar (1960) y A la altura de la circunstancias (1963), que prosiguen su antiguo tema, pero añadiendo un enfoque nuevo: ahora no será sólo el canto de la belleza, sino el clamor antes el caos de la historia última; la injusticia y el dolor se aúnan aquí al canto de júbilo ante el ser y su exultación. En Homenaje (1967), que constituye el tercer período de su obra, Guillén atiende en especial a la circunstancia humana del poeta: lecturas, relaciones humanas, reconsideración de toda la trayectoria vital y, en suma, legado de un canto renovado de vida y exigencia moral. Aire nuestro (1968) recoge su poesía completa, a la que se añadirán Y otros poemas (1973) y Final (1982) que agregan múltiples matices a todas las facetas de la obra anterior.
En su actividad crítica Guillén ha prologado las Obras completas de Federico García Lorca y de Pedro Salinas, y se ha ocupado de Berceo, Góngora, San Juan de la Cruz, Bécquer y Miró en Lenguaje y poesía. Otros ensayos excelentes son: Federico en persona y Semblanza y epistolario. Fue traductor de Valéry (El cementerio marino), Claudel y Cassou.
“La poesía de Jorge Guillén –nos dijo Alberti-, en aquel perfilado conjunto de su libro (Cántico), aparecía como una de las más personales de España”. Y García Lorca, sobre el riquísimo universo poético de Guillén, escribe: “Cada vez se me adentra más tu poesía limpia, hermosa (eso es). Hermosa, llena de una emoción divina, completamente conocida por intacta”.
Guillén el poeta más clásico de nuestros poetas contemporáneos cierra el balance de toda su obra, en Final, con esta aspiración: “Paz, queramos paz”.
Francisco Arias Solis
e-mail: aarias@arrakis.es
URL: http://www.arrakis.es/~aarias
¡Necesitamos vivir en paz!
Aviso: Se ruega a los internautas que pongan en sus páginas el logotipo o banner de Internautas por la Paz y la Libertad que figura en la URL: http://www.arrakis.es/~aarias/internau.htm.
Gracias
(1893-1984)
“Que los muertos entierren a sus muertos,
Jamás a la esperanza.”
Jorge Guillén.
LA VOZ DE LA POESIA PURA
“El mismo Valery me lo repetía –escribe Jorge Guillén-, una vez más, cierta mañana en la rue de Villejust. Poesía pura es todo lo que permanece en el poema, después de haber eliminado todo lo que no es poesía. Pura es igual a simple, químicamente”. La simplicidad de esta actitud poética en el complejo mundo moderno parece un descubrimiento. Históricamente esta poesía es la que realiza mejor que ninguna la restauración del concepto íntegro de lo poético. También merecería atención el lenguaje poético guilleniano, de maestría y perfección sin par y que logra una distinción expresiva donde se reúnen lo clásico y lo moderno. Y como decía Pedro Salinas: “Creeremos siempre que el valor máximo de su poesía es representar la conciencia poética más clara, más luminosa , exacta y profunda que hace mucho tiempo ofrece nuestra lírica”.
Jorge Guillén Álvarez nace en Valladolid el 18 de enero de 1893. Realiza sus estudios primarios en la academia de don Valentín Alonso. En 1909 termina su bachillerato en el Instituto Zorrilla. Su padre le envía al internado suizo de Friburgo, donde aprende francés. Cursó Filosofía y Letras en Madrid y Granada. Fue uno de los primeros inquilinos de la Residencia de Estudiantes. Estancias en Suiza, Alemania e Italia. En 1917 consigue su primer empleo: lector de español en la Sorbona de París. En 1919 conoce en Tregastel a la que sería su mujer dos años más tarde, Germaine Cahen. En 1925 se doctora en Madrid con una tesis sobre Góngora. Obtuvo por oposición la cátedra de Literatura española en la Universidad de Murcia. En 1929 marchó de profesor a Oxford, volviendo más tarde a España como catedrático de la Universidad de Sevilla. La rebelión militar de 1936 le sorprende en Valladolid Es detenido y sufre un juicio sumarísimo por espionaje con pena de muerte. El poeta salva la vida, pero decide en 1938, salir de España. Comienza su exilio. Se marcha a Francia y después a los Estados Unidos, ocupando una cátedra de literatura española en el Wellesley College, en el puesto que había dejado su amigo Pedro Salinas. Fue también profesor visitante en diversos centros universitarios norteamericanos, en Puerto Rico, en México y en otros países hispanoamericanos. En 1957-1958 ocupó la cátedra de poesía Charles Eliot Norton de la Universidad de Harvard, donde dictó un curso sobre Lenguaje y poesía. Muere Franco y el poeta prepara su regreso a España: “Estalló entonces el acontecimiento / después de cuarenta años implacables, / a los cuarenta en punto de la Historia. / El exilio voluntario había concluido”. En 1976 se le concede el Premio Cervantes y en 1977, Jorge Guillén, regresa a España eligiendo la ciudad de Málaga para pasar los últimos años de su vida, y allí, le sorprendió la muerte el 6 de febrero de 1984.
El propio Guillén ha confesado que no pasó por el sarampión poético de la adolescencia. Alguna vez dijo: “Lo daría todo por un libro de versos”. Jorge Guillén lanza su Cántico con 35 años.
La primera edición de Cántico, como llamó Guillén a su obra, con toda la intención envuelta en la palabra, se publica por Revista de Occidente en 1928. En el año 1936 es publicada una segunda versión y en el año 1945, en México, se publica el tercer Cántico, mucho más copioso en poemas y con nuevas disposiciones de contenido. La definitiva versión de Cántico, la cuarta (Buenos Aires, 1950), contiene 344 poemas. Constituye un himno continuado de afirmación vital, un fervoroso aleluya total poético. Cada poesía es un poema de exaltación, de goce: al reunirlo forman un cántico, que crea para los sentidos un mundo aparte, una construcción pura: un orden y un concierto espiritual.
Cada Cántico se ha de mirar no como suma de poemas, sino como integración viva de una forma anterior del organismo poético. Sucede que siendo único Cántico, lo es como un ser humano que no es igual en sus diversas etapas de vida y desarrollo, aun siendo siempre el mismo.
