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sábado, 3 de abril de 2010

Francisco Suárez por Francisco Arias Solís


FRANCISCO SUÁREZ
(1548-1617)

“La felicidad no consiste en las muchas cosas poseídas
sino en el modo de gozarlas, aunque sean menos.”
Francisco Suárez

LA VOZ DEL MAS MODERNO DE LOS ESCOLÁSTICOS

Suárez fue el más moderno de los escolásticos y el más escolástico de los modernos. Heredero de toda la Escuela, supo llevarla a su punto de madurez más avanzado; después de él pronto se producirá la decadencia de la ancestral tradición milenaria. Pero la proyección del doctor eximius fue intensa y duradera. En los medios católicos, tuvo numerosos discípulos y fue continuado por una pléyade de maestros. Para los protestantes, fue por mucho tiempo un modelo. El gran filósofo andaluz está presente incluso en el seno de la filosofía nueva de la edad barroca y luego de la Ilustración. Su pensamiento ocupa un importante lugar en el pensamiento español y constituye un giro capital en la evolución de la especulación mundial.

Francisco Suárez nació en Granada el 5 de enero de 1548. Fue muy pronto tonsurado; estudiante en Medina del Campo y después en Salamanca, donde siguió los cursos de Mancio de Corpus Christi, Juan de Guevara y Enrique Henríquez, en 1564 entró en la Compañía de Jesús donde recibió las enseñanzas de Andrés Martínez. Poco después fue profesor en Segovia, Salamanca, Valladolid, y Alcalá. Llamado a Roma e 1580, permaneció allí durante cinco años, muy unido a Belarmino y el Papa. De regreso a España, enseñó en Alcalá, donde sus primeros libros le comportaron dificultades por parte de los censores dominicos. En 1593, se reintegró a Salamanca, donde enseñó con una brillantez cada vez mayor: en el colegio jesuita del Aspirantado escribiría, en 1597, su obra maestra, las Disputaciones metaphysicae.

En este mismo año, nombrado profesor de la cátedra de Primo de Coimbra a instancias de Felipe II, implantó allí durante mucho tiempo el pensamiento salmantino hasta 1615 que obtuvo su jubilación, marchando a Lisboa, dos años antes de su muerte, ocurrida en dicha ciudad el 25 de septiembre de 1617. Las controversias que tuvo que sostener debido a su fama no alteraron nunca su serenidad de fondo, a pesar de su carácter quisquilloso y combativo. Por su inmensa cultura y puntualidad doctrinal, y también por su fervor religioso, Suárez recibió el nombre de doctor eximius et pius, es el más eminente representante de la escolástica barroca.

Escrito a la vez contra el protestantismo, que defendía el derecho divino de los soberanos, y contra todos los naturalistas más o menos cínicos, el De legibus analiza en primer lugar la ley en general, para después estudiar las diversas clases de leyes y las cuestiones que éstas suscitan.

El análisis del principio de soberanía es mucho más avanzado que en los autores que le precedieron. En la obra de Suárez, el poder es dado por Dios a toda la comunidad política y no solamente a tal o cual persona: contra el cesarismo y los legistas, el maquiavelismo y el luteranismo, Suárez elabora, en suma, la teoría de la democracia, que profundiza más en su Defensor fidei. La noción de pacto o de contrato social aparece ya en el doctor eximius: la comunidad política se constituye por una primera entente entre individuos o familias; ésta puede delegar el poder a un grupo o a una sola persona, por medio de un segundo pacto, que Dios deja a nuestra discreción. Por regla general, la democracia, es decir el gobierno directo del pueblo por el pueblo, será la forma más natural de gobierno, y no necesita de una institución particular, pues es conforme a la espontaneidad de nuestro ser.

Mas aún, el De legibus se dedica metódicamente a fundar el derecho internacional. En ella el género humano es concebido como algo que forma una unidad no sólo específica, sino incluso moral y política. Ya ahí, el precepto evangélico de amor universal a nuestro prójimo, sin distinción de raza o de patria, nos invita a considerar la humanidad como un solo cuerpo. Pero hay más: aunque cada Estado sea una comunidad perfecta y autosuficiente, tiene, en cierta medida, necesidad de los otros Estados, ya sea para satisfacer tal o cual carencia, ya para aumentar sus posibilidades. Así pues, cada grupo nacional forma parte de la comunidad internacional, que es superior a aquél, natural y moralmente.

