sábado, 21 de abril de 2007

BEATRIZ GALINDO POR FRANCISCO ARIAS SOLIS

BEATRIZ GALINDO
(1475-1534).


“Como aquella Latina
que apenas nuestra vista determina
si fue mujer o inteligencia pura;
docta con hermosura
y santa en lo difícil de la corte.
¡Mas que no hará quien tiene a Dios por norte!”
Lope de Vega. El laurel de Apolo.

LA VOZ DE UNA MUJER SABIA.

El crecido número de mujeres “latinistas” en el Renacimiento ha hecho creer a algunos en la existencia de una cultura femenina renacentista extraordinariamente importante. Hubo desde luego, más sabias, en los siglos XVI y XVII, que en época alguna de nuestra historia; mas conviene tener presente que ello no permite, ni con mucho hablar de cultura femenina en un período en que casi la totalidad de las mujeres sabían apenas leer y escribir; y que, por lo tanto, esta cultura femenina renacentista tuvo, en España, un carácter eminentemente aristocrático, en todo cuanto este calificativo implica de reducción y selección.

Entre las escritoras que han dejado sus huellas impresas en algo más perdurable que los ditirambos de sus contemporáneos, de las que contribuyeron, con su propia obra, al desenvolvimiento y evolución del espíritu hispano, destaca Beatriz Galindo, una de las mujeres más célebres de nuestro Renacimiento.

El de la escritora salmantina es quizá, después del de la Reina Católica, el nombre de mujer más esclarecido de la época de la Reconquista, y si bien el apodo con que se ha perpetuado, la Latina, dice bastante en qué materia hubo de descollar su ingenio, es innegable que su influencia fue considerable sobre la intelectualidad de su época.

Humanista, maestra de príncipes y consejera de reinas. Beatriz Galindo une a su gran inteligencia la más elegante discreción. Nace en Salamanca, en el año 1475. Poco sabemos de su vida. Tal vez destinada a la vida religiosa, cambia el claustro por los estudios clásicos, que realiza en la Universidad de Salamanca. Adornada con las galas de una vastísima cultura y de una virtud acrisolada, la Reina Católica la nombra su camarera y la casa, en 1495, con Francisco Ramírez de Madrid, secretario del Rey, que murió en 1501, en la campaña de las Alpujarras. Ya viuda, la Latina se dedica por entero al estudio y a sus fundaciones entre las cuales destacan el hospital de la Concepción, inaugurado en 1529, y el Monasterio de la Concepción Jerónima. Beatriz Galindo falleció el 23 de noviembre de 1534, y fue enterrada en el Monasterio de la Concepción Jerónima, en un sepulcro junto al de su esposo, en el presbiterio de la iglesia.

Beatriz Galindo hizo mucho por las letras: dirigiendo personalmente una especie de academia filosófica en su fundación de la Concepción Jerónima; en sus Comentarios sobre Aristóteles; en sus Anotaciones sobre escritores clásicos antiguos; y puede decirse que la vida toda de tan peregrina mujer fue dedicada, mitad a obras piadosas y caritativas, y mitad a difundir y emular la afición a las letras clásicas. Su propio testamento, fechado en Madrid a 9 de noviembre de 1534, es una prueba palpable de su altura de ánimo, a la par que interesantísima descripción de las costumbres cortesanas de aquel siglo. Con razón Lope de Vega, en el Canto XIX de su Jerusalén conquistada, después de ensalzar el nombre de Francisco Ramírez, el héroe de Alhabar y del sitio de Málaga; añade: “Su querida Beatriz, su prenda amada, / por segunda Nicóstrata tenida, / célebre vivirá de gente en gente, / con nombre de latina eternamente”.


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Gracias.

LA PREPARACIÓN PARA LA PAZ POR FRANCISCO ARIAS SOLIS

LA PREPARACIÓN PARA LA PAZ

“Paz para toda la gente.
Se abran y cierren los ojos
del día tranquilamente.”
Rafael Alberti.

