FORO LIBREASOCIACION CULTURAL, ARTISTICA Y LITERARIA
Francisco Arias Solís - Presidente ~ Plaza San Severiano, 2 ~ 11007 - CADIZ
e-mail: pazylibertad@arrakis.es
URL: http://www.arrakis.es/~aarias
“¡Quién me volviera las fugaces horas,¡ay!, tan fugaces cuanto fueron bellas,cuando en las playas de la mar sonoracontemplaba la luz de las estrellas!”Salvador Bermúdez de Castro.
HOMENAJE DE FORO LIBRE A SALVADOR BERMÚDEZ DE CASTRO
El próximo lunes, día 17, a las 20.00 horas, en la cafetería-restaurante El Cantábrico (Avda. Cayetano del Toro, 21 - Cádiz), la Asociación Cultural, Artística y Literaria FORO LIBRE celebrará un encuentro literario sobre la vida y la obra del poeta jerezano Salvador Bermúdez de Castro (1817-1883), con motivo del 125º aniversario de su muerte.
En el “annus mirabilis” -1840- reunió Bermúdez de Castro, el “melancólico poeta” como le llamó Valera, sus composiciones poéticas en un volumen que tituló Ensayos poéticos, pero que contiene poemas de considerable valor –“Los deleites”, “Los astros y la noche”, “La eternidad de Dios”, “La libertad”, “La muerte” , “El pensamiento”-, por los cuales merece ser contado entre los mejores poetas de aquel periodo, aunque el olvido ha caído injustamente sobre su obra. En sus poemas puede ejemplificarse la evolución desde las formas desatadamente románticas y del medievalismo caballeresco hasta el reposo, la serenidad y el intimismo melancólico. El pesimismo escéptico inspira muchas de sus composiciones. “Tal vez –dice Bermúdez de Castro- en estos ensayos hay algunos que son tristes muestra de un escepticismo desolado y frío. Lo sé, pero no es mía la culpa; la culpa es de la atmósfera emponzoñada que hemos respirado todos los hombres de la generación presente”.
El gobierno francés premió a Salvador Bermúdez de Castro, duque de Ripalda, con la gran cruz de la Legión de Honor. Representó en las Cortes el distrito de Algeciras. Fue nombrado ministro de Nápoles. Embajador en París y senador. Residente en Roma en los últimos años de su vida, fue restaurador de la famosa villa Farnesina, propiedad del rey de Nápoles, que se la había cedido en enfiteusis. Gracias al esfuerzo de este ilustre jerezano no se han perdido los frescos de Rafael y de otros insignes pintores de la villa Farnesina, celebérrima en el arte.
El poeta jerezano enriqueció la poesía de su tiempo en el tema de la naturaleza, cantando su amor a Andalucía, como otros poetas, hicieron en sus regiones respectivas, e interpretó los acontecimientos de su época a la luz de las ideas y los problemas europeos, lo cual le diferencia de sus colegas contemporáneos, en quienes predomina la nota nacional y sentimental. Formó parte del grupo de jóvenes que se sentían entusiasmados por la revolución literaria de 1835, sirviendo de modelo a otros poetas que dieron impulso a la nueva escuela.
No hagamos las paces con la guerra, ni tampoco levantemos guerras con la paz.
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Gracias.
jueves, 13 de marzo de 2008
miércoles, 12 de marzo de 2008
LA EMOCION DEL ESTILO POR FRANCISCO ARIAS SOLIS
LA EMOCION DEL ESTILO
“Tardará mucho tiempo en nacer, si es que nace,
un andaluz tan claro, tan rico de aventura.
Yo canto su elegancia con palabras que gimen
y recuerdo una brisa triste por los olivos.”
Federico García Lorca.
CON PUREZA DE ESTILO
“Una de las maravillas del cante jondo -nos dijo Federico García Lorca-, aparte de la esencial melódica, consiste en los poemas”. Poesía, música y ritmo se conjuntan para expresar acordes del mundo íntimo del cantaor. Lo más verdadero de su ser. Su verdad que salta a los labios. Para cantar como quiere. Para cantar de verdad. Y Belmonte nos dejó dicho:”El toreo al que falta poesía no es toreo”.
“El arte mágico de torear tiene también su música –nos dijo Bergamín- y es lo mejor que tiene”. La emoción del toreo, para el que lo hace como para el que lo ve, nace de esa música callada y de un pensamiento conmovido. “A cada pase que daba, se me saltaban las lágrimas”, dijo famosamente Rafael el Gallo. Y García Lorca cantó la elegancia de Ignacio Sánchez Mejías “con palabras que gimen”.
Decía Ortega y Gasset: “la historia de las corridas de toros revela algunos de los secretos más recónditos de la vida nacional española durante casi tres siglos...” Y tenía razón Ortega. Goya, Picasso, Alberti, García Lorca, Gerardo Diego, José Bergamín, Miguel Hernández, Mariano Benlliure, Sebastián Miranda..., los toros, absorben, reciben y vuelcan una parte importante de la poesía y el arte español.
No hace mucho, se realizó una encuesta en España para recoger opiniones de personas relacionadas con el arte flamenco (Cantaores, tocaores, aficionados, etc.) sobre el papel de Lorca en la expansión y revitalización del cante, y solamente ocho de cincuenta interrogados supieron contestar con precisión, es decir, sólo el dieciséis por ciento de los encuestados conocía la relación Lorca-flamenco. Para los restantes, Lorca era únicamente un gran poeta español. La encuesta no pudo ser más desoladora ya que todos los encuestados, como se ha dicho, estaban, directa o indirectamente, relacionados con el mundo del flamenco.
Nunca se ha subrayado suficientemente la influencia de Federico de García Lorca en el flamenco ni se ha reconocido la trascendencia que tuvo su decisión de celebrar aquel primer concurso del Cante Jondo en Granada, para restituir a la canción andaluza toda su belleza.
Manuel de Falla y Federico García Lorca prestan el inapreciable servicio de buscar para darle nueva luz, el auténtico cante. Junto a ellos, toda una pléyade de artistas y escritores con inquietudes, y en primerísima fila, Manuel Ángeles Ortiz. Federico y Ángeles Ortiz, recorren prácticamente toda Andalucía y especialmente su tierra granadina en busca de aquellos que cantasen con pureza de estilo.
Según Ricardo Molina, lo que el cante flamenco expresa son sentimientos e intuiciones radicales de hombre; de ahí su profundidad u hondura que le valió el epíteto de jondo. En virtud de esa inspiración profundamente humana, el cante flamenco es universal, a la vez que español y andaluz.
Alguien ha dicho que, todos los sentimientos, así como, todas las grandes ideas que constituyen la inspiración están expresados en el flamenco, con una gran sobriedad y extraordinaria maestría que no puede por menos de llamar la atención. No hay nada más profundamente poemático que los tres versos de esta siguiriya: “Si acasito muero mira que te encargo / que con las trenzas de tu pelo negro / me ates las manos”.
En el toreo, como en el baile y en el cante, no hay más que una emoción verdadera y viva, la estética, artística o poética; y que es la única verdaderamente, profundamente, vivamente humana: la emoción del estilo. “Para mí -decía Belmonte- aparte de las cuestiones técnicas, lo más importante en la lidia, sean cuales sean los términos en que ésta se plantee, es el acento personal que en ella pone el lidiador. Es decir, el estilo. El estilo es también el toreo. Se torea como se es”. Cuando un periodista interroga a Rafael el Gallo sobre cuáles fueron los toros que toreó peor, contesta el Gallo. “Los que tenían mi contraestilo”. Joselito, Belmonte y el Gallo fueron los primeros en enterarse, en darse cuenta o “tomar conciencia” -como se dice ahora- de ese arte, de esa poesía, o creación del toreo.
“Lo que vale en el cante -decía Manuel Torre- el famoso cantaor-, es el gusanillo que se mete dentro”. Esto es verdad del cante, del baile, como de la poesía y del toreo. Y a esas cuatro cosas se les mete dentro ese “gusanillo” que decía Manuel Torre, y al que Federico García Lorca, llamó el “duende”.
El cante flamenco suele impresionar por su espontaneidad, desnudez y simplicidad. Su lenguaje es el de todos los días, que es el lenguaje de la emoción sincera. En el cante flamenco hay un grito para cada dolor, una sonrisa para cada esperanza, una lágrima para cada desengaño, un suspiro para cada recuerdo.