De todo lo cual se sigue que es indispensable un derecho internacional para regir esta sociedad universal. Este derecho tiene dos fuentes en primer lugar, el derecho natural, surgido de la razón; después, el derecho de gentes, surgido de los usos locales y particulares de cada nación, que vienen a completare el derecho natural en innumerables puntos.

Suárez en lugar de rechazar, como la mayoría de los humanistas, la tradición de cuatro siglos escolásticos la sopesa y discute punto por punto, separando cuidadosamente los elementos válidos de los caducos. Y como dijo el filósofo andaluz: “La comunidad política es libre por derecho natural y no está sujeta a ningún hombre fuera de ella, sino que ella misma en su totalidad tiene el poder político que es democrático mientras no se cambie.”

Francisco Arias Solís

El futuro se gana, ganando la libertad.

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domingo, 17 de enero de 2010

Francisco Giner de los Ríos Morales por Francisco Arias Solís


FRANCISCO GINER DE LOS RÍOS
(1917-1995)

“La hondura emocionante y clara de los poemas recientes de un
Moreno Villa auténticamente nuevo; la humanísima ternura de
Prados; la fuerza tremenda, desatada al fin, en su hora, de un
León Felipe; la apasionada retórica, clara y nueva también, de
un Domenchina; el verso libre y puro, cada vez más maravilloso,
de un Cernuda, y la severa gracia andaluza de un Rejano, del
todo poeta del destierro”.
Francisco Giner de los Ríos.

LA VOZ DEL POETA ENAMORADO DE NERJA

Los temas reiterados en la obra poética de Francisco Giner de los Ríos, estudioso de poesía, antólogo, tipógrafo... y, sobre todo, poeta, nacido en Madrid, que siempre se consideró nerjeño, son: el amor, la muerte, la preocupación religiosa, España, la amistad... Su amor hacia una tierra -su tierra- no le impide mirar otras tierras: México o las ciudades por las que en algún momento discurre su existencia. En su bello poema A Juan Rejano clama: “Querría que sintieses este llanto contigo / y supieras ahora que no creo en tu muerte / porque vives conmigo / y entre lo nuestro todo se me enreda...” En su Elegía en la muerte de Miguel Hernández nos grita: “No has muerto, que te han muerto entre unos muros / asesinando el vuelo de tu pájaros, / la voz de tu garganta amordazando.” Y en Llanto con Emilio Prados escribe: “Y todo, Emilio, todo / se mezcla con España y para España / -aquella ira amorosa, tú te acuerdas- / que nos hace y deshace, / que nos encuentra y nos pierde por el mundo...”