UN ESTADO DE PAZ

Prácticamente todos los países gastan sumas muy por encima de sus medios con el fin de aumentar o de poner al día (o ambas cosas a un tiempo) su aparato militar. Las razones o sinrazones, de tales dispendios son múltiples: hay que derrotar a un enemigo con el cual se está en guerra; hay que prepararse para repeler posibles ataques de uno o varios vecinos (que hacen, y dicen, lo propio); hay que contribuir a la defensa común de un grupo de naciones de acuerdo con tales o cuales pactos; hay que estar en forma para una guerra santa o cruzada ideológica, aunque sea por ventura (o desventura) contra los titulados “enemigos internos”...

La frecuente referencia al adagio romano si vis pacem para bellum: si quieres la paz, prepárate para la guerra; que para algunos constituye una prueba casi irrefutable de la necesidad de continuar la ya desbocada carrera armamentista, fuerza, a reflexionar un poco sobre el asunto.

Los romanos, no fueron, por cierto, unos inocentes pacifistas y no se quedaron atrás en lo que toca a preparativos y dispositivos bélicos. De hecho, guerrearon incesantemente hasta que quedó constituido su imperio, y siguieron guerreando en defensa de sus fronteras, tanto externas como, por así decirlo, internas. El poder militar romano fue constante y en muchos casos oprimente. En cuanto al poder civil -no pocas veces civil-militar-, se ejercitó sobre todo en las provincias, con notoria dureza. No tiene mucho de recomendable el tráfico de esclavos o la crucifixión de reales o supuestos malhechores. Tampoco son dignos de elogios los sangrientos espectáculos circenses.

¿En qué medida puede aplicarse el modelo romano, la pax romana, al mundo actual? No puede, o no debe, aplicarse si por tal modelo se entiende que una gran potencia tiene derecho, y no digamos el deber, de sojuzgar a todas las otras potencias grandes, medianas o chicas, ni siquiera con el pretexto de imponer la paz. Una pax americana, o una pax china -o la que fuera-, caso de que fuesen posibles, serían indeseables, entre otras razones porque se compararían con la servidumbre, y no es seguro, además, que no fueran un hervidero de posibles innumerables guerras. El mundo no es un botín a repartir entre potencias.

Por otro lado, si cada potencia se esforzara -para empezar- en mantener la paz dentro de su ámbito, y luego en mantener relaciones pacíficas con las demás potencias, se conseguiría algo de lo que tuvo de loable, el modelo romano. Así interpretado, este modelo consistiría en suponer que la finalidad a conseguir sería, en todo caso, un estado de paz dentro de un muy dilatado ámbito y, a la postre, en el mundo entero.

Nada de esto se consigue preparándose hasta el agotamiento para las guerras. Invirtiendo el apotegma romano, puede conseguirse preparándose para la paz.

La preparación para la paz es uno de los mayores desafíos -acaso el mayor desafío- al que tienen que hacer frente todas las potencias. Sin duda que semejante preparación no es tarea fácil. Se necesitan al efecto muchos cosas, algunas muy concretas. Pero una de ellas no es nada concreta: es una idea -una del tipo de las que Alfred Fouillé llamaba “ideas-fuerzas”. Por ejemplo, la idea de que en último término, la paz constituye un buen negocio. No para los fabricantes de armamentos, sino para todos los demás habitantes del mundo, que somos, después de todo, la inmensa mayoría. Es hora de empezar a pensar que los derroches llevan a la bancarrota. Y como exclamó el poeta: “¡Paz, paz , paz! Paz luminosa. / Una vida de armonía / sobre una tierra dichosa”.