En esta vieja tierra del Sur cuando la guitarra acompaña a la soleá, ella misma parece que se queja y llora. Y como dijo Federico: “Es imposible / callarla. / Llora por cosas lejanas.” Llanto sin lágrimas. Como dice este antiguo cante: “Las fatigas que se cantan / son las fatigas más grandes, / porque se cantan llorando / y las lágrimas no salen.”
Francisco Arias Solise-mail: aarias@arrakis.esURL: http://www.arrakis.es/~aarias
WIKIPEDIA: http://es.wikipedia.org/wiki/Francisco_Arias_Sol%C3%ADs
Siempre podemos hacer algo por la paz y la libertad. Aviso: Se ruega a los internautas que pongan en sus páginas el logotipo o banner de Internautas por la Paz y la Libertad que figura en la URL:http://www.arrakis.es/~aarias/internau.htm
Gracias.
“Tardará mucho tiempo en nacer, si es que nace,
un andaluz tan claro, tan rico de aventura.
Yo canto su elegancia con palabras que gimen
y recuerdo una brisa triste por los olivos.”
Federico García Lorca.
CON PUREZA DE ESTILO
“Una de las maravillas del cante jondo -nos dijo Federico García Lorca-, aparte de la esencial melódica, consiste en los poemas”. Poesía, música y ritmo se conjuntan para expresar acordes del mundo íntimo del cantaor. Lo más verdadero de su ser. Su verdad que salta a los labios. Para cantar como quiere. Para cantar de verdad. Y Belmonte nos dejó dicho:”El toreo al que falta poesía no es toreo”.
“El arte mágico de torear tiene también su música –nos dijo Bergamín- y es lo mejor que tiene”. La emoción del toreo, para el que lo hace como para el que lo ve, nace de esa música callada y de un pensamiento conmovido. “A cada pase que daba, se me saltaban las lágrimas”, dijo famosamente Rafael el Gallo. Y García Lorca cantó la elegancia de Ignacio Sánchez Mejías “con palabras que gimen”.
Decía Ortega y Gasset: “la historia de las corridas de toros revela algunos de los secretos más recónditos de la vida nacional española durante casi tres siglos...” Y tenía razón Ortega. Goya, Picasso, Alberti, García Lorca, Gerardo Diego, José Bergamín, Miguel Hernández, Mariano Benlliure, Sebastián Miranda..., los toros, absorben, reciben y vuelcan una parte importante de la poesía y el arte español.
No hace mucho, se realizó una encuesta en España para recoger opiniones de personas relacionadas con el arte flamenco (Cantaores, tocaores, aficionados, etc.) sobre el papel de Lorca en la expansión y revitalización del cante, y solamente ocho de cincuenta interrogados supieron contestar con precisión, es decir, sólo el dieciséis por ciento de los encuestados conocía la relación Lorca-flamenco. Para los restantes, Lorca era únicamente un gran poeta español. La encuesta no pudo ser más desoladora ya que todos los encuestados, como se ha dicho, estaban, directa o indirectamente, relacionados con el mundo del flamenco.
Nunca se ha subrayado suficientemente la influencia de Federico de García Lorca en el flamenco ni se ha reconocido la trascendencia que tuvo su decisión de celebrar aquel primer concurso del Cante Jondo en Granada, para restituir a la canción andaluza toda su belleza.
Manuel de Falla y Federico García Lorca prestan el inapreciable servicio de buscar para darle nueva luz, el auténtico cante. Junto a ellos, toda una pléyade de artistas y escritores con inquietudes, y en primerísima fila, Manuel Ángeles Ortiz. Federico y Ángeles Ortiz, recorren prácticamente toda Andalucía y especialmente su tierra granadina en busca de aquellos que cantasen con pureza de estilo.
Según Ricardo Molina, lo que el cante flamenco expresa son sentimientos e intuiciones radicales de hombre; de ahí su profundidad u hondura que le valió el epíteto de jondo. En virtud de esa inspiración profundamente humana, el cante flamenco es universal, a la vez que español y andaluz.
Alguien ha dicho que, todos los sentimientos, así como, todas las grandes ideas que constituyen la inspiración están expresados en el flamenco, con una gran sobriedad y extraordinaria maestría que no puede por menos de llamar la atención. No hay nada más profundamente poemático que los tres versos de esta siguiriya: “Si acasito muero mira que te encargo / que con las trenzas de tu pelo negro / me ates las manos”.
En el toreo, como en el baile y en el cante, no hay más que una emoción verdadera y viva, la estética, artística o poética; y que es la única verdaderamente, profundamente, vivamente humana: la emoción del estilo. “Para mí -decía Belmonte- aparte de las cuestiones técnicas, lo más importante en la lidia, sean cuales sean los términos en que ésta se plantee, es el acento personal que en ella pone el lidiador. Es decir, el estilo. El estilo es también el toreo. Se torea como se es”. Cuando un periodista interroga a Rafael el Gallo sobre cuáles fueron los toros que toreó peor, contesta el Gallo. “Los que tenían mi contraestilo”. Joselito, Belmonte y el Gallo fueron los primeros en enterarse, en darse cuenta o “tomar conciencia” -como se dice ahora- de ese arte, de esa poesía, o creación del toreo.
“Lo que vale en el cante -decía Manuel Torre- el famoso cantaor-, es el gusanillo que se mete dentro”. Esto es verdad del cante, del baile, como de la poesía y del toreo. Y a esas cuatro cosas se les mete dentro ese “gusanillo” que decía Manuel Torre, y al que Federico García Lorca, llamó el “duende”.
El cante flamenco suele impresionar por su espontaneidad, desnudez y simplicidad. Su lenguaje es el de todos los días, que es el lenguaje de la emoción sincera. En el cante flamenco hay un grito para cada dolor, una sonrisa para cada esperanza, una lágrima para cada desengaño, un suspiro para cada recuerdo.
En esta vieja tierra del Sur cuando la guitarra acompaña a la soleá, ella misma parece que se queja y llora. Y como dijo Federico: “Es imposible / callarla. / Llora por cosas lejanas.” Llanto sin lágrimas. Como dice este antiguo cante: “Las fatigas que se cantan / son las fatigas más grandes, / porque se cantan llorando / y las lágrimas no salen.”
Francisco Arias Solise-mail: aarias@arrakis.esURL: http://www.arrakis.es/~aarias
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martes, 11 de marzo de 2008
ESCRITORAS MARGINALES POR FRANCISCO ARIAS SOLIS
ESCRITORAS MARGINALES
“Sólo con la confianza
vivo de que he de morir;
porque muriendo, el vivir
me asegura mi esperanza:
muerte do el vivir se alcanza
no te tardes que te espero,
que muero porque no muero.”
Santa Teresa de Jesús.
AL MARGEN DE LA LITERATURA ESPAÑOLA FEMENINA
La cultura de la mujer, desde luego, no ha sido entre nosotros “fuerza de mayoría” hasta hace muy poco... si es que ya lo es. Sin embargo, siendo manifestación de minoría dio frutos más escogidos que en muchos otros países, que se tienen por más adelantados, en lo que al progreso de la mujer respecta. Esto, suponiendo que haya habido jamás, ni haya tampoco hoy día, país alguno en que la cultura -no la enseñanza, sino lo que por cultura deba entenderse- se halle difundida hasta el punto de estar generalizada. Ni entre las mujeres, ni entre los hombres, la cultura ha sido nunca bien abundantemente repartida.
Ahora bien; todos los autores que han estudiado la literatura española femenina, o, más explícitamente, las manifestaciones de ingenio femenino español, citan multitud de nombres. Parece como si en tal materia lo esencial fuese la cantidad.
Considerar como escritoras, como se ve en ciertos estudios, a todas las mujeres de quienes perduran escritos, así sean éstos tan pocos literarios como los memoriales presentados al Santo Oficio por la Pampana, en el proceso que le fue incoado en Ciudad Real en los años 1483 a 1484, nos parece un punto exagerado. Y nada digamos cuando la producción literaria se limita, cual la de Beatriz González, a dar cuenta a la Inquisición de Toledo, que la procesó por judaizante en 1530, de las prácticas que se le imputaban, tales como hacer bañar a su hijo en vísperas de boda, o encender candiles nuevos los viernes; o, cual la de Isabel de Granada, que sólo consta de una carta en que niega ser tan discreta como pregonaba la fama.
Escritos hay, mencionados entre la producción literaria femenina española, tan ajenos a la literatura como esa Relación de todas sus enfermedades, que hubo de hacer, por obediencia, la Madre Francisca de Jesús, en agosto de 1604.