El segundo periodo en que suele dividirse la obra poética del poeta vallisoletano, está constituido por Clamor, subtitulado Tiempo de historia, que es una trilogía formada por Maremágnun (1957), Que van a dar a la mar (1960) y A la altura de la circunstancias (1963), que prosiguen su antiguo tema, pero añadiendo un enfoque nuevo: ahora no será sólo el canto de la belleza, sino el clamor antes el caos de la historia última; la injusticia y el dolor se aúnan aquí al canto de júbilo ante el ser y su exultación. En Homenaje (1967), que constituye el tercer período de su obra, Guillén atiende en especial a la circunstancia humana del poeta: lecturas, relaciones humanas, reconsideración de toda la trayectoria vital y, en suma, legado de un canto renovado de vida y exigencia moral. Aire nuestro (1968) recoge su poesía completa, a la que se añadirán Y otros poemas (1973) y Final (1982) que agregan múltiples matices a todas las facetas de la obra anterior.
En su actividad crítica Guillén ha prologado las Obras completas de Federico García Lorca y de Pedro Salinas, y se ha ocupado de Berceo, Góngora, San Juan de la Cruz, Bécquer y Miró en Lenguaje y poesía. Otros ensayos excelentes son: Federico en persona y Semblanza y epistolario. Fue traductor de Valéry (El cementerio marino), Claudel y Cassou.
“La poesía de Jorge Guillén –nos dijo Alberti-, en aquel perfilado conjunto de su libro (Cántico), aparecía como una de las más personales de España”. Y García Lorca, sobre el riquísimo universo poético de Guillén, escribe: “Cada vez se me adentra más tu poesía limpia, hermosa (eso es). Hermosa, llena de una emoción divina, completamente conocida por intacta”.
Guillén el poeta más clásico de nuestros poetas contemporáneos cierra el balance de toda su obra, en Final, con esta aspiración: “Paz, queramos paz”.
Francisco Arias Solis
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¡Necesitamos vivir en paz!
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lunes, 6 de abril de 2009
Ramón Solís por Francisco Arias Solís
RAMON SOLIS
(1923-1978)
“Creo poder afirmar que fue en Cádiz,
cabalmente en los momentos de la guerra de la Independencia,
cuando surgió el sentimiento de la nacionalidad, de la patria.”
Ramón Solís.
LA VOZ DEL CÁDIZ DE LAS CORTES
Ramón Solís decidió escribir una novela de la época de las Cortes. Así surgió su libro El Cádiz de las Cortes, que Marañón, su prologuista, consideró como uno de los libros más importantes sobre España; que ha puesto luz severa, vida humana sobre el gran episodio que Cádiz vivió con una enorme intensidad. Gracias a él sabemos lo que pasó en Cádiz y lo que realmente realizaron, vivieron y soñaron aquellos liberales españoles. Claro está que Ramón Solís no se ha ocupado sólo de los doceañistas eminentes y todavía sonoros, sino del pueblo y los estamentos de aquella época, haciendo junto a la historia, esa intrahistoria que nos interesa tanto. “El Cádiz de las Cortes –nos dice Ramón Solís- fue mi tesis doctoral en la Facultad de Ciencias Políticas y Económicas de Madrid. Esto quiere decir que este libro surgió de un propósito más erudito que literario y que estaba dirigido a un público de especialistas y estudiosos”. El Cádiz de las Cortes que obtuvo el premio Fastenrath de la Real Academia Española de 1960, pertenece por su estilo al gran ensayismo español.
Ramón Solís Llorente nace en Cádiz el 1 de marzo de 1923. Inicia sus estudios elementales en el Colegio del Pilar de Madrid. Y continúa sus estudios en el Colegio San Felipe Neri de Cádiz. En 1944 abandona sus estudios de marino e inicia los de ingeniero de Montes, que, más tarde, simultánea con los de Ciencias Políticas y Económicas. En 1949 termina la carrera de Ciencias Políticas y Económicas y es nombrado corresponsal en Madrid del semanario La Voz del Sur. En 1953 contrae matrimonio en Cádiz con Rosario Jiménez Alfaro. Un año más tarde publica su primera novela La bella sirena. En 1956 presenta su novela Los que no tienen paz al premio Planeta y queda finalista. Esta novela ha sido llevada al teatro por José María Pemán con el título Los monos chillan al amanecer. Sus cualidades de historiador se revelan en El Cádiz de las Cortes. Es elegido miembro de la Real Academia de la Historia. En 1961 es elegido concejal del Ayuntamiento de Cádiz. Al año siguiente regresa a Madrid. Publica más novelas, Ajena crece la hierba, Un siglo llama a la puerta, El canto de la gallina, El alijo, La eliminatoria, El dueño del miedo, Mónica, corazón dormido. Publica también algunos ensayos, Coros y Chirigotas, La guerra de la Independencia Española. En 1968 es nombrado director de la revista La Estafeta Literaria y en 1970 obtiene el Premio Nacional de Literatura “Miguel de Cervantes”. Ramón Solís falleció en Madrid en 1978.
Lo social, lo psicológico y el ambiente de Cádiz y sus tierras son las características persistentes al correr de su intensa e interesante obra. El crítico Melchor Fernández Almagro veía en Un siglo llama a la puerta “una novela de excelente calidad. Está muy bien compuesto el ambiente histórico y presenta con exactitud el problema del choque de dos generaciones”.
“Lo genial es decir muchas cosas –escribe Solís- y decirlas perfectamente. Ahora bien: esto se logra a través de las ideas. Cuando la idea se piensa con claridad, se escribe con soltura; y, cuando esto se logra, se ha alcanzado el estilo”. Estamos de acuerdo con estas dos ideas que pone Solís en la mente de unos de sus personajes, y, fiel a ellas, el escritor gaditano interesa y logra excelentes éxitos. Y también fue fiel, a aquel viento generoso que sopló sobre su ciudad natal en el siglo XVIII, y que forjó el espíritu dilecto, universal y políglota de la vida gaditana. Y es que, como dijo el escritor gaditano: “Todos tenemos algo nuestro que no cambiaríamos por nada”.
Francisco Arias Solis
e-mail: aarias@arrakis.es
URL: http://www.arrakis.es/~aarias
Si quieres la paz, prepárate a vivir en paz con todos los hombres.
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Gracias.
(1923-1978)
“Creo poder afirmar que fue en Cádiz,
cabalmente en los momentos de la guerra de la Independencia,
cuando surgió el sentimiento de la nacionalidad, de la patria.”
Ramón Solís.