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La peor paz es mejor que la mejor guerra. Aviso: Se ruega a los internautas que pongan en sus páginas el logotipo o banner de Internautas por la Paz y la Libertad que figura en la URL:http://www.arrakis.es/~aarias/internau.htm

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viernes, 20 de abril de 2007

LUCIANO FRANCISCO COMELLA POR FRANCISCO ARIAS SOLIS

LUCIANO FRANCISCO COMELLA Y VILAMITJANA
(1751-1812).

“Que nadie te ofenda, y darte
vida y libertad pretendo.”
Luciano Francisco Comella.
LA VOZ DE UN AUTOR DE TONADILLAS.

Hacia 1778 Luciano Francisco Comella se distingue como un autor de tonadillas, y en 1781 estrenó una de las producciones mayores: El puerto de Flandes, pieza en un acto; escribió luego numerosas comedias y piececillas, pero su primer gran éxito es con la Cecilia (!4 de julio de 1786), previamente estrenada en casa del marqués de Mortara, su protector, y en la que por cierto había servido como dama de la marquesa, su esposa Teresa Beyermón. Siguen, en la serie éxitos, Cecilia viuda (1787); Federico II, rey de Prusia (1788), al que siguieron otras dos partes, la Jacoba (!789), Luis XIV, El buen hijo (1790), etc. Unas 130 obras teatrales escribió Comella.

Luciano Francisco Comella y Vialmitjana nació en Vich el 13 de noviembre de 1751. Era hijo de José Comella y de Ana María Vilamitjana. El censor Santos Díez González, su implacable enemigo, afirma “que no ha seguido carrera de estudios”, sin que ningún dato lo contradiga. Trasladóse a Madrid en fecha desconocida y atendió a diversas ocupaciones, que pronto alternó con sus escritos teatrales; finalmente, cesó en aquellas y se dedicó a escribir “sin intermisión” para el teatro, según dice en una solicitud de ayuda económica suscrita en diciembre de 1789.

La popularidad, en franco desacuerdo con su situación económica, rebasó nuestras fronteras, y Moratín vio representar en Nápoles, a petición de S.M., el Federico, y, aparte ésta, otras obras de Comella fueron también aplaudidas por el público romano. El año 1792 fue nefasto para Comella; anunciado el estreno de La comedia nueva, de Moratín, nuestro autor, que se sentía retratado y escarnecido, elevó un memorial (27 de enero) para impedir la representación de la que juzgaba un “libelo difamatorio contra él, su mujer y su familia”, pero el censor estimó “que la queja de don Luciano es... ligera, y aun injuriosa a don Leandro Moratín”. Estrenóse, pues, y todos reconocieron y siguen reconociendo a Comella en el don Eleuterio. Es de observar que con muy distinto criterio se juzgaron El violeto universal y Los cuidados ajenos, donde el mismo censor tachó cuantas alusiones adivinó contra Moratín.

En agosto del citado 1792 murió Teresa Beyermón, y se le enterró de limosna; lo mismo sucedería en 1800, a la muerte de su hija Joaquina: tan precaria era la situación de Comella. Contrajo nuevo matrimonio con Josefa de Sala, siguió escribiendo incansablemente y en 1806 se trasladó a Barcelona, donde fue director de la Compañía organizada por el Ayuntamiento, estrenando por cierto y sin rencor, obras de Moratín.

Regresó a Madrid en 1808, siguiendo una más dura etapa, de vida oscura, hasta 1812; estrenó entonces La batalla de Arapiles, y el 31 de diciembre fallecía en Madrid, siendo enterrado de limosna como su primera mujer y su hija. Y como dijo el autor en su obra La esclava del Negro Ponto: “Aquí la muerte quiero esperar por consuelo”.
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Gracias.

LAS MINORÍAS LECTORAS POR FRANCISCO ARIAS SOLIS

LAS MINORÍAS LECTORAS

“Hoy como ayer, mañana como hoy,
¡y siempre igual!”
Gustavo Adolfo Bécquer.