Francisco Giner de los Ríos Morales nace en Madrid el 30 de diciembre de 1917. Hijo de Bernardo Giner de los Ríos que fue ministro con Azaña. Desde niño veranea en Nerja. Hasta los catorce años vive dentro de la Institución Libre de Enseñanza que había fundado su tío abuelo don Francisco Giner. Inicia sus estudios de bachillerato “por libre” en el Instituto Cardenal Cisneros. En el verano de 1932 escribe sus primeros poemas. Termina sus estudios de bachillerato en el Instituto Cervantes. En 1935 ingresa en la Universidad, Facultad de Filosofía y Letras. Colabora en las Misiones Pedagógicas. Tras la sublevación militar del año 1936, participa en la guerra, en el frente de Teruel. Terminada la guerra se exilia con ayuda de Fernando de los Ríos a Estados Unidos. El 24 de mayo de 1939 entra en México, el 19 de julio de ese año, se casa con Maria Luisa Díez-Canedo, hija del crítico literario Enrique Díez-Canedo. Reinicia sus estudios de Filosofía y Letras. En 1944 inicia en México con Moreno Villa, Prados, Altolaguirre y Rejano la tercera época de la revista Litoral. Colaboró en Taller, revista mensual mexicana de poesía y crítica, dirigida por Octavio Paz, en Cuadernos Americanos, y, posteriormente, en el Boletín de la Unión de Intelectuales Españoles en Francia y en L'Espagne Républicaine /L'Espagne. Perteneció a la primera Junta Directiva del Ateneo Español en México. A mediados de 1945 se constituye en México el Gobierno de la República en el Exilio y colabora con Fernando de los Ríos –Ministro de Estado (Relaciones exteriores)- como Jefe de Gabinete. En enero de 1946 viaje a Europa, Londres, Oxford, París... en ese año aparece su antología Las cien mejores poesías españolas del destierro. En 1948 regresa a México. En 1953 acepta un contrato permanente para organizar la Sección Editorial de la CEPAL (Comisión Económica para América Latina), dependencia de las Naciones Unidas en Chile. Diez años más tarde ocupa primero la secretaría y luego la subdirección de la CEPAL en México. Vuelve a Santiago de Chile para ser director de publicaciones de Instituto Latinoamericano Económico y Social (ILPES) desde 1967 a 1972. Se vuelve a reintegrar en la CEPAL para desempeñar finalmente el cargo de director de su división de documentos y conferencias, en la que permanece hasta 1975, que regresa a España, para vivir entre Nerja y Madrid. Colabora en muchos periódicos y revistas: ABC, Araucaria, Heliópolis, Ínsula, Litoral, El País, Pueblo, Sur, Trilce... En 1987 el Ayuntamiento de Nerja nombra hijos adoptivos de Nerja a Francisco Giner de los Ríos y a su esposa María Luisa Díez Canedo “por demostrar muchísimo amor y dedicación a Nerja”.

Su obra Jornada hecha. Poesía: 1934-1952 (1953) pone ante nosotros un panorama muy completo de su creación hasta ese momento, en los años siguientes publicará nuevas colecciones y poesía suelta. En mayo de 1940 publica La rama viva, que lleva un prólogo muy entusiasta de Juan Ramón Jiménez. “ Con su ardor constante-nos dice el poeta de Moguer-, cruce del fuego de loa amores eternos. Francisco Giner de los Ríos(¡qué fortuna. Ausente entero, jeneroso y libre, que lleve hoy tu nombre quien lo lleva!)... un poeta joven, cuya vida interior, hermoso clavel español en apretada ascua, estalla con lengua de poesía verdadera y amor verdadero, única redimidora posible de nuestra sorda vida”. Estos versos juveniles fueron, en parte, escritos antes del exilio del poeta y editados en México. Pasión primera y Romancerillo de la fe vieron la luz en 1941. En 1948 publica los Laureles de Oaxaca. Más tarde verán la luz Poemas mexicanos(1958), Llanto con Emilio Prados (1966), Elegías y poemas españoles (1966), Por Algarrobo y el Tabo, con las luces de Valparaíso (1980) y Borrador de Año Nuevo (1986), Junto con su mujer María Luisa Díez-Canedo tradujo El imperio bizantino de Norman H. Baynes. Y como dijo el poeta que sufrió la amargura y la soledad del exilio pero que nunca fue vencido en su amor a Nerja: “No me quitéis el aire / ni me robéis la rosa, / ni me escondáis el cielo. / Sobre un monte de España / quiero volver a verlos”.

Francisco Arias Solís

El mundo es nuestra patria, nuestros hermanos los que defienden en todas partes la libertad... (Frase de Fermín Salvochea glosada en el libro: 102 razones para recordar a Salvochea)

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sábado, 21 de noviembre de 2009

Francisco Cerdá y Rico por Francisco Arias Solís

FRANCISCO CERDÁ Y RICO
(1739-1800)

“Si el agua te es placentera,
hay allí fuente tan bella,
que para ser la primera
entre todas, sólo espera
que tú te laves en ella.”
Gaspar Gil Polo. La Diana enamorada.

LA VOZ DE UN HUMANISTA

Cerdá fue sustancialmente un bibliófilo, como su maestro Mayáns, amaba apasionadamente cuanto representaba el humanismo español del siglo XVI. Dedicó toda su vida a la publicación de textos antiguos con el propósito de poner al alcance del lector obras de difícil o imposible acceso. Como en tantos otros escritores del siglo XVIII, la tarea de Cerdá está mentada por una vivísima pasión patriótica.