LA VOZ DEL CÁDIZ DE LAS CORTES
Ramón Solís decidió escribir una novela de la época de las Cortes. Así surgió su libro El Cádiz de las Cortes, que Marañón, su prologuista, consideró como uno de los libros más importantes sobre España; que ha puesto luz severa, vida humana sobre el gran episodio que Cádiz vivió con una enorme intensidad. Gracias a él sabemos lo que pasó en Cádiz y lo que realmente realizaron, vivieron y soñaron aquellos liberales españoles. Claro está que Ramón Solís no se ha ocupado sólo de los doceañistas eminentes y todavía sonoros, sino del pueblo y los estamentos de aquella época, haciendo junto a la historia, esa intrahistoria que nos interesa tanto. “El Cádiz de las Cortes –nos dice Ramón Solís- fue mi tesis doctoral en la Facultad de Ciencias Políticas y Económicas de Madrid. Esto quiere decir que este libro surgió de un propósito más erudito que literario y que estaba dirigido a un público de especialistas y estudiosos”. El Cádiz de las Cortes que obtuvo el premio Fastenrath de la Real Academia Española de 1960, pertenece por su estilo al gran ensayismo español.
Ramón Solís Llorente nace en Cádiz el 1 de marzo de 1923. Inicia sus estudios elementales en el Colegio del Pilar de Madrid. Y continúa sus estudios en el Colegio San Felipe Neri de Cádiz. En 1944 abandona sus estudios de marino e inicia los de ingeniero de Montes, que, más tarde, simultánea con los de Ciencias Políticas y Económicas. En 1949 termina la carrera de Ciencias Políticas y Económicas y es nombrado corresponsal en Madrid del semanario La Voz del Sur. En 1953 contrae matrimonio en Cádiz con Rosario Jiménez Alfaro. Un año más tarde publica su primera novela La bella sirena. En 1956 presenta su novela Los que no tienen paz al premio Planeta y queda finalista. Esta novela ha sido llevada al teatro por José María Pemán con el título Los monos chillan al amanecer. Sus cualidades de historiador se revelan en El Cádiz de las Cortes. Es elegido miembro de la Real Academia de la Historia. En 1961 es elegido concejal del Ayuntamiento de Cádiz. Al año siguiente regresa a Madrid. Publica más novelas, Ajena crece la hierba, Un siglo llama a la puerta, El canto de la gallina, El alijo, La eliminatoria, El dueño del miedo, Mónica, corazón dormido. Publica también algunos ensayos, Coros y Chirigotas, La guerra de la Independencia Española. En 1968 es nombrado director de la revista La Estafeta Literaria y en 1970 obtiene el Premio Nacional de Literatura “Miguel de Cervantes”. Ramón Solís falleció en Madrid en 1978.
Lo social, lo psicológico y el ambiente de Cádiz y sus tierras son las características persistentes al correr de su intensa e interesante obra. El crítico Melchor Fernández Almagro veía en Un siglo llama a la puerta “una novela de excelente calidad. Está muy bien compuesto el ambiente histórico y presenta con exactitud el problema del choque de dos generaciones”.
“Lo genial es decir muchas cosas –escribe Solís- y decirlas perfectamente. Ahora bien: esto se logra a través de las ideas. Cuando la idea se piensa con claridad, se escribe con soltura; y, cuando esto se logra, se ha alcanzado el estilo”. Estamos de acuerdo con estas dos ideas que pone Solís en la mente de unos de sus personajes, y, fiel a ellas, el escritor gaditano interesa y logra excelentes éxitos. Y también fue fiel, a aquel viento generoso que sopló sobre su ciudad natal en el siglo XVIII, y que forjó el espíritu dilecto, universal y políglota de la vida gaditana. Y es que, como dijo el escritor gaditano: “Todos tenemos algo nuestro que no cambiaríamos por nada”.
Francisco Arias Solis
e-mail: aarias@arrakis.es
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Si quieres la paz, prepárate a vivir en paz con todos los hombres.
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domingo, 5 de abril de 2009
Salvador de Madariaga por Francisco Arias Solis
SALVADOR DE MADARIAGA
(1885-1978)
“Federico,
voz , cantar, leyenda, magia.
Federico, ay Federico,
tierra, polvo, sombra, nada...”
Salvador de Madariaga.
LA VOZ DE UN GRAN INTELECTUAL
Salvador de Madariaga leyó a Fernando de los Ríos, embajador en Washington , su Elegía en la muerte de Federico García Lorca, Fernando se emocionó y le dijo: “Es el mejor poema de usted”. Salvador de Madariaga era poeta como lo es siempre desde que nace hasta que muere todo escritor que siente en artista o, lo que es lo mismo, que siente pensando porque piensa sintiendo; y esto sea el que sea el género que cultive.
Salvador de Madariaga nace en La Coruña el 23 de julio de 1886. Estudia bachillerato en el Instituto Cardenal Cisneros de Madrid y la carrera de Ingeniero de Minas en la Escuela Superior de Minas de Madrid. Contrae matrimonio con Constance Archibald, escocesa de nacionalidad británica. Pronto abandona la carrera para dedicarse al periodismo, a la política, a la enseñanza y a la literatura.
Delegado de España en la Sociedad de las Naciones (1921), embajador de Estados Unidos y Francia, doctor honoris causa de la Universidad de Poitiers, ministro de Instrucción Pública y de Justicia en el gobierno Lerroux y académico de la Española. Expatriado al poco tiempo de la rebelión militar de julio de 1936, se instala en Ginebra y desde allí, marcha a Londres y después a Oxford, dedicándose a dar conferencias en varias universidades inglesas, en los Estados Unidos y Latinoamérica y en la B.B.C. de Londres.
Presidente de la Liberal Internacional, presidente de la Comisión de Cultura del Movimiento Europeo, presidente del Colegio de Europa, fue también uno delos presidentes de honor del Congreso de la Libertad de la Cultura, juntamente con Bertrand Russel, Jacques Maritain, Karl Jaspers, Benedetto Croce, Jonh Dewey y Reinhold Niebuhr. En el año 1967 le fue otorgado el Premio Goethe, en 1968 el Mariano de Cavia.
En 1970 contrae segundo matrimonio con Emilia Szekeley-Rauman que era la encargada de su gabinete literario desde 1938. En 1972 traslada su residencia al cantón suizo de Tichino. En 1973 la ciudad de Aquisgrán le otorga el Premio Carlomagno por sus servicios a Europa. En 1976, Madariaga entra en la Real Academia Española. En el discurso de contestación al de ingreso, Julián María dijo: “No creo que en la historia de nuestra Academia, ni en la de ninguna otra, se haya dado un caso semejante al de esta tarde; recibir a un Académico a punto de cumplir sus noventa años; para que todo sea extraordinario, a los cuarenta años de su elección; y por si algo faltara, al cabo de otros tantos de exilio”. Salvador de Madariaga muere en Locarno el 14 de diciembre de 1978.
