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martes, 9 de marzo de 2010

Julián Zugazagoitia


JULIÁN ZUGAZAGOITIA MENDIETA
(1899-1940)

“... una de las lecciones que he aprendido de la
guerra es que los más crueles coinciden en ser los
más cobardes cuando el deber es duro.”
Julián Zugazagoitia.


LA VOZ SILENCIADA POR EL FRANQUISMO

No vamos a reproducir la nómina de los novelistas que cultivaron la novela social en la primera mitad del siglo XX, baste con señalar que recientes estudios sobre el tema fijan sus inicios en 1927, año en que publican sus primeras novelas Julián Zugazagoitia y Joaquín Arderius.

Trágica suerte corrió el novelista, biógrafo, periodista y político vasco Julián Zugazagoitia, que al producirse la ocupación nazi de Francia fue delatado en su exilio en París, detenido por la Gestapo el 27 de julio de 1940 y entregado a la policía franquista juntamente con otros exiliados, entre los que se contaban, el periodista socialista Francisco Cruz Salido, el anarquista Joan Peiró, ministro de Industria con Largo Caballero, el director de escena Cipriano Rivas Cheriff, cuñado de Azaña, y el líder de Esquerra Republicana y presidente de la Generalidad de Cataluña Lluis Companys. Tras juicios sumarísimos todos fueron condenados a muerte y salvo Rivas que fue indultado estando en capilla, los demás fueron ejecutados. Al alba del 9 de noviembre de 1940, Julián Zugazagoitia, con otras trece personas, fue fusilado en las tapias del cementerio del Este de Madrid.

La obra más importante de Zugazagoitia es Historia de la guerra de España (1940), que se publicó en la Argentina, reimpreso posteriormente con el título de Guerra y vicisitudes de los españoles, testimonio extraordinariamente honesto de una de las figuras de primer plano del Partido Socialista Obrero Español y de una objetividad asombrosa por la fecha y las condiciones en que el libro fue escrito.

Julián Zugazagoitia Mendieta nació en Bilbao el 5 de febrero de 1899 y fue asesinado en Madrid el 9 de noviembre de 1940. Fue conocido en algunos ambientes como Zuga y utilizó los seudónimos de Fermín y Julián Mendieta. Hijo de un obrero metalúrgico socialista, creció en un ambiente socialista, y a los veinte años era presidente de Juventudes Socialistas de Bilbao. Ya en 1917 fue a la cárcel por su apoyo al movimiento huelguista bilbaíno. En 1921 asumió la dirección del semanario La Lucha de Clases, desde el que atacó a los postulados comunistas. En 1924, la dictadura de Primo de Rivera le condenó a cinco años de destierro en Santoña, donde inicia su carrera literaria. Fue elegido concejal del Ayuntamiento de Bilbao en las históricas elecciones del 12 de abril de 1931. En las elecciones de junio de ese año a Cortes Constituyentes de la Segunda República Española es elegido diputado por la provincia de Badajoz. De 1932 a 1937 fue director de El Socialista. En las últimas elecciones de la Segunda República fue elegido diputado por la provincia de Vizcaya. En el primer Gobierno de Juan Negrín, fue ministro de Gobernación desde mayo de 1937 a abril de 1938. En 1937 participó en el II Congreso Internacional de Escritores para la Defensa de la Cultura organizado por la Alianza de Intelectuales Antifascistas. Tras cesar de ministro desempeñó el cargo de secretario general del Ministerio de Defensa hasta el final de la guerra provocada por la rebelión militar del general Franco. Durante la contienda contribuyó al trato humano de los prisioneros de guerra y ayudó a salvar la vida de los escritores Wenceslao Fernández Flórez y Rafael Sánchez Mazas, y la del falangista Raimundo Fernández Cuesta. Terminada la guerra emprendió el camino del exilio y se estableció en París, hasta su detención por la Gestapo.

Zugazagoitia publicó artículos en las principales publicaciones de la época. Además de ejercer la dirección de El Socialista, órgano de expresión del PSOE, fue redactor de El Liberal de Bilbao, propiedad de Indalecio Prieto, y colaborador de La Vanguardia, El Diluvio y El Socialista de Barcelona, Estampa de Madrid, Avance de Oviedo y La Vanguardia de Buenos Aires, entre otros. En 1927 fundó en Bilbao la revista Cuadernos Socialistas de Trabajo.
Entre las obras de Zugazagoitia destacamos: Una vida heroica. Pablo Iglesias (1925), la primera biografía del fundador del PSOE y de la UGT, publicada en el mismo año de su muerte, posteriormente escribiría una segunda redacción Pablo Iglesias: De su vida y su obra (1931), y más tarde, una tercera Pablo Iglesias: Vida y trabajos de un obrero socialista (1935), Una vida humilde: Tomás Meabe (1927), Una vida anónima (1927), su primera novela social, Pedernales: Itinerario sentimental de una colonia escolar (1929), El botín (1929), El asalto (1930), Rusia al día (1932), Madrid. Carranza 22 (1940) e Historia de la guerra de España (1940), su mejor obra. Recientemente se ha publicado su novela Los trabajos clandestinos (2005). Y como dijo la voz inconfundible de este escritor socialista: “Yo no soy otra cosa que un escritor socialista. Y no quiero otro título”.
Francisco Arias Solís

Los socialistas no mueren: los socialistas se siembran.

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sábado, 24 de octubre de 2009

Julián Besteiro por Francisco Arias Solís

JULIÁN BESTEIRO
(1870-1940)

“El dilema es el siguiente: o se salva la civilización
y la vida económica de los principales pueblos
mediante un esfuerzo colectivo de personalidades
libres, tratadas como tales, consideradas como tales,
o evidentemente esta civilización, que tanto trabajo
ha costado elaborar durante muchos siglos,
corre el riesgo de perderse irremediablemente.”
Julián Besteiro.