Cerdá, a diferencia de su maestro Mayáns, fue muy bien acogido en las esferas oficiales y no debió andar corto de habilidad para manejarse entre los grandes que le pudieran favorecer y patrocinaran sus trabajos.

Francisco Cerdá y Rico nació en Castalla, provincia de Alicante, el 8 de marzo de 1739. Hijo de familia hidalga, estudió leyes y cánones en la Universidad de Valencia, donde se graduó de Bachiller en Derecho Civil. Desde muy temprano entró en relación con Mayáns, que orientó sus aficiones humanistas y con quien mantuvo larga correspondencia. Ayudado por las recomendaciones de Mayáns se trasladó Cerdá a Madrid; bien pronto obtuvo un puesto en la Biblioteca Real, donde pudo entregarse fácilmente a sus trabajos preferidos. En 1775 fue elegido académico de la Historia y en 1783 oficial de la Secretaría de Estado y del despacho universal de Gracia y Justicia de Indias, lo que le obligó a dejar el servicio activo en la Biblioteca Real; más tarde fue nombrado secretario del Consejo y Cámara de Indias para el departamento de Nueva España. El erudito de Castalla fue condecorado con la cruz de Carlos III. Francisco Cerdá y Rico murió en Madrid el 5 de enero de 180, dejando tras sí un testamento con abundantes deudas.

Cerdá editó obras de escritores españoles en latín y castellano. Entre las primeras deben destacarse las obras de Alfonso García Matamoros; el De Aphrodisio expugnato, de Juan Cristóbal Calvete de Estrella; las Obras de Juan Ginés de Sepúlveda. Finalmente hay que añadir la Retórica de Vosio, a la que añade Cerdá un comentario sobre numerosos retóricos españoles desde Nebrija a Luis Vives hasta Mayáns, con noticias bibliográficas, sobre cada uno.

Entre las ediciones en español deben destacarse las Obras de Francisco Cervantes de Salazar; La Diana enamorada, de Gaspar Gil Polo, una colección de Poesías espirituales de diversos autores; las Tablas poéticas, de Francisco Cascales; las Coplas de Jorge Manrique. Mención aparte merece la gran colección en veinte volúmenes de las Obras sueltas, así en prosa como en verso, de Félix Lope de Vega Carpio.

No menor que en el campo de la literatura fue la actividad de Cerdá en el terreno de la historiografía. Editó Cerdá la Expedición de los catalanes y aragoneses contra turcos y griegos, de Francisco Moncada, no publicada hasta 1623. En 1777 editó las Memorias Históricas del Rei D. Alfonso el Sabio i observaciones a su Crónica, del Marqués de Mondéjar. En 1783 editó Cerdá las Memorias históricas de la Vida y Acciones del rey D. Alonso el Noble, octavo del nombre, según manuscrito de Mondéjar facilitado por Mayáns poco antes de su muerte. Y en 1787 editó la Crónica de D. Alonso de Onceno de este nombre, publicada por primera y única vez en 1551.

En numerosos pasajes de sus publicaciones. Cerdá declara que le mueve el deseo de vindicar el honor y el nombre de la literatura española, dándola a conocer dentro y fuera de país: los eruditos europeos –dice- apenas tienen noticias de unas pocas obras españolas, debido en buena medida a nuestra propia incuria, ya que no nos hemos cuidado de sacar de la oscuridad a nuestros ingenios. Y como dijo el poeta: “Y es hoy aquel mañana de ayer... “

Francisco Arias Solís

Paz y Libertad.

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sábado, 27 de junio de 2009

Francisco Giner de los Ríos por Francisco Arias Solis

FRANCISCO GINER DE LOS RIOS
(1839-1915)

“Como se fue el maestro,
la luz de esta mañana
me dijo: Van tres días
que mi hermano Francisco no trabaja.”
Antonio Machado. A don Francisco Giner de los Ríos.

LA VOZ DEL MAESTRO DE RONDA

“Cuando aparecía don Francisco –escribe Antonio Machado- corríamos a él con infantil algazara y lo llevábamos en volandas hasta la puerta de la clase”.

Giner de los Ríos era sabiduría, sensibilidad y doctrina, todo ello fundido en un singular e inolvidable estilo de vida. “Aunque no hubiera escrito nada, como no lo dejó Sócrates, su obra viviría entera”, nos dejó dicho Miguel de Unamuno.