BUEN LECTOR Y BUEN ESCRITOR
CASI SIEMPRE VAN JUNTOS

Aquella pregunta paradójica de Larra: “En España no se lee porque no se escribe o no se escribe porque no se lee”, sigue teniendo todavía vigencia equívoca. Claro es que en España ahora, hoy como ayer, se lee y escribe tanto, y podría añadirse que tan mal, como en cualquier parte del mundo. Las minorías lectoras o escritoras son aproximadamente las mismas que fueron. Y si hay desproporción con las de otros países europeos, también hay, con el pasado remoto, equivalencias. Y en cuanto a la inmensa mayoría de habladores y charlatanes creo que se ha variado bastante poco. Todo el mundo habla. Casi nadie escucha. Y algunos leen. Otros pocos escriben.

Desde el “yo escribo como hablo” de Juan de Valdés, que señaló el rumbo hablado y escrito, desde el Renacimiento a nuestra mejor literatura, hasta hoy, en España, se lee y se escribe mucho menos que se habla. Cosa, por otra parte, natural y que en todas partes sucede. Lo que importa es averiguar cómo lo escrito, lo leído y lo hablado se corresponden. Y no si se lee mucho, o se escribe mucho, o poco, sino el “qué” y “cómo”. “¿Para quién se escribe?”, se preguntaba Malraux por los años dramáticos del mil novecientos treinta y tantos al cuarenta. ¿Pues quiénes leen? Pues, ¿se lee y se escribe para alguien? Nietzsche decía que escribía “para todos y para ninguno”. Cosa bastante cierta y que puede afirmar cualquier escritor. Pero al mismo tiempo, nos decía que había que “escribir con sangre”. Lo que es menos frecuente desde luego.

Preguntémonos, siguiendo el equívoco decir de nuestro Larra: ¿se lee porque se escribe o se escribe porque se lee? Porque si es verdad que se aprende a escribir leyendo, no es menos verdad que escribiendo es como mejor se aprende a leer. Buen lector y buen escritor casi siempre van juntos. Hay que desconfiar de los escritores que no leen o que dicen que no leen; mienten o están a dos pasos del peor charlatanismo palabrero.

Nuestro viejo país es poseedor de una extensa y profunda, riquísima herencia cultural, lo que quiere decir que atesora -en pie o en ruinas- admirables “obras de arte” y pensamiento. En bien instaladas bibliotecas se guardan millones de libros que una vida humana dedicada exclusivamente a la lectura no alcanzaría a leer siquiera en una milésima parte, sin embargo, el conjunto o conjuntos elegidos de ese inmenso caudal forma series de muchísimo menor volumen y asequible, por tanto, el estudioso o al lector cualquiera que curiosea entre tantos libros aquellos que responden a su interés.

Hoy, ahora, como ayer, como antes, una actitud rebelde ante la cultura tradicional adopta una voluntad decidida de rechazo total de esos heredados tesoros, cuya eficacia viva depende de quien los hereda; por lo que dijo Goethe que la cultura “se conquista”. Y como la vida y la libertad, día a día, cada día. Pero también hubo, diríamos, tras los conquistadores (humanistas del Renacimiento) sucesivos “colonizadores”, y sus consiguientes “explotadores” de esas inmensas, riquísimas herencias de arte y pensamiento. Conquistadores y colonizadores de esos mundos espirituales, leen, escriben, hablan. El lenguaje en que se lee, se escribe y se habla, pertenece a esa herencia misma, a su tradición viva; leída, escrita, hablada. Tradición es lenguaje vivo. En el espacio y en el tiempo. Piedras que hablan como los libros. Libros que hablan como las piedras. “Lenguaje que es paisaje, paisaje que es lenguaje”, escribió Unamuno; “historia que es naturaleza, naturaleza que es historia”. Se escribe, se lee, como se habla. Sí, pero, ¿cómo?. Al “escribo como hablo” de Valdés, podemos añadir otro dicho cercano: el del poeta andaluz Juan Ramón Jiménez cuando decía: “yo escribo como mi madre habla”. Justo. Se habla, se escribe, se lee, oyendo, escuchando. Para lo que hace falta cultivar muy singularmente el oído, ese tercer oído del que nos dijo Nietzsche que percibe la “armonía a su superior”. Y no solamente, pensamos, en la poesía, sino en la historia. Oír, escuchar, primero; hablar, escribir, leer, después. El español parece que tiende por naturaleza, o hábito natural, a ver, a mirar mucho, y a escuchar poco. En general podría decirse que lee poco, escribe menos, y habla mucho, y casi siempre mal. Y muy pocas veces “de oídas” sino más bien “de vistas”; y hasta de lo que vio y no oyó. Lectores, escritores, habladores, de más vista que oído me parece a mí que solemos ser los españoles. ¿Visionarios por esto? ¿Soñadores? No sé. Lo que me parece es que eso de darle un “vistazo” a las cosas como a los libros es muy característico español.