Salvador de Madariaga representa un caso bien especial dentro del conjunto de nuestra novela debido tanto a la recia personalidad del escritor en otros terrenos como por la singularidad de su obra novelesca. Sus novelas, densas, macizas, quizá hubieran obtenido más resonancia, un lugar más destacado, si no hubieran sido eclipsadas por sus otras múltiples facetas. Y, hasta cierto punto, si no estuvieran lastradas por el historiador que quiere hacer revivir en ellas lo novelesco de situaciones o personajes históricos o las preocupaciones de crítico y pensador. La novelística anterior a 1936 está integrada por La jirafa sagrada, Arceval y los ingleses y El enemigo de Dios. En el exilio publica las novelas: Ramos de errores y La camarada Ana. Su cualidad de historiador anima su obra El corazón de piedra verde, un ambicioso plan de novelación del nacimiento y desarrollo de las sociedades de la América hispano hablante. Recordemos de sus libros poéticos, Romances de ciego, La fuente serena y Romances para Beatriz; de sus biografías, Vida de Colón, Vida de Hernán Cortés, Bolivar, Cervantes y su tiempo, De Galdós a Lorca, Españoles de mi tiempo y Mujeres españolas; de sus obras dramáticas; La muerte de Carmen, Mio Cid, Don Juan y la donjuanía y Los tres estudiantes de Salamanca; y de sus ensayos, España, ensayo de historia contemporánea, Anarquía o jerarquía, Presente y porvenir de Hispanoamérica, Guía del lector del Quijote y De la angustia a la libertad.
Intelectual de una sola pieza, Madariaga brilló especialmente en obras de carácter ideológico. Este príncipe de los liberales españoles, al estallar la guerra civil se negó a participar en ninguno de los dos bandos, adscribiéndose a una “tercera España”. “Gane quien gane la guerra –decía Madariaga-, perderá España”. A él se le debe la más grande de las aportaciones contra la “leyenda negra” española. Con el apoyo de los intelectuales británicos Salvador de Madariaga trabajó a favor de la democracia y de la paz española. Su vida fue una lucha viva, creadora, por la paz. Y como dijo este gran intelectual: “Es dudoso que haya habido jamás en ningún país institución alguna que contase con medios más espléndidos y que menos hiciera con ellos que la Iglesia en España, debió abierto los brazos como Jesucristo a derecha e izquierda, debió haber abierto el pecho y el corazón a ambos lados en ademán de paz y unión, y debió haber luchado por la paz y la unión y por ellas muerto”.
Francisco Arias Solis
e-mail: aarias@arrakis.es
URL: http://www.arrakis.es/~aarias
Paz, queramos paz.
Aviso: Se ruega a los internautas que pongan en sus páginas el logotipo o banner de Internautas por la Paz y la Libertad que figura en la URL: http://www.arrakis.es/~aarias/internau.htm.
Gracias
(1885-1978)
“Federico,
voz , cantar, leyenda, magia.
Federico, ay Federico,
tierra, polvo, sombra, nada...”
Salvador de Madariaga.
LA VOZ DE UN GRAN INTELECTUAL
Salvador de Madariaga leyó a Fernando de los Ríos, embajador en Washington , su Elegía en la muerte de Federico García Lorca, Fernando se emocionó y le dijo: “Es el mejor poema de usted”. Salvador de Madariaga era poeta como lo es siempre desde que nace hasta que muere todo escritor que siente en artista o, lo que es lo mismo, que siente pensando porque piensa sintiendo; y esto sea el que sea el género que cultive.
Salvador de Madariaga nace en La Coruña el 23 de julio de 1886. Estudia bachillerato en el Instituto Cardenal Cisneros de Madrid y la carrera de Ingeniero de Minas en la Escuela Superior de Minas de Madrid. Contrae matrimonio con Constance Archibald, escocesa de nacionalidad británica. Pronto abandona la carrera para dedicarse al periodismo, a la política, a la enseñanza y a la literatura.
Delegado de España en la Sociedad de las Naciones (1921), embajador de Estados Unidos y Francia, doctor honoris causa de la Universidad de Poitiers, ministro de Instrucción Pública y de Justicia en el gobierno Lerroux y académico de la Española. Expatriado al poco tiempo de la rebelión militar de julio de 1936, se instala en Ginebra y desde allí, marcha a Londres y después a Oxford, dedicándose a dar conferencias en varias universidades inglesas, en los Estados Unidos y Latinoamérica y en la B.B.C. de Londres.
Presidente de la Liberal Internacional, presidente de la Comisión de Cultura del Movimiento Europeo, presidente del Colegio de Europa, fue también uno delos presidentes de honor del Congreso de la Libertad de la Cultura, juntamente con Bertrand Russel, Jacques Maritain, Karl Jaspers, Benedetto Croce, Jonh Dewey y Reinhold Niebuhr. En el año 1967 le fue otorgado el Premio Goethe, en 1968 el Mariano de Cavia.
En 1970 contrae segundo matrimonio con Emilia Szekeley-Rauman que era la encargada de su gabinete literario desde 1938. En 1972 traslada su residencia al cantón suizo de Tichino. En 1973 la ciudad de Aquisgrán le otorga el Premio Carlomagno por sus servicios a Europa. En 1976, Madariaga entra en la Real Academia Española. En el discurso de contestación al de ingreso, Julián María dijo: “No creo que en la historia de nuestra Academia, ni en la de ninguna otra, se haya dado un caso semejante al de esta tarde; recibir a un Académico a punto de cumplir sus noventa años; para que todo sea extraordinario, a los cuarenta años de su elección; y por si algo faltara, al cabo de otros tantos de exilio”. Salvador de Madariaga muere en Locarno el 14 de diciembre de 1978.