Francisco Giner de los Ríos nace en Ronda el 10 de octubre de 1839. Se traslada con su familia a Cádiz, cursando en el Colegio de Santo Tomás, su primer año de la segunda enseñanza. Posteriormente su familia se traslada a Alicante, obteniendo el grado de Bachiller en el Instituto de Alicante. Su iniciación universitaria empieza en Barcelona, de donde pasa a la Universidad de Granada. En esta ciudad recibe los grados de licenciado en Derecho y bachiller en Filosofía y Letras. En 1863 Giner se traslada a Madrid, y en la Universidad Central hace estudios de doctorado en Derecho. En 1867, Giner, gana por oposición la cátedra de Filosofía del Derecho y Derecho Internacional en la Universidad de Madrid

Recién llegado a la Corte traba amistad con Julián Sanz del Río, introductor y principal representante del krausismo en España. Buen número de los krausistas españoles son andaluces: Canalejas, Salmerón, Castelar, Federico de Castro y Giner de los Ríos. Sanz del Río, nace en Castilla, pero a los diez años va a educarse a Córdoba y más tarde estudia Derecho en Granada.

Sorprende leer, hoy que tanto se habla de la Unión Europea lo que Krause escribió en el Ideal de la Humanidad hace casi dos siglos (la primera edición alemana se publicó en 1811). Krause preveía que “sobre los Estados existentes en Europa puede venir en un tiempo, y mediante ellos mismos, una unión superior política...”

Giner, fue sin duda la personalidad más eminente y eficaz del krausismo español. Al maestro rondeño le toca el mérito de haber transformado toda la filosofía krausista en una práctica docente. Tuvo una influencia decisiva en toda la vida intelectual española de finales del XIX, y primer cuarto de por lo menos, del XX. Su actividad le llevó a cultivar todos los terrenos desde la Literatura hasta la Sociología, desde la Política hasta la Pedagogía. Fue en todo “hombre moderno”, el primer europeísta español; sus ideas se adelantaron a la llamada generación del 98. Jurista intentó renovar sin violencia muchas instituciones sociales; sociólogo, estudió sociológicamente la evolución de la cultura y de las ideas en general. Quizá su mayor preocupación residiera en la Pedagogía: la formación de un hombre nuevo, moralmente integro, intelectualmente cultivado, capaz de renovar el país. “Los nuevos educadores en ningún momento tratarán de ser meros transmisores del saber -decía Giner de los Ríos-, ni siquiera habrán de conformarse con la mera relación instructiva, sino que en todo momento será su ideal el formar hombres hombres nuevos y esto significa atención a todas las facultades del hombre, físicas y espirituales.”

No es posible citar todas las obras de Giner de los Ríos, entre las más notables: Estudios literarios (1866), Principios elementales de Derecho (1871), Estudios jurídicos y políticos (1875), Lecciones sumarias de Psicología (1876), Estudios de literatura y arte (1876), Educación y Enseñanza (1889), Estudios y fragmentos sobre la teoría de la persona social (1899), Ensayos sobre Educación (1913) y la interesantísima y novedosa para la época, Estudios de filosofía y sociología. (1904).

Con ser notable toda la obra como pensador nada supera la del pedagogo en acción. En 1875, fue expulsado temporalmente de la cátedra de la Universidad de Madrid, con muchos otros profesores. Giner es conducido por la guardia civil a Cádiz y recluido, durante los primeros días de su destierro, en el castillo de Santa Catalina. En 1876, funda la Institución Libre de Enseñanza, primero de enseñanza superior y después sólo primaria. Giner creía que el español adulto es irreformable y que sólo tomándolo ab ovo, podía sacarse de él algún partido. Y lo sacó, evidentemente. Por aquella modesta institución pasaron muchos hombres y mujeres que luego fueron eminentes en la enseñanza, en la ciencia, en la política y en la literatura: Azaña, Besteiro, Fernando de los Ríos, Concepción Arenal, Emilia Pardo Bazán, Antonio Machado, Unamuno, Juan Ramón Jiménez, Zenobia Camprubí, Ortega y Gasset, Américo Castro, Salvador de Madariaga, María Lejarrága, Victoria Kent, María de Maeztu, Lorca, Dalí, Emilio Prados, María Zambrano, Buñuel...