Idéntico propósito nos debe hacer pasar por alto personalidades cuya fama se debe antes a un apellido ilustre, o a las relaciones que sostuvieron con ilustres personajes, que a la que su propio valor pudiera granjearles: el haber llegado hasta nosotros el nombre de Clementa Piña, verbigracia, obedece tan sólo a la amistad que unía a su padre a Lope de Vega, quien le dedicó El Domine Lucas, y le dejó por testamento cincuenta libros de su estudio, rogándole creyese “que quisiera que fueran otras tanta joyas de diamantes; pero piedras preciosas son los libros”, y a haber sacado de pila, el 26 de agosto de 1617, a Antonia Clara, la hija que el Fénix de los Ingenios hubo en doña Marta de Nevares.
Igualmente, de no pocas escritoras consideradas como tales, las únicas referencias que tenemos son las alabanzas que les dedicaron sus contemporáneos.
El feminismo, y aun en el sentido que actualmente tiene esta palabra, no es ni con mucho, cosa nueva o moderna. Tiempo ha que mujeres de espíritu inquieto intentaron laborar por el mejoramiento social de sus compañeras y la enmienda de leyes que estimaban injustas, o vejatorias, para con su sexo. Feministas hubo, como Sor María de Santa Isabel que a la par que proclamaba su feminismo merece por sus versos, ser considerada como una de las mejores poetisas de su tiempo. Y asimismo la hubo, como doña Isabel de Liaño que debe ser citada entre las que pudiéramos llamar feministas “a secas” -ya que su producción literaria no merece salir del olvido en que yace desde que salió a la luz.
Una dificultad con que se tropieza al estudiar nuestra literatura femenina, y que es preciso tener muy en cuenta, es la del problema de los apócrifos y seudónimos.
En las épocas anteriores al siglo XV sobre todo, conviene andar con mucho tiento para no incurrir en los más crasos errores. De María Cervellón, por ejemplo (1230-1290), cuyas Sentencias fueron publicadas cinco siglos después por Esteban de Corbera, no falta quien considere los escritos completamente apócrifos.
Más tarde, se dio gran abundancia de “literatas ficticias”, o sea de autores que publicaban sus obras con nombre de mujer. La más famosa de estas “fingidas” fue Oliva Sabuco de Nantes, a quien su padre, Miguel Sabuco, “endosó”, nada menos que la Nueva Filosofía de la naturaleza del hombre y La vera medicina. Treta bastante hábil, que llevó a Lope de Vega a calificar a doña Oliva nada menos que de “musa décima”. Si embargo, posteriormente don Miguel Sabuco se vio obligado a declarar ser él el autor del libro intitulado Nueva Filosofía.
Los seudónimos femeninos plantean una cuestión no menos ardua de resolver. En el siglo XVIII abundan extraordinariamente, y, de varios, es fuerza suponer que encubrían firmas masculinas. Fue, éste, artificio muy gustado por aquel tiempo. Había “La Sensible”, ”La Chinilla”, “La Observadorcilla”, ”La Principianta”, “La Defensora de la Belleza”, “La Petimetra”, “Doña X”, “La Pastora”, etc. En su mayoría, sus escritos quedan al margen de la literatura. Son consejos; protestas “en defensa de las colas de las faldas”, “Cartas de una madre a su hija que va a tomar estado”, etc.
Al menos puede abonarse en favor de estas escritoras “disimuladas”, o de estos escritores más disimulados aún, que no eran petulantes. “La sensible Gaditana”, por ejemplo, mandaba sus versos al Diario de Madrid (que los publicó en fecha del 22 de junio de 1796), si bien, por su desenfado, los versos más parecen de un que de una sensible.
A pesar de las escritoras marginales, la literatura femenina española no desmerece junto a la de otros países, en que la mujer suele ser tenida por más habituada al comercio intelectual que en el nuestro. Se dirá que no es posible comparar, bajo ningún aspecto, la producción literaria femenina con la masculina. Desde luego. Más téngase en cuenta que la censura eclesiástica se mostraba más implacable con los escritos femeninos, e impedía la publicación de no pocos de ellos. Y piénsese asimismo que, en las anteriores centurias, la vida apartaba aún más que hoy a la mujer de manifestarse objetivamente. Entre las escritoras femeninas se destaca una cumbre tan difícil de superar como Santa Teresa de Jesús, la cual por sí sola, justifica el alto nivel alcanzado por la literatura femenina española. No existe en ninguna mística de ninguna religión y ningún tiempo obra tan abrasada de amor, tan “fuego vivo” como la de la doctora de Ávila, autora del conocidísimo poema: “Vivo sin vivir en mí, / y tan alta vida espero / que muero porque no muero...”
Francisco Arias Solise-mail: aarias@arrakis.esURL: http://www.arrakis.es/~aarias
WIKIPEDIA: http://es.wikipedia.org/wiki/Francisco_Arias_Sol%C3%ADs
Donde mora la libertad, allí está mi patria. Aviso: Se ruega a los internautas que pongan en sus páginas el logotipo o banner de Internautas por la Paz y la Libertad que figura en la URL:http://www.arrakis.es/~aarias/internau.htm
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“Sólo con la confianza
vivo de que he de morir;
porque muriendo, el vivir
me asegura mi esperanza:
muerte do el vivir se alcanza
no te tardes que te espero,
que muero porque no muero.”
Santa Teresa de Jesús.
AL MARGEN DE LA LITERATURA ESPAÑOLA FEMENINA
La cultura de la mujer, desde luego, no ha sido entre nosotros “fuerza de mayoría” hasta hace muy poco... si es que ya lo es. Sin embargo, siendo manifestación de minoría dio frutos más escogidos que en muchos otros países, que se tienen por más adelantados, en lo que al progreso de la mujer respecta. Esto, suponiendo que haya habido jamás, ni haya tampoco hoy día, país alguno en que la cultura -no la enseñanza, sino lo que por cultura deba entenderse- se halle difundida hasta el punto de estar generalizada. Ni entre las mujeres, ni entre los hombres, la cultura ha sido nunca bien abundantemente repartida.
Ahora bien; todos los autores que han estudiado la literatura española femenina, o, más explícitamente, las manifestaciones de ingenio femenino español, citan multitud de nombres. Parece como si en tal materia lo esencial fuese la cantidad.
Considerar como escritoras, como se ve en ciertos estudios, a todas las mujeres de quienes perduran escritos, así sean éstos tan pocos literarios como los memoriales presentados al Santo Oficio por la Pampana, en el proceso que le fue incoado en Ciudad Real en los años 1483 a 1484, nos parece un punto exagerado. Y nada digamos cuando la producción literaria se limita, cual la de Beatriz González, a dar cuenta a la Inquisición de Toledo, que la procesó por judaizante en 1530, de las prácticas que se le imputaban, tales como hacer bañar a su hijo en vísperas de boda, o encender candiles nuevos los viernes; o, cual la de Isabel de Granada, que sólo consta de una carta en que niega ser tan discreta como pregonaba la fama.
Escritos hay, mencionados entre la producción literaria femenina española, tan ajenos a la literatura como esa Relación de todas sus enfermedades, que hubo de hacer, por obediencia, la Madre Francisca de Jesús, en agosto de 1604.
Idéntico propósito nos debe hacer pasar por alto personalidades cuya fama se debe antes a un apellido ilustre, o a las relaciones que sostuvieron con ilustres personajes, que a la que su propio valor pudiera granjearles: el haber llegado hasta nosotros el nombre de Clementa Piña, verbigracia, obedece tan sólo a la amistad que unía a su padre a Lope de Vega, quien le dedicó El Domine Lucas, y le dejó por testamento cincuenta libros de su estudio, rogándole creyese “que quisiera que fueran otras tanta joyas de diamantes; pero piedras preciosas son los libros”, y a haber sacado de pila, el 26 de agosto de 1617, a Antonia Clara, la hija que el Fénix de los Ingenios hubo en doña Marta de Nevares.
Igualmente, de no pocas escritoras consideradas como tales, las únicas referencias que tenemos son las alabanzas que les dedicaron sus contemporáneos.
El feminismo, y aun en el sentido que actualmente tiene esta palabra, no es ni con mucho, cosa nueva o moderna. Tiempo ha que mujeres de espíritu inquieto intentaron laborar por el mejoramiento social de sus compañeras y la enmienda de leyes que estimaban injustas, o vejatorias, para con su sexo. Feministas hubo, como Sor María de Santa Isabel que a la par que proclamaba su feminismo merece por sus versos, ser considerada como una de las mejores poetisas de su tiempo. Y asimismo la hubo, como doña Isabel de Liaño que debe ser citada entre las que pudiéramos llamar feministas “a secas” -ya que su producción literaria no merece salir del olvido en que yace desde que salió a la luz.