“Las paredes oyen” en España, según dicho vulgar y popular; oyen, pero no escuchan. De aquí, aquel viejo cantar: “Tú me estás oyendo hablar / como las paredes oyen: / oyendo sin escuchar”.

Francisco Arias Solise-mail: aarias@arrakis.esURL: http://www.arrakis.es/~aarias


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jueves, 19 de abril de 2007

FORO LIBRE: HOMENAJE A EDGAR NEVILLE

FORO LIBRE
ASOCIACION CULTURAL, ARTISTICA Y LITERARIA

Francisco Arias Solís - Presidente ~ Plaza San Severiano, 2 ~ 11007 - CADIZ
e-mail: pazylibertad@arrakis.es
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“El humor es el lenguaje que emplean las personas
inteligentes para entenderse con sus iguales.”
Edgar Neville.

HOMENAJE DE FORO LIBRE A EDGAR NEVILLE

El próximo lunes, día 23, a las 20.30 horas en la cafetería-restaurante El Cantábrico (Avda. Cayetano del Toro, 21, Cádiz), la Asociación Cultural, Artística y Literaria FORO LIBRE celebrará un encuentro literario sobre la vida y la obra del autor de comedias y poeta madrileño Edgar Neville (1899-1967), con motivo del 40º aniversario de su muerte.

Neville es, junto otros autores, el creador de una literatura en la que la evasión, la imaginación y el humor rompen la monotonía del vivir y en la que se nos ofrece una visión optimista y a la vez humanizadora de la vida. Escritores como Edgar Neville, López Rubio y Ruiz Iriarte trabajaron concienzudamente y con éxito basándose en el principio de que una obra ha de dar al público exactamente lo que éste desea, y que lo que quiere es algo que refleje de un modo reconocible el mundo real, pero de forma que lo haga más atractivo y divertido de lo que realmente es.

Sus amigos en la primera etapa de su producción literaria eran Tono, López Rubio y García Lorca, con quien estrecha su amistad a raíz del concurso de cante jondo organizado en 1922 en Granada. Tres años más tarde se casa con Ángeles Rubio Argüelles y Alessandro, de origen malagueño. Asistente asiduo a la tertulia del Pombo. En Hollywood formó parte del círculo de amistades de Chaplin y allí desarrollará una interesante labor cinematográfica. Su éxito como autor de comedias llegó con El baile. Su último estreno tuvo lugar a finales de mayo de 1963, con una obra titulada La extraña noche de bodas. A partir del años siguiente se dedica fundamentalmente a la poesía. Ángel Caffarena edita casi toda la obre poética en las famosas publicaciones de la Librería Anticuaria El Guadalhorce de Málaga. Las constantes poéticas del autor serán el sentimiento amoroso con diversos matices y Andalucía.

La figura de Edgar Neville se nos presenta rodeado de un hilo de elegancia, ingenio, generosidad y tolerancia, el encanto de los felices años, junto con un fino escepticismo y una permanente contradicción, están presentes en su vida y en su obra.

