FRANCISCO GINER DE LOS RIOS
(1839-1915)
“Como se fue el maestro,
la luz de esta mañana
me dijo: Van tres días
que mi hermano Francisco no trabaja.”
Antonio Machado. A don Francisco Giner de los Ríos.
LA VOZ DEL MAESTRO DE RONDA
“Cuando aparecía don Francisco –escribe Antonio Machado- corríamos a él con infantil algazara y lo llevábamos en volandas hasta la puerta de la clase”.
Giner de los Ríos era sabiduría, sensibilidad y doctrina, todo ello fundido en un singular e inolvidable estilo de vida. “Aunque no hubiera escrito nada, como no lo dejó Sócrates, su obra viviría entera”, nos dejó dicho Miguel de Unamuno.
Francisco Giner de los Ríos nace en Ronda el 10 de octubre de 1839. Se traslada con su familia a Cádiz, cursando en el Colegio de Santo Tomás, su primer año de la segunda enseñanza. Posteriormente su familia se traslada a Alicante, obteniendo el grado de Bachiller en el Instituto de Alicante. Su iniciación universitaria empieza en Barcelona, de donde pasa a la Universidad de Granada. En esta ciudad recibe los grados de licenciado en Derecho y bachiller en Filosofía y Letras. En 1863 Giner se traslada a Madrid, y en la Universidad Central hace estudios de doctorado en Derecho. En 1867, Giner, gana por oposición la cátedra de Filosofía del Derecho y Derecho Internacional en la Universidad de Madrid
Recién llegado a la Corte traba amistad con Julián Sanz del Río, introductor y principal representante del krausismo en España. Buen número de los krausistas españoles son andaluces: Canalejas, Salmerón, Castelar, Federico de Castro y Giner de los Ríos. Sanz del Río, nace en Castilla, pero a los diez años va a educarse a Córdoba y más tarde estudia Derecho en Granada.
Sorprende leer, hoy que tanto se habla de la Unión Europea lo que Krause escribió en el Ideal de la Humanidad hace casi dos siglos (la primera edición alemana se publicó en 1811). Krause preveía que “sobre los Estados existentes en Europa puede venir en un tiempo, y mediante ellos mismos, una unión superior política...”
Giner, fue sin duda la personalidad más eminente y eficaz del krausismo español. Al maestro rondeño le toca el mérito de haber transformado toda la filosofía krausista en una práctica docente. Tuvo una influencia decisiva en toda la vida intelectual española de finales del XIX, y primer cuarto de por lo menos, del XX. Su actividad le llevó a cultivar todos los terrenos desde la Literatura hasta la Sociología, desde la Política hasta la Pedagogía. Fue en todo “hombre moderno”, el primer europeísta español; sus ideas se adelantaron a la llamada generación del 98. Jurista intentó renovar sin violencia muchas instituciones sociales; sociólogo, estudió sociológicamente la evolución de la cultura y de las ideas en general. Quizá su mayor preocupación residiera en la Pedagogía: la formación de un hombre nuevo, moralmente integro, intelectualmente cultivado, capaz de renovar el país. “Los nuevos educadores en ningún momento tratarán de ser meros transmisores del saber -decía Giner de los Ríos-, ni siquiera habrán de conformarse con la mera relación instructiva, sino que en todo momento será su ideal el formar hombres hombres nuevos y esto significa atención a todas las facultades del hombre, físicas y espirituales.”
No es posible citar todas las obras de Giner de los Ríos, entre las más notables: Estudios literarios (1866), Principios elementales de Derecho (1871), Estudios jurídicos y políticos (1875), Lecciones sumarias de Psicología (1876), Estudios de literatura y arte (1876), Educación y Enseñanza (1889), Estudios y fragmentos sobre la teoría de la persona social (1899), Ensayos sobre Educación (1913) y la interesantísima y novedosa para la época, Estudios de filosofía y sociología. (1904).
Con ser notable toda la obra como pensador nada supera la del pedagogo en acción. En 1875, fue expulsado temporalmente de la cátedra de la Universidad de Madrid, con muchos otros profesores. Giner es conducido por la guardia civil a Cádiz y recluido, durante los primeros días de su destierro, en el castillo de Santa Catalina. En 1876, funda la Institución Libre de Enseñanza, primero de enseñanza superior y después sólo primaria. Giner creía que el español adulto es irreformable y que sólo tomándolo ab ovo, podía sacarse de él algún partido. Y lo sacó, evidentemente. Por aquella modesta institución pasaron muchos hombres y mujeres que luego fueron eminentes en la enseñanza, en la ciencia, en la política y en la literatura: Azaña, Besteiro, Fernando de los Ríos, Concepción Arenal, Emilia Pardo Bazán, Antonio Machado, Unamuno, Juan Ramón Jiménez, Zenobia Camprubí, Ortega y Gasset, Américo Castro, Salvador de Madariaga, María Lejarrága, Victoria Kent, María de Maeztu, Lorca, Dalí, Emilio Prados, María Zambrano, Buñuel...