Una dificultad con que se tropieza al estudiar nuestra literatura femenina, y que es preciso tener muy en cuenta, es la del problema de los apócrifos y seudónimos.
En las épocas anteriores al siglo XV sobre todo, conviene andar con mucho tiento para no incurrir en los más crasos errores. De María Cervellón, por ejemplo (1230-1290), cuyas Sentencias fueron publicadas cinco siglos después por Esteban de Corbera, no falta quien considere los escritos completamente apócrifos.
Más tarde, se dio gran abundancia de “literatas ficticias”, o sea de autores que publicaban sus obras con nombre de mujer. La más famosa de estas “fingidas” fue Oliva Sabuco de Nantes, a quien su padre, Miguel Sabuco, “endosó”, nada menos que la Nueva Filosofía de la naturaleza del hombre y La vera medicina. Treta bastante hábil, que llevó a Lope de Vega a calificar a doña Oliva nada menos que de “musa décima”. Si embargo, posteriormente don Miguel Sabuco se vio obligado a declarar ser él el autor del libro intitulado Nueva Filosofía.
Los seudónimos femeninos plantean una cuestión no menos ardua de resolver. En el siglo XVIII abundan extraordinariamente, y, de varios, es fuerza suponer que encubrían firmas masculinas. Fue, éste, artificio muy gustado por aquel tiempo. Había “La Sensible”, ”La Chinilla”, “La Observadorcilla”, ”La Principianta”, “La Defensora de la Belleza”, “La Petimetra”, “Doña X”, “La Pastora”, etc. En su mayoría, sus escritos quedan al margen de la literatura. Son consejos; protestas “en defensa de las colas de las faldas”, “Cartas de una madre a su hija que va a tomar estado”, etc.
Al menos puede abonarse en favor de estas escritoras “disimuladas”, o de estos escritores más disimulados aún, que no eran petulantes. “La sensible Gaditana”, por ejemplo, mandaba sus versos al Diario de Madrid (que los publicó en fecha del 22 de junio de 1796), si bien, por su desenfado, los versos más parecen de un que de una sensible.
A pesar de las escritoras marginales, la literatura femenina española no desmerece junto a la de otros países, en que la mujer suele ser tenida por más habituada al comercio intelectual que en el nuestro. Se dirá que no es posible comparar, bajo ningún aspecto, la producción literaria femenina con la masculina. Desde luego. Más téngase en cuenta que la censura eclesiástica se mostraba más implacable con los escritos femeninos, e impedía la publicación de no pocos de ellos. Y piénsese asimismo que, en las anteriores centurias, la vida apartaba aún más que hoy a la mujer de manifestarse objetivamente. Entre las escritoras femeninas se destaca una cumbre tan difícil de superar como Santa Teresa de Jesús, la cual por sí sola, justifica el alto nivel alcanzado por la literatura femenina española. No existe en ninguna mística de ninguna religión y ningún tiempo obra tan abrasada de amor, tan “fuego vivo” como la de la doctora de Ávila, autora del conocidísimo poema: “Vivo sin vivir en mí, / y tan alta vida espero / que muero porque no muero...”
Francisco Arias Solise-mail: aarias@arrakis.esURL: http://www.arrakis.es/~aarias
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MIGUEL ANGEL ASTURIAS POR FRANCISCO ARIAS SOLIS
MIGUEL ANGEL ASTURIAS
(1899-1974)
“Mi libertad llamadla fantasía,
en todo lo demás soy prisionero,
cárcel la realidad, la noche, el día,
la carne, el mundo, todo lo que quiero.”
Miguel Ángel Asturias.
LA VOZ DE LA POESIA ENAMORADA
La obra poética de Miguel Ángel Asturias ha sido desplazada en cierto modo por la enorme difusión de su obra de novelista. Pero la sensibilidad poética del escritor guatemalteco impregna toda su obra literaria.
La poesía de Asturias, como casi toda su obra, refleja los sentimientos del autor. El amor hacia la humanidad; el amor hacia rica fuente inspiradora de su pasado maya-quiché; como el acendrado amor por la libertad y la justicia. Es el amor el que conduce continuamente su verso. Cuando la guía por senderos de lucha, produce una voz bronca; cuando es hacia la ternura, arranca dulces sonidos para el ser amado. En su obra poética hay cabida para la poesía sobre el amor y para la poesía enamorada. Es este último aspecto el que interesa observar, para determinar el concepto que, a través de la poesía, demuestra tener del amor, así como el tratamiento que da a la mujer de la cual se halla enamorado.
Miguel Ángel Asturias nace en Guatemala el 19 de octubre de 1899. De padre español y madre india, sus simpatías se inclinarán por la ascendencia materna. Prueba de su cariño por los pueblos primitivos de su patria sería el tema de la tesis de su doctorado en Derecho –El problema social indio (1923)- y la traducción con el mexicano González de Mendoza, del Popol Vuh (1927), libro sagrado de los indios quiché.
Con sólo cinco años marcha con su familia a Salamá, huyendo de las iras del dictador Estrada Cabrera. Con ochos años de edad vuelve a Guatemala. Poco antes de finalizar 1917, tuvo una impresionante experiencia: el terremoto que asoló a Guatemala el día de Navidad. Vio caer parte de su casa, así como muchas casas vecinas. Vio toda una población presa de terror, corriendo y dando alaridos por las calles.
Tembló la tierra y tembló el régimen político que dominaba Guatemala durante cuatro lustros. Los estudios de Derecho de Miguel Ángel se alternan con su quehacer literario y la actividad política, participando en las reivindicaciones estudiantiles y luchando contra la dictadura de su país. Fue uno de los fundadores de la revista El Estudiante, la más combativa de su época. También es uno de los más destacados colaboradores de la revista Cultura. Los estudiantes del grupo Cultura, serían más tarde conocidos por la “generación de 1920”, en recuerdo del año en que cayó el régimen de Estrada Cabrera.
Abogado en 1922, fue uno de los fundadores de la Universidad Popular. Movido por su inquietud social se convierte en un nuevo y gran defensor de los indios. Asturias es un luchador a favor de esa clase social desposeída de todo, sojuzgada, despreciada.
Viaja a Londres y desde allí marcha a París, donde se encuentra con Vicente Huidobro, César Vallejo, Alejo Carpentier, Alfonso Reyes. Conoce también a los más importantes inspiradores del surrealismo: Breton, Aragon, Eluard.
En 1928 vuelve a su país, después de pasar por La Habana. Publica Arquitectura de una nueva vida. Deslumbrado por el mundo quiché, publica en 1930, una de sus obras cumbres Leyenda de Guatemala. Al promediar el año 1930, llega a Madrid. Frecuenta la tertulia del salón de la Granja del Henar, que era presidida por don Ramón del Valle-Inclán. Escribe su primea novela importante El señor presidente. En su país funda el Diario del Aire.
La revolución de 1944, que inicia un periodo democrático en Guatemala, repercute hondamente en la vida del poeta. Viaja por América del Sur como agregado cultural de la embajada en Buenos Aires. Pasa a París como ministro consejero de la embajada y de allí, a El Salvador, con el cargo de embajador, pero el golpe de Estado de 1954, que terminó con la caída de Arbenz, le obligó a exiliarse en Buenos Aires por no querer aceptar la dictadura de Castillo Armas.
En 1966 es galardonado con el premio Lenin de la Paz. Al año siguiente recibe el premio Nobel de Literatura, siendo embajador de Guatemala en París. En mayo de 1968, estuvo en Mallorca, siguiendo el consejo de su amigo y médico, doctor Falicoft. A partir de esa fecha no dejó de visitar la isla. En abril de 1974 fue invitado a pronunciar una conferencia sobre Fray Bartolomé de las Casas, en Sevilla. Después de una breve estancia en Sevilla, Miguel Ángel Asturias volvió a Madrid, donde falleció el 9 de junio de 1974.
Entre sus novelas, además de las citadas, recordamos: Hombres de maíz, Viento fuerte, El papa verde, Los ojos de los enterrados, Week-end en Guatemala, El alhajadito, Mulata de tal, El espejo de Lida Sal y Viernes de Dolores. Escribe piezas teatrales como Soluna, La audiencia de los confines, Chantaje, Dique seco y El rey de la altanería. Entre los títulos más relevantes de su obra poética se cuentan: Rayito de estrellas, Sonetos, Anoche, 10 de marzo de 1543, Sien de alondra, Ejercicios poéticos sobre temas de Horacio y Clarivigilia primaveral.