A la sombra del Institución Libre de Enseñanza y bajo la inspiración de Giner y sus auxiliares, señaladamente su segundo, Manuel Bartolomé Cossío, el redescubridor del Greco, nacieron otras instituciones encargadas de difundir la cultura: la Escuela Superior del Magisterio, el Instituto Modelo de Enseñanza Secundaria, la Residencia de Estudiantes y la Junta de Ampliación de Estudios.

Nadie honradamente puede negar que todas estas instituciones creadas e inspiradas por Giner de los Ríos, hizo mejores a los hombres y mujeres españoles. El espíritu Giner alienta en cada uno de esos institutos, a saber, la visión de una España futura, obra de jóvenes generaciones a las que una nueva educación panhumanística había redimido de la penuria intelectual de antaño. Ese espíritu coincide con el “ideal de humanidad” del racionalismo armónico, en los decenios anteriores a la primera gran guerra. Cuando Giner de los Ríos muere en Madrid el 17 de febrero de 1915 ya se ha quebrantado ese ideal, pero, hay motivo más que suficiente para seguir profesando el de Giner con fe robusta. Y como dijo Machado: “Allí el maestro un día / soñaba un nuevo florecer de España”.

Francisco Arias Solís

La libertad no la tienen los que no tienen su sed.

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sábado, 13 de junio de 2009

Nicanor Parra por Francisco Arias Solis

NICANOR PARRA

“Lo peor es que nosotros desaparecíamos
Teníamos que ir a veces o bien teníamos que venir
Cambiar eternamente de lugar
Eternamente cambiar de botas, cambiar de sombreros
So riesgo de ser descubiertos al fin por la policía.”
Nicanor Parra.

LA VOZ DE LA ANTIPOESÍA

Aquel martes once de septiembre, escuchaba la voz de Salvador Allende por la radio. Aquella voz ronca entre el humo y los tiros, dura ante la traición, emocionada y cariñosa cuando hablaba a su pueblo. Hablaba mientras encaraba la muerte y sabiendo el dolor que iba a inundar a su patria. Recuerdo que se dirigió a su pueblo, a los trabajadores, a las mujeres, a los jóvenes. Dijo unas frases sobre su fe en “el hombre libre que construirá una sociedad mejor”. No recuerdo bien, pero habló cada vez más ronco al decir “tengo fe en Chile y su destino”.

Después de aquellos acontecimientos dramáticos de septiembre del 73 de Chile, nada se supo por mucho tiempo del gran poeta Nicanor Parra del que dijo Pablo Neruda, triste protagonista de ese acontecimiento histórico: “La vocación poética es tan poderosa en Nicanor Parra como lo fuera en Miguel Hernández”.

“Yo no soy derechista ni izquierdista / yo simplemente rompo los moldes”, decía Nicanor Parra. Y en otra ocasión contaba: “Políticamente éramos en general apolíticos, más exactamente, izquierdistas no militantes... Yo me inclinaba por la filosofía oriental lo que me hacía sospechoso...”

A los ilustres nombres de Gabriela Mistral, Vicente Huidobro y Pablo Neruda hay que añadir, en el contexto de la poesía chilena del siglo XX, el de Nicanor Parra Sandoval. Nacido en San Fabián de Alico el 5 de septiembre de 1914. Es hermano de la folklorista Violeta Parra así como de Roberto Parra, folklorista también y músico trashumante. Su madre fue una modista llamada Clara Sandoval y su padre un maestro del que Nicanor heredó el nombre. Hizo sus estudios de secundaria en el Liceo de Hombres de Chillán y en el Internado Nacional de Barros Arena de Santiago. Miembro de la “generación de 1938” chilena representa, junto a sus compañeros de generación, el tipo de “poetas espontáneos, naturales, al alcance del grueso público”.

En 1937 publica su primer libro de poemas Cancionero sin nombre y en ese mismo año termina sus estudios de Matemáticas y Físicas en el Instituto Pedagógico de la Universidad de Chile.