Salvador de Madariaga representa un caso bien especial dentro del conjunto de nuestra novela debido tanto a la recia personalidad del escritor en otros terrenos como por la singularidad de su obra novelesca. Sus novelas, densas, macizas, quizá hubieran obtenido más resonancia, un lugar más destacado, si no hubieran sido eclipsadas por sus otras múltiples facetas. Y, hasta cierto punto, si no estuvieran lastradas por el historiador que quiere hacer revivir en ellas lo novelesco de situaciones o personajes históricos o las preocupaciones de crítico y pensador. La novelística anterior a 1936 está integrada por La jirafa sagrada, Arceval y los ingleses y El enemigo de Dios. En el exilio publica las novelas: Ramos de errores y La camarada Ana. Su cualidad de historiador anima su obra El corazón de piedra verde, un ambicioso plan de novelación del nacimiento y desarrollo de las sociedades de la América hispano hablante. Recordemos de sus libros poéticos, Romances de ciego, La fuente serena y Romances para Beatriz; de sus biografías, Vida de Colón, Vida de Hernán Cortés, Bolivar, Cervantes y su tiempo, De Galdós a Lorca, Españoles de mi tiempo y Mujeres españolas; de sus obras dramáticas; La muerte de Carmen, Mio Cid, Don Juan y la donjuanía y Los tres estudiantes de Salamanca; y de sus ensayos, España, ensayo de historia contemporánea, Anarquía o jerarquía, Presente y porvenir de Hispanoamérica, Guía del lector del Quijote y De la angustia a la libertad.
Intelectual de una sola pieza, Madariaga brilló especialmente en obras de carácter ideológico. Este príncipe de los liberales españoles, al estallar la guerra civil se negó a participar en ninguno de los dos bandos, adscribiéndose a una “tercera España”. “Gane quien gane la guerra –decía Madariaga-, perderá España”. A él se le debe la más grande de las aportaciones contra la “leyenda negra” española. Con el apoyo de los intelectuales británicos Salvador de Madariaga trabajó a favor de la democracia y de la paz española. Su vida fue una lucha viva, creadora, por la paz. Y como dijo este gran intelectual: “Es dudoso que haya habido jamás en ningún país institución alguna que contase con medios más espléndidos y que menos hiciera con ellos que la Iglesia en España, debió abierto los brazos como Jesucristo a derecha e izquierda, debió haber abierto el pecho y el corazón a ambos lados en ademán de paz y unión, y debió haber luchado por la paz y la unión y por ellas muerto”.
Francisco Arias Solis
e-mail: aarias@arrakis.es
URL: http://www.arrakis.es/~aarias
Paz, queramos paz.
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Gracias
sábado, 4 de abril de 2009
Nicolás Salmerón por Francisco Arias Solis
NICOLAS SALMERON
(1838-1908)
“El punto de cita, si vale decir, en que se prepara
ese grandioso concierto, es el cerebro humano.”
Nicolás Salmerón.
LA VOZ DEL PRESIDENTE DIMISIONARIO
Nicolás Salmerón, que viene del krausismo, acepta el reto de la ciencia moderna y de la filosofía positivista que le sirve de legitimación epistemológica, para convertirse en “el representante más caracterizado de la inflexión positiva del krausismo” o, como también se ha dicho, en “cabeza de fila de los krausopositivistas”. Esta vía de conciliación y de diálogo aparece ya claramente formulada en los “Prólogos” que escribe para las obras de Draper y Giner de los Ríos.
Nicolás Salmerón nace en Alhama la Seca, provincia de Almería, el 10 de abril de 1838 y muere en la ciudad francesa de Pau, el 20 de septiembre de 1908. Discípulo directo de Sanz del Río y amigo del maestro de Ronda, Francisco Giner de los Ríos, será uno de los puntales de la escuela krausista a pesar de una dedicación política, que le irá absorbiendo cada vez más. Fundador del Partido Centro Republicano, la trayectoria política de Salmerón le llevará a las más diversas vicisitudes biográficas, desde la cárcel en 1876 a ministro de Gracia y Justicia y presidente de la I República en 1873. Salmerón dimitió de dicha presidencia por no querer firmar la sentencia de muerte de los cantonalistas de Cartagena.
Salmerón alcanzó puestos eminentes de la docencia universitaria; ganó la cátedra de Historia Universal en Oviedo, aunque no llegara a tomar posesión de la misma, y fue catedrático de Metafísica en la Universidad Central de Madrid desde 1869; así como realizó una labor de estímulo y aliento a través de numerosas empresas, entre las que es obligado destacar el Colegio Internacional (1806-1874). No olvidemos que esta experiencia es un antecedente directo de la Institución Libre de Enseñanza y así ha sido considerada por quienes se han ocupado de ella; concebida como institución privada, constituyó una mezcla de “colegio”, casa familiar y embrión de Universidad.
Es evidente que Salmerón era, ante todo, un orador y quizá esto, explica que aún no tengamos unas obras completas de este pensador, a pesar de que sus escritos abarcan por completo el arco filosófico de su época. Una exposición completa del pensamiento de Salmerón está, pues, aún por hacerse. La filosofía del presidente dimisionario no podrá entenderse nunca plenamente, si no partimos del impacto que el desarrollo del positivismo tuvo en España durante los años setenta. Las obras de su primer período revelan una fuerte impregnación krausista y espiritualista, como ocurre con las siguientes: El Pontificado y la civilización moderna, Concepto de la Metafísica y plan de su parte analítica. Pero a partir de 1875, la presencia del positivismo es patente en Salmerón, como lo podemos comprobar en el “Apéndice”, que firma con González Serrano, a la obra de Tiberghien, Ensayo teórico e histórico sobre la generación de los conocimientos humanos, así como en el “Prólogo” a la obra de Draper, Historia de los conflictos entre la Religión y la ciencia y en el que también puso a la de Hermenegildo Giner de los Ríos, Filosofía y Arte.
Es interesante destacar el importante número de discípulos de Salmerón que escribieron manuales de psicología en una dirección monista, sin contar las Lecciones sumarias de Psicología, de Francisco Giner. Casi todos los pensadores incluidos en esta línea, o bien escriben manuales de Psicología, en los que generalmente se plantea la transición de la Psicología filosófica a la científica..., o bien desde sus cátedras y escritos van a despertar la afición a su cultivo... De este modo, el krauso-positivismo influirá decisivamente... en la formación de toda una corriente psicológico- científica a fines de siglo XIX. En el epitafio del monumento funerario levantado en el cementerio civil de Madrid para dar sepultura definitiva a los restos de Nicolás Salmerón, queda constancia de la altura moral y política de su dimisión: “Dejó el poder por no firmar una sentencia de muerte”.
Francisco Arias Solis
e-mail: aarias@arrakis.es
URL: http://www.arrakis.es/~aarias
Te matan y después
piden perdón al cadáver.