La primera poesía de Asturias tiene indiscutiblemente una honda huella modernista. El surrealismo llegará al poeta guatemalteco con tanta fuerza como el modernismo. Pero junto a ambas influencias, continúa latiendo siempre la personalísima impronta de un vigoroso pasado. Y como dijo nuestro poeta: “... Madre, / gracias porque me inventaste; / yo no era, fui inventado por ti / en las letras, las estrellas, las hojas y los sueños”.
Francisco Arias Solise-mail: aarias@arrakis.esURL: http://www.arrakis.es/~aarias
WIKIPEDIA: http://es.wikipedia.org/wiki/Francisco_Arias_Sol%C3%ADs
Será vano el intento de humanizar las guerras. Lo humano es evitarlas.
Aviso: Se ruega a los internautas que pongan en sus páginas el logotipo o banner de Internautas por la Paz y la Libertad que figura en la URL: http://www.arrakis.es/~aarias/internau.htm.
Gracias
(1899-1974)
“Mi libertad llamadla fantasía,
en todo lo demás soy prisionero,
cárcel la realidad, la noche, el día,
la carne, el mundo, todo lo que quiero.”
Miguel Ángel Asturias.
LA VOZ DE LA POESIA ENAMORADA
La obra poética de Miguel Ángel Asturias ha sido desplazada en cierto modo por la enorme difusión de su obra de novelista. Pero la sensibilidad poética del escritor guatemalteco impregna toda su obra literaria.
La poesía de Asturias, como casi toda su obra, refleja los sentimientos del autor. El amor hacia la humanidad; el amor hacia rica fuente inspiradora de su pasado maya-quiché; como el acendrado amor por la libertad y la justicia. Es el amor el que conduce continuamente su verso. Cuando la guía por senderos de lucha, produce una voz bronca; cuando es hacia la ternura, arranca dulces sonidos para el ser amado. En su obra poética hay cabida para la poesía sobre el amor y para la poesía enamorada. Es este último aspecto el que interesa observar, para determinar el concepto que, a través de la poesía, demuestra tener del amor, así como el tratamiento que da a la mujer de la cual se halla enamorado.
Miguel Ángel Asturias nace en Guatemala el 19 de octubre de 1899. De padre español y madre india, sus simpatías se inclinarán por la ascendencia materna. Prueba de su cariño por los pueblos primitivos de su patria sería el tema de la tesis de su doctorado en Derecho –El problema social indio (1923)- y la traducción con el mexicano González de Mendoza, del Popol Vuh (1927), libro sagrado de los indios quiché.
Con sólo cinco años marcha con su familia a Salamá, huyendo de las iras del dictador Estrada Cabrera. Con ochos años de edad vuelve a Guatemala. Poco antes de finalizar 1917, tuvo una impresionante experiencia: el terremoto que asoló a Guatemala el día de Navidad. Vio caer parte de su casa, así como muchas casas vecinas. Vio toda una población presa de terror, corriendo y dando alaridos por las calles.
Tembló la tierra y tembló el régimen político que dominaba Guatemala durante cuatro lustros. Los estudios de Derecho de Miguel Ángel se alternan con su quehacer literario y la actividad política, participando en las reivindicaciones estudiantiles y luchando contra la dictadura de su país. Fue uno de los fundadores de la revista El Estudiante, la más combativa de su época. También es uno de los más destacados colaboradores de la revista Cultura. Los estudiantes del grupo Cultura, serían más tarde conocidos por la “generación de 1920”, en recuerdo del año en que cayó el régimen de Estrada Cabrera.
Abogado en 1922, fue uno de los fundadores de la Universidad Popular. Movido por su inquietud social se convierte en un nuevo y gran defensor de los indios. Asturias es un luchador a favor de esa clase social desposeída de todo, sojuzgada, despreciada.
Viaja a Londres y desde allí marcha a París, donde se encuentra con Vicente Huidobro, César Vallejo, Alejo Carpentier, Alfonso Reyes. Conoce también a los más importantes inspiradores del surrealismo: Breton, Aragon, Eluard.
En 1928 vuelve a su país, después de pasar por La Habana. Publica Arquitectura de una nueva vida. Deslumbrado por el mundo quiché, publica en 1930, una de sus obras cumbres Leyenda de Guatemala. Al promediar el año 1930, llega a Madrid. Frecuenta la tertulia del salón de la Granja del Henar, que era presidida por don Ramón del Valle-Inclán. Escribe su primea novela importante El señor presidente. En su país funda el Diario del Aire.
La revolución de 1944, que inicia un periodo democrático en Guatemala, repercute hondamente en la vida del poeta. Viaja por América del Sur como agregado cultural de la embajada en Buenos Aires. Pasa a París como ministro consejero de la embajada y de allí, a El Salvador, con el cargo de embajador, pero el golpe de Estado de 1954, que terminó con la caída de Arbenz, le obligó a exiliarse en Buenos Aires por no querer aceptar la dictadura de Castillo Armas.
En 1966 es galardonado con el premio Lenin de la Paz. Al año siguiente recibe el premio Nobel de Literatura, siendo embajador de Guatemala en París. En mayo de 1968, estuvo en Mallorca, siguiendo el consejo de su amigo y médico, doctor Falicoft. A partir de esa fecha no dejó de visitar la isla. En abril de 1974 fue invitado a pronunciar una conferencia sobre Fray Bartolomé de las Casas, en Sevilla. Después de una breve estancia en Sevilla, Miguel Ángel Asturias volvió a Madrid, donde falleció el 9 de junio de 1974.
Entre sus novelas, además de las citadas, recordamos: Hombres de maíz, Viento fuerte, El papa verde, Los ojos de los enterrados, Week-end en Guatemala, El alhajadito, Mulata de tal, El espejo de Lida Sal y Viernes de Dolores. Escribe piezas teatrales como Soluna, La audiencia de los confines, Chantaje, Dique seco y El rey de la altanería. Entre los títulos más relevantes de su obra poética se cuentan: Rayito de estrellas, Sonetos, Anoche, 10 de marzo de 1543, Sien de alondra, Ejercicios poéticos sobre temas de Horacio y Clarivigilia primaveral.
La primera poesía de Asturias tiene indiscutiblemente una honda huella modernista. El surrealismo llegará al poeta guatemalteco con tanta fuerza como el modernismo. Pero junto a ambas influencias, continúa latiendo siempre la personalísima impronta de un vigoroso pasado. Y como dijo nuestro poeta: “... Madre, / gracias porque me inventaste; / yo no era, fui inventado por ti / en las letras, las estrellas, las hojas y los sueños”.
Francisco Arias Solise-mail: aarias@arrakis.esURL: http://www.arrakis.es/~aarias
WIKIPEDIA: http://es.wikipedia.org/wiki/Francisco_Arias_Sol%C3%ADs
Será vano el intento de humanizar las guerras. Lo humano es evitarlas.
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Gracias
lunes, 10 de marzo de 2008
PAUL VALERY POR FRANCISCO ARIAS SOLIS
PAUL VALÉRY
(1871-1945)
“Los dioses facilitan
el primer verso:
los demás
los hace el poeta”.
Paul Valéry .
LA VOZ DE LA POESIA PURA
Paul Valéry ha sido no sólo el teórico, sino también el fundador y primer practicante de la poesía pura. Poeta de inspiración clásica en la forma y de un intelectualismo contrario a toda emoción lírica, Valéry no se ha distinguido sólo como buen poeta, sino que es un buen prosista, un eruditísimo literato. Su obra El cementerio marino, es el mejor ejemplo de esa escuela, modo o fórmula poética que se conoció como poesía pura, una auténtica meditación metafísica de imaginería sensual. Entre sus muchas traducciones españolas destaca casi la coetánea al original de Jorge Guillén alabada explícitamente por el propio Valéry, que le escribió a Guillén, en 1929, “¡Me adoro en español!”