LA VOZ DE UN INTELECTUAL FIEL A LA VERDAD Y A LA HONRADEZ

Se puede atacar la figura de Besteiro negándose a admitir que fuese un espíritu superior. Allá cada cual con su juicio. Lo que no cabe admitir es que su vida haya sido sinuosa y tortuosa por falta de desinterés. Besteiro fue un intelectual fiel a la verdad y a la honradez.

En toda España se hizo famosa la respuesta de Besteiro al juez instructor de la intentona del 17. El Gobierno no ignoraba que Besteiro, aunque coautor con Largo Caballero de aquel episodio de la lucha de clases, se había visto obligado por las circunstancias a retraerse un tanto y que sólo volvió al pleno ataque cuando el no hacerlo hubiera dejado indefensos y al descubierto a los ferroviarios. En el fondo, pues, la experiencia del episodio confirmaba su doctrina secreta. Pero el juez quería hacerle decir algo contrario a la huelga general revolucionaria; a lo que Besteiro opuso su famosa declaración: “Jamás me he opuesto yo a revolución alguna”. Ahora bien querer confrontar esta magnífica actitud (que lo era y no sólo en palabras), querer oponer estas palabras, que eran un acto, a sus matices o reservas en tal o cual ocasión donde se negaba a seguir a los exaltados, revela falta de caletre y falta de acogida del pensamiento e intención del que se pretende juzgar.

En nuestro tiempo, todos los aspectos de barullo e indisciplina de aquel episodio se empequeñecen; y queda sólo que en agosto de 1917 Besteiro, Largo Caballero, Anguiano y Saborit estaban en prisiones militares, y que las intenciones de los que lo tenían encerrados se expresaban en los martillazos, que toda la noche oyeron con los que se estaba erigiendo la capilla ardiente. Por fortuna, los cuatro condenados salieron a cumplir una pena de cárcel en el penal de Cartagena. El barbero del penal puso el toque final a la figura de Besteiro rapándole la barba krausista; y así, con su gorro de presidiario, aquel profesor de Lógica llegó a ser el ídolo más amado del pueblo español.

Julián Besteiro y Fernández nace en Madrid el 21 de septiembre de 1870. Estudió en la Institución Libre de Enseñanza, donde recibió una influencia perdurable de Giner de los Ríos, que marcó su vida dotándola de un fuerte sentido ético. Al acabar el bachillerato, se matriculó en la Facultad de Filosofía y Letras de Madrid, años en los que frecuentó la Biblioteca del Ateneo. En 1897 publicó su primer libro, La psicofísica, que había sido premiado en un certamen científico-literario. El mismo año gana por oposición la cátedra de Psicología, Lógica y Ética, del Instituto de Segunda Enseñanza de Orense, donde estará muy poco tiempo, pues se traslada enseguida con el mismo puesto, a Toledo. A partir de 1912 –un año antes de su matrimonio con Dolores Cebrián-, Besteiro era miembro muy activo del socialismo español, actividad que hace compatible con su cátedra de Lógica en la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad Central, conseguida también el mismo año.

Desde el punto de vista político, la vida de Besteiro estuvo marcada por una intensa actividad municipal. En 1913 se presenta por primera vez a las elecciones madrileñas por el distrito de Chamberí, formando parte de la conjunción republicano-socialista; desde entonces hasta el final de la guerra civil los madrileños siguieron votándole; así ocurrió en los comicios de 1918, 1919, 1920, 1923, 1931, 1933 y 1936, a lo que él correspondió con un entusiasmo extraordinario en el desempeño de su concejalía. Esto explica un cierto idilio entre Besterio y Madrid, que tuvo su expresión más elocuente cuando derrotada la República en 1939, decide quedarse en Madrid, compartiendo la suerte del pueblo. Murió al año siguiente, en la cárcel de Carmona, el 27 de septiembre.

Es evidente que la proyección política de Besteiro no se limitó a su proyección municipal, pues participó en la campaña contra la guerra de Marruecos, en la huelga general de 1917 y en las deliberaciones del partido socialista. Al morir Pablo Iglesias en 1925, ostentó la presidencia del PSOE hasta 1931, en que dimite de dicha responsabilidad. La consideración general de su honestidad política e intelectual le llevará a la presidencia de las Cortes Constituyentes en 1931-1933, apartándose cada vez más de la vida política activa a partir de esa fecha; incluso en 1934 abandonará la presidencia de la UGT. En 1939 formó parte como ministro de Estado del Consejo Nacional de Defensa, que presidía el general Miaja y cuyo fin era poner fin a la guerra.

Dentro del grupo de dirigentes del partido socialista, con Fernando de los Ríos, era Besteiro el de mayor autoridad intelectual. Besteiro fue el único español de aquella época que descuella por encima de Azaña.

Es emocionante su respuesta a Regino García, militante del partido socialista, cuando al final de la guerra le pregunta: “Y usted, profesor, ¿qué piensa hacer?. He aquí su respuesta: “Yo, que nunca dije “ o no salvamos todos o todos perecemos”, me quedaré con los que no pueden salvarse. Es indudable que facilitaremos la salida a muchos compañeros que deben irse y que se irán, por mar, por tierra o por aire, pero la gran mayoría, las masas numerosas, ésas, no podrán salir y yo que he vivido siempre con los obreros, con ellos seguiré y con ellos me quedo. Lo que sea de ellos, será de mí”.

Francisco Arias Solís

Paz y Libertad.

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