En sus comienzos literarios forma una especie de grupo literario con los poetas Oyarzún y Millas, grupo del que surgiría aquel libro titulado Tres poetas chilenos (1942). En los comienzos de su carrera literaria y, más tarde, en ratos sueltos, Parra se interesó por el motivo de la llamada poesía popular. Este gusto popular puede verse reflejado en los versos de La cueca larga (1958) y ciertas reminiscencias del mismo con poemas tales como “Es olvido” del libro Poemas y Antipoemas (1954). Su afición por los metros populares viene refrendada y avalada por la personalidad de su hermana Violeta que con su guitarra transportó la calidad de estos versos por toda Hispanoamérica. Canciones rusas (1967), posee acentos de ternura y lirismo especialmente en los poemas de evocación a Chile. Versos de salón (1962), escrito con anterioridad, enfatiza, antipoéticamente, lo vano e ilusorio de la realidad desde la voz poética de una especie de paseante que contempla lo absurdo del teatro del mundo. En Artefactos (1972) culmina el proceso de reducción, de condensación y síntesis expresiva de Parra. De muy diferente signo son los Sermones y prédicas del Cristo de Elqui (1977) proseguido dos años después por los Nuevos sermones y prédicas del Cristo de Elqui. Reflexiones envueltas en franciscana sencillez y puestas en boca de un santón o vagabundo que es testigo marginal de una época. Es este el resultado de una enmascaramiento del poeta para expresarse críticamente. Igual táctica se sigue en Cachureo, Ecopoemas, Guatipiques, Ultimas prédicas, series incluidas en Poesía política (1983) donde el Parra “anarquista libertario” enmascara su macabro humor bajo figuras populares carentes de prestigio y se manifiesta ante la violencia institucionalizada. Entre los títulos mas relevantes de sus últimas obras citaremos: Chistes para desorientar a la poesía (1989), Hojas de Parra (1985), Poemas para combatir la calvicie (1993), Páginas en blanco (2001) y Obras completas / & algo +.

Especialista de mecánica avanzada por la Universidad de Brown (EE.UU.) ha sido director del departamento de Ingeniería de la Universidad de Chile, así como profesor de la Universidad de Louisiana en 1966. Ha viajado por todo el mundo destacando de entre sus viajes los realizados a Estados Unidos, Inglaterra, China y Rusia.

Nicanor Parra obtuvo en 1969 el Premio Nacional de Literatura de su país, por Obra gruesa, en 1991 el Premio Juan Rulfo y en 2001 el Premio Reina Sofía de Poesía Iberoamericana. Ha sido postulado en varias ocasiones para el Premio Nobel.

En 1954 la aparición de su libro Poemas y Antipoemas fue un acontecimiento cultural de primera magnitud, colocando a Nicanor Parra como uno de los mejores poetas hispanoparlantes de nuestro tiempo. Parra es la contrafigura del poeta-vate, del poeta-oráculo, del poeta-profeta y se complace en poner en solfa no sólo convencionalismos estéticos muy diferentes, sino que llega a la eliminación de la estructura del poema, de su desarrollo, su estilo. Fuera de todo pedestal, distanciado desde la ironía de una realidad hueca y falsa que se complace en agredir, ha universalizado su voz sin perder su raíz chilena.

“El antipoema -decía Nicanor Parra-, que a la postre, no es otra cosa que el poema tradicional enriquecido, con la savia surrealista -surrealismo criollo o como queráis llamarlo-, debe aún ser resuelto desde el punto de vista psicológico y social del país y del continente a que pertenecemos, para que pueda ser considerado como un verdadero ideal poético”.

Nicanor Parra es popular pero no vulgar; intelectual pero no libresco; humorístico, pero no grosero; delicado, pero no atildado; crítico, pero no amargo. Y como dijo nuestro poeta: “Reconozco que se me caen las lágrimas / Volveremos a vernos / En el mar, en la tierra, donde sea”.

Francisco Arias Solís

Será vano el intento de humanizar las guerras. Lo humano es evitarlas.

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sábado, 6 de junio de 2009

Juan Eugenio Hartzenbusch por Francisco Arias Solis

JUAN EUGENIO HARTZENBUSCH
(1806-1880)

“Mi bien perdona
mi despecho fatal. Yo te adoraba.
Tuya fui, tuya soy: en pos del tuyo
mi enamorado espíritu se lanza.”
Hartzenbusch. Los amantes de Teruel.