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Gracias
(1838-1908)
“El punto de cita, si vale decir, en que se prepara
ese grandioso concierto, es el cerebro humano.”
Nicolás Salmerón.
LA VOZ DEL PRESIDENTE DIMISIONARIO
Nicolás Salmerón, que viene del krausismo, acepta el reto de la ciencia moderna y de la filosofía positivista que le sirve de legitimación epistemológica, para convertirse en “el representante más caracterizado de la inflexión positiva del krausismo” o, como también se ha dicho, en “cabeza de fila de los krausopositivistas”. Esta vía de conciliación y de diálogo aparece ya claramente formulada en los “Prólogos” que escribe para las obras de Draper y Giner de los Ríos.
Nicolás Salmerón nace en Alhama la Seca, provincia de Almería, el 10 de abril de 1838 y muere en la ciudad francesa de Pau, el 20 de septiembre de 1908. Discípulo directo de Sanz del Río y amigo del maestro de Ronda, Francisco Giner de los Ríos, será uno de los puntales de la escuela krausista a pesar de una dedicación política, que le irá absorbiendo cada vez más. Fundador del Partido Centro Republicano, la trayectoria política de Salmerón le llevará a las más diversas vicisitudes biográficas, desde la cárcel en 1876 a ministro de Gracia y Justicia y presidente de la I República en 1873. Salmerón dimitió de dicha presidencia por no querer firmar la sentencia de muerte de los cantonalistas de Cartagena.
Salmerón alcanzó puestos eminentes de la docencia universitaria; ganó la cátedra de Historia Universal en Oviedo, aunque no llegara a tomar posesión de la misma, y fue catedrático de Metafísica en la Universidad Central de Madrid desde 1869; así como realizó una labor de estímulo y aliento a través de numerosas empresas, entre las que es obligado destacar el Colegio Internacional (1806-1874). No olvidemos que esta experiencia es un antecedente directo de la Institución Libre de Enseñanza y así ha sido considerada por quienes se han ocupado de ella; concebida como institución privada, constituyó una mezcla de “colegio”, casa familiar y embrión de Universidad.
Es evidente que Salmerón era, ante todo, un orador y quizá esto, explica que aún no tengamos unas obras completas de este pensador, a pesar de que sus escritos abarcan por completo el arco filosófico de su época. Una exposición completa del pensamiento de Salmerón está, pues, aún por hacerse. La filosofía del presidente dimisionario no podrá entenderse nunca plenamente, si no partimos del impacto que el desarrollo del positivismo tuvo en España durante los años setenta. Las obras de su primer período revelan una fuerte impregnación krausista y espiritualista, como ocurre con las siguientes: El Pontificado y la civilización moderna, Concepto de la Metafísica y plan de su parte analítica. Pero a partir de 1875, la presencia del positivismo es patente en Salmerón, como lo podemos comprobar en el “Apéndice”, que firma con González Serrano, a la obra de Tiberghien, Ensayo teórico e histórico sobre la generación de los conocimientos humanos, así como en el “Prólogo” a la obra de Draper, Historia de los conflictos entre la Religión y la ciencia y en el que también puso a la de Hermenegildo Giner de los Ríos, Filosofía y Arte.
Es interesante destacar el importante número de discípulos de Salmerón que escribieron manuales de psicología en una dirección monista, sin contar las Lecciones sumarias de Psicología, de Francisco Giner. Casi todos los pensadores incluidos en esta línea, o bien escriben manuales de Psicología, en los que generalmente se plantea la transición de la Psicología filosófica a la científica..., o bien desde sus cátedras y escritos van a despertar la afición a su cultivo... De este modo, el krauso-positivismo influirá decisivamente... en la formación de toda una corriente psicológico- científica a fines de siglo XIX. En el epitafio del monumento funerario levantado en el cementerio civil de Madrid para dar sepultura definitiva a los restos de Nicolás Salmerón, queda constancia de la altura moral y política de su dimisión: “Dejó el poder por no firmar una sentencia de muerte”.
Francisco Arias Solis
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Te matan y después
piden perdón al cadáver.
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Gracias
viernes, 3 de abril de 2009
Juan Gil-Albert por Francisco Arias Solis
JUAN GIL-ALBERT (1904-1994)
“Los desterrados cantan la alborada
de su lejano amor y perseguidos
por el perro del odio se aniquilan
en ese mismo fuego que les prende.”
Juan Gil-Albert.
LA VOZ DE LA FRATERNIDAD
Cuando se lee a Gil-Albert se tiene la impresión de entrar en un mundo distinto. El mundo de Gil-Albert es de mayor alcance. El aristocratismo que se percibe en sus versos parece inclinarse a un humanismo personal, universal y total, de raíz estética. Tiene una inclinación pedagógica de estirpe socrática, más ética que estética. “Porque la vida es más”, quizá sea esta la frase que mejor descubre el talante de Gil-Albert.
Juan Gil-Albert Simón nace en Alcoy el 1 de abril de 1904. La infancia del poeta tiene sus claves más duraderas en dos ciudades: Alcoy y, a partir de los nueve años, Valencia. Iniciado los estudios de Filosofía y Derecho, acabará abandonándolos. “En mi época –escribe- una Universidad de provincia –la de Valencia al menos- era un edificio de piedra en cuyo dintel podía haberse leído: Aquí se patentiza el tedio”.
En 1927 aparece su primer libro, La fascinación de lo irreal. El escritor se mueve bien en el espacio de la prosa modernista. Le siguen: Vibración de estío, Galerías del Museo del Prado, Gabriel Miró...Pero Gil-Albert pasa a intentar la poesía “para que no se poetizara mi prosa” y su primer resultado es Misteriosa presencia (1936), un conjunto de bellísimos sonetos con un dejo de Góngora y Mallarmé. Sigue Candente horror (1936). En Barcelona, en 1938, aparece Son nombres ignorados.
Su pertenencia a la elevada burguesía de su región natal no le impidió apostar libérrimamente, como poeta, por la causa republicana y popular. Fue uno de los primeros animadores de la revista Hora de España, que fue fundada en Valencia a finales de 1936. Sus redactores en un principio fueron Juan Gil-Albert, Rafael Dieste, Antonio Sánchez Barbudo y Ramón Gaya. A mediados de 1937, se unieron a ellos en la redacción María Zambrano y Arturo Serrano Plaja.