Francisco Arias Solis
Se ama la libertad como se ama y se necesita el aire, el pan y el amor. Aviso: Se ruega a los internautas que pongan en sus páginas el logotipo o banner de Internautas por la Paz y la Libertad que figura en la URL:http://www.arrakis.es/~aarias/internau.htm

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miércoles, 18 de abril de 2007

LOS RIESGOS DE LA CENSURA POR FRANCISCO ARIAS SOLIS

LOS RIESGOS DE LA CENSURA.

“Fiel esclavo del deber,
con tu excelente temple
todo lo has de poder.
Has convertido este pueblo
que te dimos ruinoso,
en un precioso vergel
de un ambiente delicioso.”
Jaime Tur.(Premio extraordinario de unos
Juegos Florales de 1964).

TACHADO CON LAPIZ ROJO.

La censura de prensa ha sido casi una constante en las últimas décadas de nuestra historia. Hasta hace unos treinta años, la prensa sólo podía referirse -salvo a amplia dedicación del deporte. a pequeños problemas de carácter local-municipal. Llegaron a circular -incluso- los conceptos “crítica constructiva” y “crítica negativa”, definiéndolas en el sentido de que la “crítica constructiva” consistía en señalar defectos y apuntar soluciones, mientras “crítica negativa” era aquello que apuntaba defectos sin señalar soluciones. En el fondo tratábase de un juego de palabras sin consonancia con la realidad, pues un periodista podrá denunciar la falta de empleo y de industrias en un municipio. Pero no va a publicar -junto a su artículo- el plano de los terrenos en que estas industrias pueden construirse y el número de puestos de trabajo de cada una de ellas. Sería tanto como convertir las páginas de prensa en un “Pleno del Ayuntamiento”. Pero ambos conceptos prosperaron y eran escasísimos los articulistas que se arriesgaban a señalar defectos por miedo a ser clasificados como “contumaces de la crítica negativa” y, por tanto, desafectos al régimen.

La mayoría de los directores de periódicos y revistas mandaban a las oficinas de censura las galeradas y se aguantaban con todo lo que el lápiz rojo tachaba. Ante la ausencia de protestas, quejas y reclamaciones los funcionarios que ejercían la censura acababan por considerarse infalibles.

Esto fue produciendo en el país una tendencia al elogio desmesurado, a la “coba” galopante que hacía perder el sentido a las más modestas autoridades administrativas, mareadas de tanto incienso lingüístico.

Normalmente, a nadie que concurre a unos juegos florales organizados por un ayuntamiento se le ocurre mandar una poesía piropeando al alcalde del ayuntamiento ese. Normalmente, los concejales que intervienen en el fallo de unos juegos florales organizados por el ayuntamiento al que pertenecen, rehusarían conceder el más mínimo galardón -y mucho menos un “premio extraordinario”- a una composición lírica integramente inspirada por el deseo de dar “coba” al excelentísimo señor alcalde que los preside. Pero la manía, fomentada por la censura, de confundir personas con el cargo y de creer que el elogio a las personas equivalía a dar pruebas de inquebrantable adhesión al régimen, produce manifestaciones literarias como la del premio extraordinario de esos Juegos Florales en el año 1964 que, terminaban con estos versos: “Adelante siempre en tu empeño / que jamás desmaye tu afán. / Que podamos gritar muy fuerte: / ¡Viva el alcalde de Flix! / ¡Viva Francisco Sanjuan!”.

Al desaparecer la censura, quienes desempeñaban cargos empezaron a ser criticados en su gestión; y se irritaban. En cuanto a los ciudadanos que compraban y leían los periódicos empezaron a enterarse de cosas que ignoraban. “¡Qué barbaridad! ¿De dónde habrá salido tanto paro, tanto “déficit” de viviendas, tanta pobreza, tanta corrupción, tanto pluriempleo, tanta droga y tantas ansias de mandar?”, pensaban abrumados.

