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lunes, 5 de abril de 2010

Fray Diego Tadeo González por Francisco Arias Solís


FRAY DIEGO TADEO GONZÁLEZ
(1733-1794)

“Volví a quedar dormido,
y sentado me hallé junto a una fuente,
mirando su murmullo muy atento;
y estando divertido
allí llegaste apresuradamente.”
Fray Diego Tadeo González.


LA VOZ DEL PREDICADOR DE TONO ERÓTICO


Las poesías amorosas de Fray Diego están dirigidas a dos mujeres disfrazadas con nombres poéticos Melisa y Mirta, pero que ocultaban evidentemente a dos mujeres reales de Cádiz y Sevilla. Sin embargo, la vida de Fray Diego fue ejemplo de honestidad. “Amó cuanto conoció que era amable –afirma su biógrafo-, porque era bueno, y procuró celebrar con sus versos los dones celestiales que admiró en alguna que otra belleza, pero en unos versos tan puro y casto como su alma”.

Fray Diego Tadeo González nació en Ciudad Rodrigo, provincia de Salamanca, en 1733, y a los dieciocho años tomó el hábito de San Agustín y profesó en San Felipe el Real de Madrid. Estudió en la capital de España y en Salamanca, desempeñó importantes cargos en la Orden agustina, llegando a ser Visitador General de Andalucía, Prior de loa conventos de Salamanca, Pamplona y Madrid, secretario de la provincia de Castilla y Rector del Colegio de Doña María de Aragón. Fray Diego tuvo desde niño la pasión de la poesía, en la cual se formó leyendo, hasta aprenderlos de memoria, los grandes clásicos latinos y españoles, en especial Horacio y Fray Luis de León. Como éste, gustaba retirarse, siempre que le era posible, al huerto de la Flecha, donde gozaba recordando al maestro a quien logró imitar con notable aproximación. Junto con Meléndez Valdés, fue el más importante poeta de la escuela salmantina del XVIII, estimulado por ejemplo de Cadalso y de Jovellanos. Se le conoció también con el nombre poético de Delio. Fray Diego Tadeo González murió en Madrid el 10 de septiembre de 1794.

Fray Diego era un carácter tierno y delicado, a quien amaban, quienes lo trataron, por su llana modestia y bondad. Al sentirse próximo a la muerte mandó destruir todas sus poesías, que guardaba sin ningún orden; pero el padre Fernández de Rojas las reunió y publicó en 1796, dos años después de la muerte de su autor, precedidas de una afectuosa Noticia biográfica, en que pondera tanto al hombre como al poeta. Se publicaron en Madrid con el título de Poesías del M.F. Diego González, del Orden de S. Agustín. Dalas a la luz un amigo suyo.

En el deseo de destruir su obra, aparte de su modestia singular, pudo mover a Fray Diego el tono casi exclusivamente erótico de sus versos, rasgo que puede sorprender dada su condición de religioso. El tono erótico llega a notable expresividad en ciertas ocasiones, como en los “sueños” de una de las canciones dedicadas A Melisa, o en la descripción de Lisi en el bello romance titulado A Lisi, malagueña.

El tono erótico, aparte estas dos composiciones, le inspira la égloga Delio y Mirta, las canciones Visiones de Delio, El triunfo de Manzanares, Cádiz transformado y dichas soñadas del pastor Delio, las endechas A Mirta ausente, etc.

En la Historia de Delio, enviada a Jovellanos, describe la pasión por sus dos amadas; la invectiva El murciélago alevoso, que tuvo en su tiempo gran difusión va dirigida contra el que entró una noche en la habitación de Mirta provocando su miedo, mientras estaba ocupada en escribir al propio Delio una canción amorosa. Otras musas femeninas le inspiraron la canción A Vecinta desdeñosa, las anacreónticas En los días de Lisi, A la quemadura de Lisi, A la quemadura del dedo de Lisi, y el mencionado romance A Lisi, malagueña.

Las composiciones a Melisa y Mirta tienen el eco constante de la poesía de Garcilaso, no obstante, el magisterio de Fray Luis de León , sin duda más eficaz que el del toledano, se manifiesta en sus pocas composiciones religiosas. Completó Fray Diego la Exposición del Libro de Job en forma “que no desdice de la primera”, tradujo los himnos Te Deum y Veni, Creator, y el canto Magnificat. Pero lo mejor de la obra de Fray Diego es su poesía amorosa. Y como dijo el poeta: “Como para dar Delio la vida postrimera / salió del lecho Lisi. / ¡Oh musa si la vieras!”.

Francisco Arias Solís

La libertad no la tienen los que no tienen su sed.

XIII Festival Poético por la Paz y la Libertad

URL: http://www.internautasporlapaz.org

domingo, 8 de noviembre de 2009

Fray Diego José de Cádiz por Francisco Arias Solís

FRAY DIEGO JOSÉ DE CÁDIZ
(1743-1801)

“La obediencia y la rectitud de intención
en la batalla te pondrán en las manos los trofeos
de vencedor, y ceñirán tus sienes con el laurel de la víctimas”
Fray Diego de Cádiz.