Ambroise-Paul-Tousaint-Jules Valéry nace el 30 de octubre de 1871, en Sète, pequeña ciudad marítima cercana a Montpellier, que posee un pintoresco cementerio sobre el mar, inmortalizado por el poeta en su célebre poema, y donde por su expreso deseo fueron inhumados sus restos. Tras cursar sus estudios secundarios en Montpellier, estudió derecho en la universidad de dicha ciudad. Seducido por la estética simbolista, tomó contacto con José María de Heredia, y gracias a su amigo Pierre Louis, con André Gide y Stéphane Mallarmé. También mantuvo amistad con músicos, como Débussy, y pintores, como Degas, Renoir y Monet. En 1894 se instala en París, donde frecuenta las tertulias literarias. Visita Londres. Poco después, trabaja como redactor de Ministerio de Guerra. Tras el fin de la Primera Guerra Mundial se convierte en una suerte de poeta oficial, inmensamente celebrado y colmado de honores. Miembro de la Academia Francesa (1925) y doctor honoris causa por Oxford y Coimbra (1931). Recorre el mundo dando conferencias. En muchas partes es recibido en olor de multitud poética. Tras la ocupación alemana rehúsa a colaborar, perdiendo su puesto de administrador del centro universitario de Niza. Su muerte, acaecida en Paris, el 20 de julio de 1945, unas semanas después del fin de la Segunda Guerra Mundial, fue celebrada con funerales nacionales.
Valéry comenzó publicando poesías en La Conque, Le Centaure y otras revistas, hasta que en octubre de 1892 sufrió una crisis sentimental e intelectual que lo alejó de la actividad poética durante más de veinte años, tiempo en el que disciplinó su privilegiada inteligencia en las ciencias exactas y la lucubración filosófica. A esos años corresponden Introducción al método de Leonardo da Vinci (1895), en la que destaca el genio y el método de trabajo de este hombre universal más allá del valor de sus obras, y La velada con el señor Teste (1896), obra de capital importancia en la literatura europea en la que contrapuso la pureza de la poesía al absurdo de la existencia humana.
Sus reflexiones fueron escritas, día a día, durante cincuenta años, en doscientos cincuenta y siete Cuadernos. En 1917 publicó La joven Parca, cuyo tema es el despertar de la conciencia en lucha con los sentidos; Valéry se propone un trabajo de ingeniero y orfebre; un arte poética despojada de toda facilidad, de toda emoción desordenada, de toda turbación; frente al verso libre, se impuso un verso disciplinado y una rima enormemente compleja. Desarrollando los conceptos aparecidos en el ensayo sobre Leonardo da Vinci, se convirtió en el fundador de la poesía pura. A este renacer le siguió El cementerio marino (1920), el mejor ejemplo de esta fórmula poética, que sería recogido en Charmes (Cánticos, 1922), donde también se incluye Boceto de una serpiente. En 1920 publicó asimismo Álbum de versos antiguos. De sus Cuadernos (que aparecieron en edición facsímil en 1963) extrajo material para los ensayos Analecta (1921), Miradas al mundo actual (1931) y Tal cual (1941-1943); Variedades (1922-1944) recoge sus conferencias, y Eupalinos o el arquitecto (1921) y El alma y la danza (1923) son diálogos de tono socrático y gran maestría expresiva que plantean problemas estéticos, intelectuales y morales. Y como dijo el poeta francés: “Ninguna cosa impuesta por la violencia será duradera. La violencia lleva implícita en sí misma debilidad”.
Francisco Arias Solise-mail: aarias@arrakis.esURL: http://www.arrakis.es/~aarias
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Gracias.
(1871-1945)
“Los dioses facilitan
el primer verso:
los demás
los hace el poeta”.
Paul Valéry .
LA VOZ DE LA POESIA PURA
Paul Valéry ha sido no sólo el teórico, sino también el fundador y primer practicante de la poesía pura. Poeta de inspiración clásica en la forma y de un intelectualismo contrario a toda emoción lírica, Valéry no se ha distinguido sólo como buen poeta, sino que es un buen prosista, un eruditísimo literato. Su obra El cementerio marino, es el mejor ejemplo de esa escuela, modo o fórmula poética que se conoció como poesía pura, una auténtica meditación metafísica de imaginería sensual. Entre sus muchas traducciones españolas destaca casi la coetánea al original de Jorge Guillén alabada explícitamente por el propio Valéry, que le escribió a Guillén, en 1929, “¡Me adoro en español!”
Ambroise-Paul-Tousaint-Jules Valéry nace el 30 de octubre de 1871, en Sète, pequeña ciudad marítima cercana a Montpellier, que posee un pintoresco cementerio sobre el mar, inmortalizado por el poeta en su célebre poema, y donde por su expreso deseo fueron inhumados sus restos. Tras cursar sus estudios secundarios en Montpellier, estudió derecho en la universidad de dicha ciudad. Seducido por la estética simbolista, tomó contacto con José María de Heredia, y gracias a su amigo Pierre Louis, con André Gide y Stéphane Mallarmé. También mantuvo amistad con músicos, como Débussy, y pintores, como Degas, Renoir y Monet. En 1894 se instala en París, donde frecuenta las tertulias literarias. Visita Londres. Poco después, trabaja como redactor de Ministerio de Guerra. Tras el fin de la Primera Guerra Mundial se convierte en una suerte de poeta oficial, inmensamente celebrado y colmado de honores. Miembro de la Academia Francesa (1925) y doctor honoris causa por Oxford y Coimbra (1931). Recorre el mundo dando conferencias. En muchas partes es recibido en olor de multitud poética. Tras la ocupación alemana rehúsa a colaborar, perdiendo su puesto de administrador del centro universitario de Niza. Su muerte, acaecida en Paris, el 20 de julio de 1945, unas semanas después del fin de la Segunda Guerra Mundial, fue celebrada con funerales nacionales.
Valéry comenzó publicando poesías en La Conque, Le Centaure y otras revistas, hasta que en octubre de 1892 sufrió una crisis sentimental e intelectual que lo alejó de la actividad poética durante más de veinte años, tiempo en el que disciplinó su privilegiada inteligencia en las ciencias exactas y la lucubración filosófica. A esos años corresponden Introducción al método de Leonardo da Vinci (1895), en la que destaca el genio y el método de trabajo de este hombre universal más allá del valor de sus obras, y La velada con el señor Teste (1896), obra de capital importancia en la literatura europea en la que contrapuso la pureza de la poesía al absurdo de la existencia humana.
Sus reflexiones fueron escritas, día a día, durante cincuenta años, en doscientos cincuenta y siete Cuadernos. En 1917 publicó La joven Parca, cuyo tema es el despertar de la conciencia en lucha con los sentidos; Valéry se propone un trabajo de ingeniero y orfebre; un arte poética despojada de toda facilidad, de toda emoción desordenada, de toda turbación; frente al verso libre, se impuso un verso disciplinado y una rima enormemente compleja. Desarrollando los conceptos aparecidos en el ensayo sobre Leonardo da Vinci, se convirtió en el fundador de la poesía pura. A este renacer le siguió El cementerio marino (1920), el mejor ejemplo de esta fórmula poética, que sería recogido en Charmes (Cánticos, 1922), donde también se incluye Boceto de una serpiente. En 1920 publicó asimismo Álbum de versos antiguos. De sus Cuadernos (que aparecieron en edición facsímil en 1963) extrajo material para los ensayos Analecta (1921), Miradas al mundo actual (1931) y Tal cual (1941-1943); Variedades (1922-1944) recoge sus conferencias, y Eupalinos o el arquitecto (1921) y El alma y la danza (1923) son diálogos de tono socrático y gran maestría expresiva que plantean problemas estéticos, intelectuales y morales. Y como dijo el poeta francés: “Ninguna cosa impuesta por la violencia será duradera. La violencia lleva implícita en sí misma debilidad”.
Francisco Arias Solise-mail: aarias@arrakis.esURL: http://www.arrakis.es/~aarias
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viernes, 7 de marzo de 2008
JUAN RUIZ POR FRANCISCO ARIAS SOLIS
JUAN RUIZ, ARCIPRESTE DE HITA
(1283-1350)
“En suma te lo digo, tómalo tu mejor
el dinero, del mundo es gran revolvedor,
señor face del siervo e del siervo señor.”
Juan Ruiz. Arcipreste de Hita.
LA VOZ DE UN JUGLAR CULTO
El siglo XIV se inicia poéticamente con un hombre que encarna como nadie lo que, simplificando, se ha dado en llamar caracteres de la literatura española: Juan Ruiz, Arcipreste de Hita, personaje vitalista, socarrón, satírico, deslenguado, anárquico y rebelde frente al poder de su casta religiosa; ardoroso en sus pasiones, que rasga la vestidura talar para gozar de la vida y luego la recompone para arrepentirse, escribe sobre la propia piel de su vida los grandes versos del medievo español.