A la sombra del Institución Libre de Enseñanza y bajo la inspiración de Giner y sus auxiliares, señaladamente su segundo, Manuel Bartolomé Cossío, el redescubridor del Greco, nacieron otras instituciones encargadas de difundir la cultura: la Escuela Superior del Magisterio, el Instituto Modelo de Enseñanza Secundaria, la Residencia de Estudiantes y la Junta de Ampliación de Estudios.
Nadie honradamente puede negar que todas estas instituciones creadas e inspiradas por Giner de los Ríos, hizo mejores a los hombres y mujeres españoles. El espíritu Giner alienta en cada uno de esos institutos, a saber, la visión de una España futura, obra de jóvenes generaciones a las que una nueva educación panhumanística había redimido de la penuria intelectual de antaño. Ese espíritu coincide con el “ideal de humanidad” del racionalismo armónico, en los decenios anteriores a la primera gran guerra. Cuando Giner de los Ríos muere en Madrid el 17 de febrero de 1915 ya se ha quebrantado ese ideal, pero, hay motivo más que suficiente para seguir profesando el de Giner con fe robusta. Y como dijo Machado: “Allí el maestro un día / soñaba un nuevo florecer de España”.
Francisco Arias Solís
La libertad no la tienen los que no tienen su sed.
XIII Festival Poético por la Paz y la Libertad en memoria de Mario Benedetti.
URL: http://www.internautasporlapaz.org
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sábado, 27 de junio de 2009
sábado, 13 de junio de 2009
Nicanor Parra por Francisco Arias Solis
NICANOR PARRA
“Lo peor es que nosotros desaparecíamos
Teníamos que ir a veces o bien teníamos que venir
Cambiar eternamente de lugar
Eternamente cambiar de botas, cambiar de sombreros
So riesgo de ser descubiertos al fin por la policía.”
Nicanor Parra.
LA VOZ DE LA ANTIPOESÍA
Aquel martes once de septiembre, escuchaba la voz de Salvador Allende por la radio. Aquella voz ronca entre el humo y los tiros, dura ante la traición, emocionada y cariñosa cuando hablaba a su pueblo. Hablaba mientras encaraba la muerte y sabiendo el dolor que iba a inundar a su patria. Recuerdo que se dirigió a su pueblo, a los trabajadores, a las mujeres, a los jóvenes. Dijo unas frases sobre su fe en “el hombre libre que construirá una sociedad mejor”. No recuerdo bien, pero habló cada vez más ronco al decir “tengo fe en Chile y su destino”.
Después de aquellos acontecimientos dramáticos de septiembre del 73 de Chile, nada se supo por mucho tiempo del gran poeta Nicanor Parra del que dijo Pablo Neruda, triste protagonista de ese acontecimiento histórico: “La vocación poética es tan poderosa en Nicanor Parra como lo fuera en Miguel Hernández”.
“Yo no soy derechista ni izquierdista / yo simplemente rompo los moldes”, decía Nicanor Parra. Y en otra ocasión contaba: “Políticamente éramos en general apolíticos, más exactamente, izquierdistas no militantes... Yo me inclinaba por la filosofía oriental lo que me hacía sospechoso...”
A los ilustres nombres de Gabriela Mistral, Vicente Huidobro y Pablo Neruda hay que añadir, en el contexto de la poesía chilena del siglo XX, el de Nicanor Parra Sandoval. Nacido en San Fabián de Alico el 5 de septiembre de 1914. Es hermano de la folklorista Violeta Parra así como de Roberto Parra, folklorista también y músico trashumante. Su madre fue una modista llamada Clara Sandoval y su padre un maestro del que Nicanor heredó el nombre. Hizo sus estudios de secundaria en el Liceo de Hombres de Chillán y en el Internado Nacional de Barros Arena de Santiago. Miembro de la “generación de 1938” chilena representa, junto a sus compañeros de generación, el tipo de “poetas espontáneos, naturales, al alcance del grueso público”.
En 1937 publica su primer libro de poemas Cancionero sin nombre y en ese mismo año termina sus estudios de Matemáticas y Físicas en el Instituto Pedagógico de la Universidad de Chile.