LA VOZ DE LA REACCIÓN

Los franceses representan el mal absoluto y, por ello, todos los medios de lucha contra tales enemigos de la humanidad están justificados. Así se expresa fray Diego en el prefacio de su obra: “Dios, su Iglesia, su Fe , su Religión, sus Leyes, sus Ministros, sus Templos, y todo lo más sagrado, el derecho de gentes, el respeto debido a los soberanos, y aun el fuero siempre inviolable de la humanidad, se hallan injustamente violados, impíamente desatendidos, y sacrílegamente atropellados en ese desgraciado reino por una multitud de hombres cuyo proceder lo acredita de hijos de Lucifer, y miembros perniciosos de tan infame cabeza”. Es indudable que se está refiriendo con tales epítetos a los representantes políticos de la Revolución francesa, como claramente lo especifica un poco más adelante: “Sí, la Asamblea de Francia, aquella multitud de hombres infames, sediciosos y perversos, que se unieron y congregaron para formar conciliábulo contra el Señor de los Cielos y contra su Cristo en la tierra; éstos, que con bárbara impiedad se concentraron entre sí, y con más que temerario arrojo profirieron: Rompamos de una vez los vínculos más Sagrados de sus Leyes, de sus soberanías y de sus fueros, sacudamos y arrojemos para siempre de nuestros hombres el yugo de la subordinación y de su necesaria obediencia”. Ahí tienen su origen los impíos deseos de libertad y de igualdad, que sólo pueden ser combatidos por una vuelta a la virtud básica de la obediencia. No puede extrañarnos que toda la última parte de su escrito esté dedicado a la obediencia, para la que tiene todos los mayores elogios.

El capuchino fray Diego José de Cádiz o beato Diego José de Cádiz , cuyo nombre de pila era José Francisco López Caamaño y García Pérez, nació en Cádiz el 30 de marzo de 1743 y murió en Ronda el 24 de marzo de 1801. De familia ilustre, ingresó en el noviciado de los Hermanos Menores Capuchinos de Sevilla y ordenado sacerdote en Carmona. Fue un fogoso orador que atacó a Lorenzo Normante en 1786, denunciando la Sociedad Aragonesa de Amigos del País por su defensa de la utilidad del lujo y sus teorías sobre los inconvenientes de la vida monástica. Fray Diego José de Cádiz constituye una pieza clave de la reacción anti-ilustrada. Junto a sus Sermones y discursos y otros libros referentes a temas religiosos, hay que destacar su obra El soldado católico en la guerra de religión (Barcelona, 1794). Fray Diego José de Cádiz fue beatificado por el Papa León XIII en 1894.

Su obra está impregnada de carácter bélico de cruzada religiosa. Fue redactada durante la guerra contra la Convención francesa entre 1793 y 1795. Es, precisamente, ese carácter bélico el que hace la obra tan aprovechable para los intereses absolutistas durante la guerra de Independencia, lo que explica sus exitosas reediciones en aquellos años (Cádiz, 1813; Madrid, 1814), cuando hacía ya largo tiempo que fray Diego había muerto. En este sentido su obra es un paso fundamental en lo que se ha llamado el enfrentamiento de las “dos Españas”, que en él deja de ser una cuestión teórica para convertirse en elemento de lucha política. Podemos decir que fray Diego participó en la guerra franco-española (1793-1795), utilizando su libro como arma de combate, y ése es el sentido que le darán sus continuadores durante los años de 1808 a 1814. Fray Diego José de Cádiz fue beatificado por el papa León XIII en 1894.

Esta interpretación difiere muy poco con la que hace Javier Herrero de esta singular figura: “En realidad, para fray Diego, son los revolucionarios franceses, en quienes culmina la maldad del siglo: para sus sucesores, veinte años más tarde, serán los liberales”.

Los argumentos y la disposición anímica de fray Diego es la que asumirán los religiosos absolutistas en la lucha contra los soldados napoleónicos durante la guerra de Independencia, y esto parece así corroborado por quienes han estudiado el tema. El padre Paradas dice: “Aquel período de restauración tuvo su orador inspirado y vehementísimo en la lengua de fuego de aquel apostólico misionero capuchino, fray Diego de Cádiz”. La conclusión que se impone es que la labor del fogoso orador fue decisiva para dar vida concreta de carácter político y militar a la España que defendía el absolutismo como un elemento consustancial al catolicismo tradicional en nuestro país, encarnando el mito de una España integrista y reaccionaria.

Francisco Arias Solís

Donde mora la libertad, allí está mi patria.

XIII Festival Poético por la Paz y la Libertad en homenaje a Benedetti.

URL: http://www.internautasporlapaz.org

Nos gustaría contar con la participación de numerosos poetas.

Gracias.