LA VOZ DE LA AUTENTICIDAD SENTIMENTAL

Hartzenbusch pretendió con el teatro mejorar la sociedad y ofrecer al hombre un estado de libertad del que carece en la tierra. Buscó nuevas fórmulas que facilitaran el efecto del cambio, mezclas estróficas, combinación de verso y prosa. Su obra supuso aire renovado en la escena de su época. Y es incuestionable que la suya fue una obra de capital importancia para el teatro romántico español.

Juan Eugenio Hartzenbusch nace en Madrid el 6 de septiembre de 1806. Hijo de un humilde ebanista alemán arruinado por la guerra napoleónica, Hartzenbusch continuó a su vez el oficio paterno del que parecía haber heredado la laboriosidad y meticulosidad propias de su trabajo.

Cuando contaba sólo dos años, pierde a su madre, y vive con su padre y hermano, durante unos años, en Valparaíso de Abajo, pueblo conquense. En 1815 la familia Hartzenbusch regresa a Madrid; allí el padre crea un nuevo taller de ebanistería, que será el primer lugar de trabajo del poeta romántico.

En 1831 Hartzenbusch escribe sus dos primeros dramas, ambos de carácter histórico: Las hijas de Gracián Ramírez y El Infante Don Fernando de Antequera. Tres años más tarde comienza su trabajo sobre Los amantes de Teruel. Abandona aunque no totalmente su oficio de ebanista y consigue un puesto como taquígrafo en la Gaceta de Madrid.

En el Teatro del Príncipe, el 19 de enero de 1837, se estrenó Los amantes de Teruel, historia de los infortunados amores de Diego e Isabel. Diego Marsilla e Isabel de Segura son los protagonistas de un suceso acaecido en el siglo XIII; ella ama a Diego desde la niñez, pero el padre de la doncella se niega a las nupcias, alegando la parquedad económica del joven, quien tratando de remediar su estrechez, se hace a las armas para amasar fortuna dentro de un determinado plazo, fijado por el padre de Isabel.

Mesonero Romanos, recuerda la noche del estreno: “No bien se escucharon las primeras escenas del apasionado drama ante los ojos del público aquellas bellezas de primer orden en sus interesantes situaciones, sus simpáticos caracteres y poética alocución, el público, entusiasmado, prorrumpió en atronadores aplausos...” Pero ninguna crítica tuvo tanta fortuna para el destino literario de Hartzenbusch como la reseña publicada por Larra en El Español: “El autor ha sabido hacer interesante a todos sus personajes... La versificación y el estilo nos han parecido excelentes”.

En 1838 Hartzenbusch consigue una plaza temporal como taquígrafo en el Congreso. Estrena Doña Mencía y Los polvos de la madre Celestina. Posteriormente publica Honoria, Primero yo, La jura de Santa Gadea, La ley de la raza, La madre de Pelayo, La redoma encantada y los Ensayos poéticos. Pero para la Historia de la Literatura Hartzenbusch es el autor del drama romántico español Los amantes de Teruel. En 1847, Harzenbusch ingresó en la Real Academia Española, y ocupó el sillón ele minúscula, siendo el primero que ocupó esta letra, porque ese mismo año se ampliaron las plazas y se optó por adjudicar sillones a las doce primeras letras minúsculas. Un año más tarde edita las Fábulas.

En 1853, el “maestro ebanista” es nombrado director de la Escuela Normal de Madrid, de donde pasó a dirigir la Biblioteca Nacional, cargo que ostentará hasta su jubilación. Juan Eugenio Hartzenbusch muere en Madrid, el 2 de agosto de 1880.

Lo más notable de Los amantes de Teruel es la autenticidad sentimental con que la compuso el autor. Diego e Isabel, los héroes románticos, que del siglo XIII rescató Hartzenbusch, pretenden como los mitos mayores de la pasión, dar a lo conocido la dimensión de lo sobrenatural Por ello, no es extraño que al final de la obra, Isabel diga: “El cielo que en la vida nos aparta / nos unirá en la tumba”.

Francisco Arias Solís

La violencia siempre ha sido reaccionaria.

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