Después de tantos años sin lápiz rojo, todavía, son muchos los administradores que no se han acostumbrado a que su gestión sea fiscalizada, lo que hace que sean muchos los administrados que pierden su serenidad cuando se enteran de “golpe” de tantos problemas como los circundan. Y es que, todavía quedan administradores como aquél del poema: “¡Era el que quiere en su pueblo / mandar siempre, y le es igual / ser de fulano o mengano / de este tal o de otro cual!...”

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martes, 17 de abril de 2007

JOSÉ MOR DE FUENTES POR FRANCISCO ARIAS SOLIS

JOSE MOR DE FUENTES
(1762-1848)

“Y, ¡cuán dichoso quien aquí viviendo,
sin ansiar imposibles, llegar mira
días y días de placer cargados,
y jamás un suspiro
fuera envió del confín de su retiro!”
José Mor de Fuentes. La soledad.

LA VOZ DE UN LITERATO DESVALIDO

Entre los títulos más relevantes de la obra de este literato aragonés se cuentan Poesías varias, La Serafina, El calavera, El egoísta, Las estaciones y Elisa.

José Mor de Fuentes nació en Monzón, provincia de Huesca, y fue bautizado el 11 de junio de 1762. Eran sus padres don Francisco Mor y doña Benita Pano, apellido que luego sustituyó por el de Fuentes. Hizo sus primeros estudios en Zaragoza, en cuya Universidad permaneció tres años, graduándose de Bachiller el curso 1776-1777. Enviáronle a Toulouse, donde mejoró sus conocimientos de francés y latín, y aprendió griego. Pasó entonces a Vergara, y en su Seminario cursó Humanidades. Eligió la carrera de Marina, en clase de ingeniero, siendo destinado a Cartagena, y luego a la comisión de cortes de madera de la Sierra de Segura, hacia 1792. Algún tiempo después volvía a Cartagena y embarcaba para la acción de Tolón (1793); estuvo luego en Italia, y cuando, terminada la guerra con Francia (1795), fue destinado al arsenal cartagenero, se dedicó a las tareas literarias para concluir pidiendo la licencia y marchar a Zaragoza en abril de 1796.

Tras una estancia en Madrid (1797-1798), vuelve a la ciudad del Ebro en 1799 y regresa a la Corte en el año siguiente. Por estas fechas obtiene la separación definitiva de la Marina, quedando “reducido a la tristísima situación de un literato desvalido y menesteroso”, según propias palabras. Nombrado director del Seminario de Santander (1802), se indispuso al cabo con la Diputación y regresó a Madrid, tras una estancia en Zaragoza, por la primavera de 1804. De aquí huyó el 4 de mayo de 1808, y recorrió media España sobrado de inquietud y verbo, aunque sin aceptar mando de fuerzas.

Desde 1812 a 1813 dirigió El Patriota, de carácter liberal, por lo que al llegar el año 1814, se refugió en Zaragoza. Regresó a la capital en 1820, sin obtener gran fruto político; no obstante, al terminar el período constituyente escapó de nuevo hacia su refugio aragonés.

José Mor de Fuentes estuvo en París el año 1834, de donde salió gracias a la caridad de don Domingo Aguilera, hermano del marqués de Cerralbo. Permaneció algún tiempo en Barcelona, empeorando cada vez más su situación económica; casi en la indigencia se trasladó a Monzón, donde fue acogido por un sastre remendón, en cuya casa murió el 3 de diciembre de 1848, olvidado de todos y en la más completa miseria. Y como dijo el poeta: “Profundo valle, despeñado arroyo / sombría margen, murmurando selva / aquí, en vuestro recinto retirado, / mi pecho zozobroso / halla su ansiado, plácido reposo”.

Francisco Arias Solise-mail: aarias@arrakis.esURL: http://www.arrakis.es/~aarias
Paz, queramos paz.
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