El más notable de los poetas castellanos de entonces; uno de los más curiosos e interesantes escritores medievales; el que se llamaba así propio juglar, el que se jactaba de saber “los instrumentos e toda juglerías”, de que “fiz muchas cántigas de dança para judías e moras” y de que escribió cantares “de los que dicen los ciegos, e para otros muchos por puertas andariegos” pero que, al fin y al cabo, es famoso entre nosotros por una sola obra o poema, el Libro de Buen Amor, escrito en la cárcel, aunque no siempre se recuerda que en los manuscritos la obra aparece innominada. Las escasas noticias que de su autor conocemos han sido deducidas de su libro. Hombre alegre, más preocupado por la buena vida que por el cumplimiento de sus misiones religiosas, nació al parecer en Alcalá de Henares hacia el 1283, ordenándose como clérigo y estudiando en Toledo. Ejerció el arciprestazgo en Hita, y sufrió cárcel en Toledo en 1343 por orden del arzobispo don Gil de Albornoz por razones desconocidas. Su muerte debió ocurrir hacia 1350, fecha en la que desempeña el arciprestazgo un tal Pedro Fernández.
El carácter dual de Juan Ruiz es quizá su faceta más interesante y la que ha provocado mayores controversias entre quienes pretendían encajonarlo en las casillas estrechas de la juglería o de la clerecía. Porque Juan Ruiz pertenece a ambas, es un clérigo ajuglarado, un juglar culto, un hombre fronterizo que vive en dos dimensiones, humana la una, religiosa la otra. Moralista severo y clérigo tabernario que ama a la Virgen y a las doncellas que topa en su camino, repara a veces en el olvido en que tiene su ministerio: y le creemos tan sincero cuando se arrepiente de sus propios hechos como cuando satiriza la simonía eclesiástica, a los prelados y a la curia, cuando parodia las oraciones, cuando arremete contra la propiedad del dinero.
El título Libro de Buen Amor ha sido aceptado a propuesta de Menéndez Pidal, aunque al principio solía denominarse Libro de los cantares, con lo que se aludía a la concepción general de la obra: en efecto, las 1.708 estrofas que nos han transmitido los tres códices encontrados gozan de un carácter juglaresco evidente, según el cual los diversos poemas se van hilvanando unos a otros, como un repertorio apto para la recitación y para caminar troceado en las bolsas de los juglares. A lo largo de la obra el Arcipreste pone en boca de diversos personajes treinta dos cuentos, de origen francés los más. Además de esta influencia francesa, también patente en la batalla entre don Carnal y doña Cuaresma, afloran reminiscencias árabes. Por el lado clásico, existen huellas de Ovidio y su Ars amandi, los dísticos de pseudo-Catón, las citas de la Política aristotélica, así como los conocimientos de que alardea el Arcipreste sobre filosofía escolástica y el derecho canónico. Utiliza toda suerte de estrofas, de dos hasta de diez versos, con diferentes combinaciones rítmicas. Si la cuaderna vía priva en el conjunto, utiliza en cambio zéjeles para los pasajes líricos.
Aquel arcipreste cetrino, de gruesos labios rojos y ojillos apicarados, aquel gran doñeador que andaba por el mundo buscando ayuntamiento con fembra placentera, que nos dejó en su Libro de Buen Amor, en una enorme carcajada, la más valiente sátira del siglo XIV, ¿qué intención tuvo al componer la obra genial, cumbre de la literatura española de la Edad Media?
¡Qué libro este de Buen Amor! Nunca en las letras de España ha habido un humor tan fino, tan deslizante, tan escurridizo como el de este clérigo de una época, ruda si la comparamos con las maravillas y delicadezas de ahora. En libros de esta naturaleza no nos puede extrañar el despiste de los lectores. Puymaigre vio en el Arcipreste de Hita (según cita de Menéndez Pelayo), “un precursor de Rabeleais, un libro pensador en embrión, un enemigo solapado de la Iglesia”. De aquí a la inocente opinión de Amador de los Ríos y Cejador, que le tienen por un varón de austeras costumbres y honda intención moral dentro de una estricta ortodoxia, ya hay distancia. Pues póngase aun en medio el juicio de Menéndez Pelayo, según el gran crítico, Juan Ruiz había sido un “clérigo libertino y tabernario” y su libro, ante todo y sobre todo, una gran carcajada.
Probablemente todos ellos tienen algo de verdad. Que el arcipreste amaba con frenesí la vida, que le gustaban las buenas mozas y la buena mesa, y aun todo lo que tiene volumen, olor y color, todo lo que se puede oler y palpar o morder, es indudable. ¡Precisamente por esto salió tan hiriente, tan desaforado realista! Que hay una intención moral en el libro tan poco se puede dudar: todo gran satírico es un gran moralizante. Pero su moral no es una moral al uso, para que sesteen los favorecidos por la fortuna, los usurpadores del poder. Su libro es un grito de rebeldía contra aquella sociedad, contra el orden social de aquella época. Y en las cárceles arzobispales de Toledo, el buen Juan Ruiz, que tanto amaba la libertad, el aire libre, el sol, las duras serranías carpetovetónicas, se cargó de razón, y de amor y de odio a la par, y escribió su libro turbio, jocundo y amargo. Y tenía que ser así, porque Juan Ruiz era, entrañablemente, pueblo, hasta tal punto que entre los muchos valores de su libro, ninguno más evidente que el de ser un genial estallido de expresión hispánica. El entrega su obra al pueblo, invitándole a ser su colaborador: “Cualquier ome que l’oya, si bien trovar sopiere, / puede más añedir en enmendar si quisiere. / Ande de mano en mano, cualquier que lo pediere. / Como pella las dueñas, tómelo quien podiere”.
Francisco Arias Solise-mail: aarias@arrakis.esURL: http://www.arrakis.es/~aarias
WIKIPEDIA: http://es.wikipedia.org/wiki/Francisco_Arias_Sol%C3%ADs
Por la convivencia frente a la crispación.
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Gracias.
(1283-1350)
“En suma te lo digo, tómalo tu mejor
el dinero, del mundo es gran revolvedor,
señor face del siervo e del siervo señor.”
Juan Ruiz. Arcipreste de Hita.
LA VOZ DE UN JUGLAR CULTO
El siglo XIV se inicia poéticamente con un hombre que encarna como nadie lo que, simplificando, se ha dado en llamar caracteres de la literatura española: Juan Ruiz, Arcipreste de Hita, personaje vitalista, socarrón, satírico, deslenguado, anárquico y rebelde frente al poder de su casta religiosa; ardoroso en sus pasiones, que rasga la vestidura talar para gozar de la vida y luego la recompone para arrepentirse, escribe sobre la propia piel de su vida los grandes versos del medievo español.
El más notable de los poetas castellanos de entonces; uno de los más curiosos e interesantes escritores medievales; el que se llamaba así propio juglar, el que se jactaba de saber “los instrumentos e toda juglerías”, de que “fiz muchas cántigas de dança para judías e moras” y de que escribió cantares “de los que dicen los ciegos, e para otros muchos por puertas andariegos” pero que, al fin y al cabo, es famoso entre nosotros por una sola obra o poema, el Libro de Buen Amor, escrito en la cárcel, aunque no siempre se recuerda que en los manuscritos la obra aparece innominada. Las escasas noticias que de su autor conocemos han sido deducidas de su libro. Hombre alegre, más preocupado por la buena vida que por el cumplimiento de sus misiones religiosas, nació al parecer en Alcalá de Henares hacia el 1283, ordenándose como clérigo y estudiando en Toledo. Ejerció el arciprestazgo en Hita, y sufrió cárcel en Toledo en 1343 por orden del arzobispo don Gil de Albornoz por razones desconocidas. Su muerte debió ocurrir hacia 1350, fecha en la que desempeña el arciprestazgo un tal Pedro Fernández.
El carácter dual de Juan Ruiz es quizá su faceta más interesante y la que ha provocado mayores controversias entre quienes pretendían encajonarlo en las casillas estrechas de la juglería o de la clerecía. Porque Juan Ruiz pertenece a ambas, es un clérigo ajuglarado, un juglar culto, un hombre fronterizo que vive en dos dimensiones, humana la una, religiosa la otra. Moralista severo y clérigo tabernario que ama a la Virgen y a las doncellas que topa en su camino, repara a veces en el olvido en que tiene su ministerio: y le creemos tan sincero cuando se arrepiente de sus propios hechos como cuando satiriza la simonía eclesiástica, a los prelados y a la curia, cuando parodia las oraciones, cuando arremete contra la propiedad del dinero.