Participa en la organización del II Congreso Internacional de escritores antifascistas, así como, en la redacción de la famosa Ponencia Colectiva. En Memorabilia ha evocado Gil-Albert sus encuentros de aquellos días con Louis Aragón, Octavio Paz, junto, al recuerdo de otros nombres, presentes desde meses, como Antonio Machado, Alberti, Miguel Hernández, José Bergamín....
La derrota es, como para tantos millones de españoles, un campo de concentración francés, y un deseo de vivir con dignidad. El exilio americano es una incertidumbre acogedora. México es un país sorprendente donde ha ido a parar un conjunto nutrido de intelectuales. Durante su exilio –que duró ocho años- publicó un solo libro: Las ilusiones con los poemas de El convaleciente., en Buenos Aires, 1944, considerado por su autor como lo más significativo de su obra. Cuando regresa a España, en 1947, ha comenzado su madurez, aunque continúa siendo en su patria un poeta casi ignorado. Sus libros El existir medita su corriente (1948) y Concertar es amor (1951) representan su momento de destierro interior pero también el sabor por las cosas, el gusto por la vida Vuelve a la luz pública en la década de 1970 cuando publica obras tan importantes como su autobiografía en prosa, Crónica general (1974) y los libros de memorias Heraclés (1975) y Breviarium Vitae (1979). En los últimos años de su vida llegaron los reconocimientos: Premio de las Letras Valencianas, Medalla al Mérito de Bellas Artes, Doctor Honoris Causa por la Universidad de Alicante, Hijo Predilecto de Alcoy.... Gil-Albert muere en Valencia, el 4 de julio de 1994.
Juan Gil-Albert, con su escepticismo sin énfasis y su difícil equilibrio entre el fulgor y la serenidad, la sensualidad y la reflexión ofrece una poesía en la que la sensibilidad y la inteligencia forman una alianza indestructible. Gil-Albert hace un tipo de poesía didáctico-moral a lo anarquista. El asco de cierta gente que lo rodea lo impulsa a exaltar al pobre, al delincuente y al ocioso. Su poesía es tan pronto insultante, ofensiva, como llena de purísima ternura. Gil-Albert nos ha dado a todos una lección diaria de fraternidad, de amor hacia la vida, nos ha dado y nos está dando, pues una larga lección de poesía. Aunque ya no estés aquí sigues estando en la memoria de los que te vieron, en los que yo me sé. Pero, como dijo el poeta: “La muerte viene siempre con nosotros / y nunca en balde”.
Francisco Arias Solis
e-mail: aarias@arrakis.es
URL: http://www.arrakis.es/~aarias
No se debe admitir la violencia ni siquiera contra la violencia
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“Los desterrados cantan la alborada
de su lejano amor y perseguidos
por el perro del odio se aniquilan
en ese mismo fuego que les prende.”
Juan Gil-Albert.
LA VOZ DE LA FRATERNIDAD
Cuando se lee a Gil-Albert se tiene la impresión de entrar en un mundo distinto. El mundo de Gil-Albert es de mayor alcance. El aristocratismo que se percibe en sus versos parece inclinarse a un humanismo personal, universal y total, de raíz estética. Tiene una inclinación pedagógica de estirpe socrática, más ética que estética. “Porque la vida es más”, quizá sea esta la frase que mejor descubre el talante de Gil-Albert.
Juan Gil-Albert Simón nace en Alcoy el 1 de abril de 1904. La infancia del poeta tiene sus claves más duraderas en dos ciudades: Alcoy y, a partir de los nueve años, Valencia. Iniciado los estudios de Filosofía y Derecho, acabará abandonándolos. “En mi época –escribe- una Universidad de provincia –la de Valencia al menos- era un edificio de piedra en cuyo dintel podía haberse leído: Aquí se patentiza el tedio”.
En 1927 aparece su primer libro, La fascinación de lo irreal. El escritor se mueve bien en el espacio de la prosa modernista. Le siguen: Vibración de estío, Galerías del Museo del Prado, Gabriel Miró...Pero Gil-Albert pasa a intentar la poesía “para que no se poetizara mi prosa” y su primer resultado es Misteriosa presencia (1936), un conjunto de bellísimos sonetos con un dejo de Góngora y Mallarmé. Sigue Candente horror (1936). En Barcelona, en 1938, aparece Son nombres ignorados.
Su pertenencia a la elevada burguesía de su región natal no le impidió apostar libérrimamente, como poeta, por la causa republicana y popular. Fue uno de los primeros animadores de la revista Hora de España, que fue fundada en Valencia a finales de 1936. Sus redactores en un principio fueron Juan Gil-Albert, Rafael Dieste, Antonio Sánchez Barbudo y Ramón Gaya. A mediados de 1937, se unieron a ellos en la redacción María Zambrano y Arturo Serrano Plaja.
Participa en la organización del II Congreso Internacional de escritores antifascistas, así como, en la redacción de la famosa Ponencia Colectiva. En Memorabilia ha evocado Gil-Albert sus encuentros de aquellos días con Louis Aragón, Octavio Paz, junto, al recuerdo de otros nombres, presentes desde meses, como Antonio Machado, Alberti, Miguel Hernández, José Bergamín....
La derrota es, como para tantos millones de españoles, un campo de concentración francés, y un deseo de vivir con dignidad. El exilio americano es una incertidumbre acogedora. México es un país sorprendente donde ha ido a parar un conjunto nutrido de intelectuales. Durante su exilio –que duró ocho años- publicó un solo libro: Las ilusiones con los poemas de El convaleciente., en Buenos Aires, 1944, considerado por su autor como lo más significativo de su obra. Cuando regresa a España, en 1947, ha comenzado su madurez, aunque continúa siendo en su patria un poeta casi ignorado. Sus libros El existir medita su corriente (1948) y Concertar es amor (1951) representan su momento de destierro interior pero también el sabor por las cosas, el gusto por la vida Vuelve a la luz pública en la década de 1970 cuando publica obras tan importantes como su autobiografía en prosa, Crónica general (1974) y los libros de memorias Heraclés (1975) y Breviarium Vitae (1979). En los últimos años de su vida llegaron los reconocimientos: Premio de las Letras Valencianas, Medalla al Mérito de Bellas Artes, Doctor Honoris Causa por la Universidad de Alicante, Hijo Predilecto de Alcoy.... Gil-Albert muere en Valencia, el 4 de julio de 1994.
Juan Gil-Albert, con su escepticismo sin énfasis y su difícil equilibrio entre el fulgor y la serenidad, la sensualidad y la reflexión ofrece una poesía en la que la sensibilidad y la inteligencia forman una alianza indestructible. Gil-Albert hace un tipo de poesía didáctico-moral a lo anarquista. El asco de cierta gente que lo rodea lo impulsa a exaltar al pobre, al delincuente y al ocioso. Su poesía es tan pronto insultante, ofensiva, como llena de purísima ternura. Gil-Albert nos ha dado a todos una lección diaria de fraternidad, de amor hacia la vida, nos ha dado y nos está dando, pues una larga lección de poesía. Aunque ya no estés aquí sigues estando en la memoria de los que te vieron, en los que yo me sé. Pero, como dijo el poeta: “La muerte viene siempre con nosotros / y nunca en balde”.
Francisco Arias Solis
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Gracias.
Foro Libre: Homenaje a Ángela Figuera Aymerich
FORO LIBRE
ASOCIACION CULTURAL, ARTISTICA Y LITERARIA (Fundada en 1992)
Francisco Arias Solís - Presidente ~ Plaza San Severiano, 2 ~ 11007 - CADIZ
e-mail: pazylibertad@arrakis.es
URL: http://www.arrakis.es/~aarias
“Donde veas
que el látigo o la espada se levantan
que la prisión redobla sus cerrojos,
que los fusiles amenazan muerte,
acércate y, a pecho descubierto,
lanza un tremendo NO que salve al mundo.”
Ángela Figuera Aymerich.
HOMENAJE DE FORO LIBRE A ÁNGELA FIGUERA AYMERICH
El próximo lunes, día 6, a las 20.00 horas, en la cafetería-restaurante El Cantábrico (Avda. Cayetano del Toro, 21 - Cádiz), la Asociación Cultural, Artística y Literaria FORO LIBRE celebrará un encuentro literario sobre la vida y la obra de la poetisa vasca Ángela Figuera Aymerich (1902-1984), con motivo del 25 aniversario de su muerte.
Ángela Figuera, una de las poetas más sobresalientes de posguerra, destaca entre los escritores de su tiempo por su fuerte personalidad humana y por su gran talento lírico. Su poesía es expresión sincera de un corazón solidario que busca un diálogo hermanador con las personas más allegadas y con los seres humanos en general
Figuera se inició en la poesía en una línea que la crítica calificó de “machadiana” por su apego a lo cotidiano y paisajístico, así como al mundo femenino, aspecto en el que cabe buscar la auténtica originalidad de esta poetisa que lleva a su quehacer poético el mundo de la esposa y madre de familia que era, bien que alejándose de tópicos e idealizaciones.
Ángela Figuera pertenece al primer grupo de la generación de postguerra que incorpora la realidad histórica a una poesía de motivaciones e intenciones sociales, que se ha llamado poesía social. “Mi poesía de hoy -escribía Angela Figuera- grita con el dolor de todos y denuncia con la rabia de todos. Y pretende también estar con todos los que saben su dolor y los que lo ignoran; los que buscan y los que caminan a ciegas. Y, si no puede salvarlos, al menos puede caminar con ellos”.
En el mundo de la poesía social se inscribe la mayor parte de su obra lírica desde Las cosas como son, pasando por títulos como Vencida por el ángel, El grito inútil, Los días duros, Belleza cruel, Primera Antología y Toco la tierra. Belleza cruel mereció un prólogo de León Felipe, mérito digno de ser señalado, dado que el poeta zamorano se había negado hasta ese momento a reconocer nada de lo que pudiera realizarse en el campo literario (ni en ningún otro) en la dictadura franquista. La frase “tampoco nos llevamos el canto”, con la que el poeta exiliado saludó a la poesía de Figuera muestra junto con la admiración su dolor por la patria perdida.
Francisco Arias Solís
No hagamos las paces con la guerra, ni tampoco levantemos guerras con la paz.
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“Donde veas
que el látigo o la espada se levantan
que la prisión redobla sus cerrojos,
que los fusiles amenazan muerte,
acércate y, a pecho descubierto,
lanza un tremendo NO que salve al mundo.”
Ángela Figuera Aymerich.
HOMENAJE DE FORO LIBRE A ÁNGELA FIGUERA AYMERICH
El próximo lunes, día 6, a las 20.00 horas, en la cafetería-restaurante El Cantábrico (Avda. Cayetano del Toro, 21 - Cádiz), la Asociación Cultural, Artística y Literaria FORO LIBRE celebrará un encuentro literario sobre la vida y la obra de la poetisa vasca Ángela Figuera Aymerich (1902-1984), con motivo del 25 aniversario de su muerte.
Ángela Figuera, una de las poetas más sobresalientes de posguerra, destaca entre los escritores de su tiempo por su fuerte personalidad humana y por su gran talento lírico. Su poesía es expresión sincera de un corazón solidario que busca un diálogo hermanador con las personas más allegadas y con los seres humanos en general
Figuera se inició en la poesía en una línea que la crítica calificó de “machadiana” por su apego a lo cotidiano y paisajístico, así como al mundo femenino, aspecto en el que cabe buscar la auténtica originalidad de esta poetisa que lleva a su quehacer poético el mundo de la esposa y madre de familia que era, bien que alejándose de tópicos e idealizaciones.
Ángela Figuera pertenece al primer grupo de la generación de postguerra que incorpora la realidad histórica a una poesía de motivaciones e intenciones sociales, que se ha llamado poesía social. “Mi poesía de hoy -escribía Angela Figuera- grita con el dolor de todos y denuncia con la rabia de todos. Y pretende también estar con todos los que saben su dolor y los que lo ignoran; los que buscan y los que caminan a ciegas. Y, si no puede salvarlos, al menos puede caminar con ellos”.
En el mundo de la poesía social se inscribe la mayor parte de su obra lírica desde Las cosas como son, pasando por títulos como Vencida por el ángel, El grito inútil, Los días duros, Belleza cruel, Primera Antología y Toco la tierra. Belleza cruel mereció un prólogo de León Felipe, mérito digno de ser señalado, dado que el poeta zamorano se había negado hasta ese momento a reconocer nada de lo que pudiera realizarse en el campo literario (ni en ningún otro) en la dictadura franquista. La frase “tampoco nos llevamos el canto”, con la que el poeta exiliado saludó a la poesía de Figuera muestra junto con la admiración su dolor por la patria perdida.
Francisco Arias Solís
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