El título Libro de Buen Amor ha sido aceptado a propuesta de Menéndez Pidal, aunque al principio solía denominarse Libro de los cantares, con lo que se aludía a la concepción general de la obra: en efecto, las 1.708 estrofas que nos han transmitido los tres códices encontrados gozan de un carácter juglaresco evidente, según el cual los diversos poemas se van hilvanando unos a otros, como un repertorio apto para la recitación y para caminar troceado en las bolsas de los juglares. A lo largo de la obra el Arcipreste pone en boca de diversos personajes treinta dos cuentos, de origen francés los más. Además de esta influencia francesa, también patente en la batalla entre don Carnal y doña Cuaresma, afloran reminiscencias árabes. Por el lado clásico, existen huellas de Ovidio y su Ars amandi, los dísticos de pseudo-Catón, las citas de la Política aristotélica, así como los conocimientos de que alardea el Arcipreste sobre filosofía escolástica y el derecho canónico. Utiliza toda suerte de estrofas, de dos hasta de diez versos, con diferentes combinaciones rítmicas. Si la cuaderna vía priva en el conjunto, utiliza en cambio zéjeles para los pasajes líricos.
Aquel arcipreste cetrino, de gruesos labios rojos y ojillos apicarados, aquel gran doñeador que andaba por el mundo buscando ayuntamiento con fembra placentera, que nos dejó en su Libro de Buen Amor, en una enorme carcajada, la más valiente sátira del siglo XIV, ¿qué intención tuvo al componer la obra genial, cumbre de la literatura española de la Edad Media?
¡Qué libro este de Buen Amor! Nunca en las letras de España ha habido un humor tan fino, tan deslizante, tan escurridizo como el de este clérigo de una época, ruda si la comparamos con las maravillas y delicadezas de ahora. En libros de esta naturaleza no nos puede extrañar el despiste de los lectores. Puymaigre vio en el Arcipreste de Hita (según cita de Menéndez Pelayo), “un precursor de Rabeleais, un libro pensador en embrión, un enemigo solapado de la Iglesia”. De aquí a la inocente opinión de Amador de los Ríos y Cejador, que le tienen por un varón de austeras costumbres y honda intención moral dentro de una estricta ortodoxia, ya hay distancia. Pues póngase aun en medio el juicio de Menéndez Pelayo, según el gran crítico, Juan Ruiz había sido un “clérigo libertino y tabernario” y su libro, ante todo y sobre todo, una gran carcajada.
Probablemente todos ellos tienen algo de verdad. Que el arcipreste amaba con frenesí la vida, que le gustaban las buenas mozas y la buena mesa, y aun todo lo que tiene volumen, olor y color, todo lo que se puede oler y palpar o morder, es indudable. ¡Precisamente por esto salió tan hiriente, tan desaforado realista! Que hay una intención moral en el libro tan poco se puede dudar: todo gran satírico es un gran moralizante. Pero su moral no es una moral al uso, para que sesteen los favorecidos por la fortuna, los usurpadores del poder. Su libro es un grito de rebeldía contra aquella sociedad, contra el orden social de aquella época. Y en las cárceles arzobispales de Toledo, el buen Juan Ruiz, que tanto amaba la libertad, el aire libre, el sol, las duras serranías carpetovetónicas, se cargó de razón, y de amor y de odio a la par, y escribió su libro turbio, jocundo y amargo. Y tenía que ser así, porque Juan Ruiz era, entrañablemente, pueblo, hasta tal punto que entre los muchos valores de su libro, ninguno más evidente que el de ser un genial estallido de expresión hispánica. El entrega su obra al pueblo, invitándole a ser su colaborador: “Cualquier ome que l’oya, si bien trovar sopiere, / puede más añedir en enmendar si quisiere. / Ande de mano en mano, cualquier que lo pediere. / Como pella las dueñas, tómelo quien podiere”.
Francisco Arias Solise-mail: aarias@arrakis.esURL: http://www.arrakis.es/~aarias
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Por la convivencia frente a la crispación.
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INTERNAUTAS POR LA PAZ Y LA LIBERTAD CONDENA EL ASESINATO DE UN EX CONCEJAL SOCIALISTA A MANOS DE ETA
INTERNAUTAS POR LA PAZ Y LA LIBERTAD
ASOCIACION INTERNACIONAL DE USUARIOS DE INTERNET
Francisco Arias Solís - Presidente / Tfno 956 / 263131
Plaza San Severiano, 2 11007 Cádiz.
e-mail: pazylibertad@arrakis.es
URL: http://www.arrakis.es/~aarias
INTERNAUTAS POR LA PAZ Y LA LIBERTAD CONDENA EL ASESINATO DE ISASIAS CARRASCO A MANOS DE ETA
La Asociación Internacional de Usuarios de Internet Internautas por la Paz y la Libertad manifiesta su más enérgica condena del brutal atentado cometido esta tarde por la banda terrorista ETA en Mondragón que ha causado la muerte de Isaías Carrasco, ex concejal socialista.
Internautas por la Paz y la Libertad que muestra su solidaridad con los compañeros, amigos y familiares de las víctimas del terrorismo expresa su repudio a estos actos de vandalismo fascistoide perpetrados por los etarras, que atentan contra vidas humanas e intentan intimidar a la población mediante el uso de la violencia.
Nuevamente la banda terrorista ETA hace de la violencia su esencia y finalidad en contra de la voluntad de los ciudadanos, especialmente de los vascos, que han apostado claramente por la paz y la libertad.
Es inadmisible e intolerable que nuevamente la banda terrorista ETA pretenda asesinar las esperanzas de paz y libertad de todo un pueblo. Ante este asesinato planificado con motivo de las elecciones generales la ciudadanía tiene que tener un comportamiento ejemplar en el ejercicio libre y democrático del voto el próximo 9 de marzo, como expresión de que la población de nuestro país desea vivir en un sistema democrático, en paz y en libertad, y eso es algo que las minorías violentas deben asumir y que no podrán modificar con balas disparadas por la espalda.
Francisco Arias Solise-mail: aarias@arrakis.esURL: http://www.arrakis.es/~aarias
La violencia siempre ha sido reaccionaria.
Aviso: Se ruega a los internautas que pongan en sus páginas el logotipo o banner de Internautas por la Paz y la Libertad que figura en la URL:http://www.arrakis.es/~aarias/internau.htm
Gracias.
ASOCIACION INTERNACIONAL DE USUARIOS DE INTERNET
Francisco Arias Solís - Presidente / Tfno 956 / 263131
Plaza San Severiano, 2 11007 Cádiz.
e-mail: pazylibertad@arrakis.es
URL: http://www.arrakis.es/~aarias
INTERNAUTAS POR LA PAZ Y LA LIBERTAD CONDENA EL ASESINATO DE ISASIAS CARRASCO A MANOS DE ETA
La Asociación Internacional de Usuarios de Internet Internautas por la Paz y la Libertad manifiesta su más enérgica condena del brutal atentado cometido esta tarde por la banda terrorista ETA en Mondragón que ha causado la muerte de Isaías Carrasco, ex concejal socialista.
Internautas por la Paz y la Libertad que muestra su solidaridad con los compañeros, amigos y familiares de las víctimas del terrorismo expresa su repudio a estos actos de vandalismo fascistoide perpetrados por los etarras, que atentan contra vidas humanas e intentan intimidar a la población mediante el uso de la violencia.
Nuevamente la banda terrorista ETA hace de la violencia su esencia y finalidad en contra de la voluntad de los ciudadanos, especialmente de los vascos, que han apostado claramente por la paz y la libertad.
Es inadmisible e intolerable que nuevamente la banda terrorista ETA pretenda asesinar las esperanzas de paz y libertad de todo un pueblo. Ante este asesinato planificado con motivo de las elecciones generales la ciudadanía tiene que tener un comportamiento ejemplar en el ejercicio libre y democrático del voto el próximo 9 de marzo, como expresión de que la población de nuestro país desea vivir en un sistema democrático, en paz y en libertad, y eso es algo que las minorías violentas deben asumir y que no podrán modificar con balas disparadas por la espalda.
Francisco Arias Solise-mail: aarias@arrakis.esURL: http://www.arrakis.es/~aarias
La violencia siempre ha sido reaccionaria.
Aviso: Se ruega a los internautas que pongan en sus páginas el logotipo o banner de Internautas por la Paz y la Libertad que figura en la URL:http://www.arrakis.es/~aarias/internau.htm
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