En sus comienzos literarios forma una especie de grupo literario con los poetas Oyarzún y Millas, grupo del que surgiría aquel libro titulado Tres poetas chilenos (1942). En los comienzos de su carrera literaria y, más tarde, en ratos sueltos, Parra se interesó por el motivo de la llamada poesía popular. Este gusto popular puede verse reflejado en los versos de La cueca larga (1958) y ciertas reminiscencias del mismo con poemas tales como “Es olvido” del libro Poemas y Antipoemas (1954). Su afición por los metros populares viene refrendada y avalada por la personalidad de su hermana Violeta que con su guitarra transportó la calidad de estos versos por toda Hispanoamérica. Canciones rusas (1967), posee acentos de ternura y lirismo especialmente en los poemas de evocación a Chile. Versos de salón (1962), escrito con anterioridad, enfatiza, antipoéticamente, lo vano e ilusorio de la realidad desde la voz poética de una especie de paseante que contempla lo absurdo del teatro del mundo. En Artefactos (1972) culmina el proceso de reducción, de condensación y síntesis expresiva de Parra. De muy diferente signo son los Sermones y prédicas del Cristo de Elqui (1977) proseguido dos años después por los Nuevos sermones y prédicas del Cristo de Elqui. Reflexiones envueltas en franciscana sencillez y puestas en boca de un santón o vagabundo que es testigo marginal de una época. Es este el resultado de una enmascaramiento del poeta para expresarse críticamente. Igual táctica se sigue en Cachureo, Ecopoemas, Guatipiques, Ultimas prédicas, series incluidas en Poesía política (1983) donde el Parra “anarquista libertario” enmascara su macabro humor bajo figuras populares carentes de prestigio y se manifiesta ante la violencia institucionalizada. Entre los títulos mas relevantes de sus últimas obras citaremos: Chistes para desorientar a la poesía (1989), Hojas de Parra (1985), Poemas para combatir la calvicie (1993), Páginas en blanco (2001) y Obras completas / & algo +.
Especialista de mecánica avanzada por la Universidad de Brown (EE.UU.) ha sido director del departamento de Ingeniería de la Universidad de Chile, así como profesor de la Universidad de Louisiana en 1966. Ha viajado por todo el mundo destacando de entre sus viajes los realizados a Estados Unidos, Inglaterra, China y Rusia.
Nicanor Parra obtuvo en 1969 el Premio Nacional de Literatura de su país, por Obra gruesa, en 1991 el Premio Juan Rulfo y en 2001 el Premio Reina Sofía de Poesía Iberoamericana. Ha sido postulado en varias ocasiones para el Premio Nobel.
En 1954 la aparición de su libro Poemas y Antipoemas fue un acontecimiento cultural de primera magnitud, colocando a Nicanor Parra como uno de los mejores poetas hispanoparlantes de nuestro tiempo. Parra es la contrafigura del poeta-vate, del poeta-oráculo, del poeta-profeta y se complace en poner en solfa no sólo convencionalismos estéticos muy diferentes, sino que llega a la eliminación de la estructura del poema, de su desarrollo, su estilo. Fuera de todo pedestal, distanciado desde la ironía de una realidad hueca y falsa que se complace en agredir, ha universalizado su voz sin perder su raíz chilena.
“El antipoema -decía Nicanor Parra-, que a la postre, no es otra cosa que el poema tradicional enriquecido, con la savia surrealista -surrealismo criollo o como queráis llamarlo-, debe aún ser resuelto desde el punto de vista psicológico y social del país y del continente a que pertenecemos, para que pueda ser considerado como un verdadero ideal poético”.
Nicanor Parra es popular pero no vulgar; intelectual pero no libresco; humorístico, pero no grosero; delicado, pero no atildado; crítico, pero no amargo. Y como dijo nuestro poeta: “Reconozco que se me caen las lágrimas / Volveremos a vernos / En el mar, en la tierra, donde sea”.
Francisco Arias Solís
Será vano el intento de humanizar las guerras. Lo humano es evitarlas.
XIII Festival Poético por la Paz y la Libertad en memoria de Mario Benedetti.
URL: http://www.internautasporlapaz.org
“Lo peor es que nosotros desaparecíamos
Teníamos que ir a veces o bien teníamos que venir
Cambiar eternamente de lugar
Eternamente cambiar de botas, cambiar de sombreros
So riesgo de ser descubiertos al fin por la policía.”
Nicanor Parra.
LA VOZ DE LA ANTIPOESÍA
Aquel martes once de septiembre, escuchaba la voz de Salvador Allende por la radio. Aquella voz ronca entre el humo y los tiros, dura ante la traición, emocionada y cariñosa cuando hablaba a su pueblo. Hablaba mientras encaraba la muerte y sabiendo el dolor que iba a inundar a su patria. Recuerdo que se dirigió a su pueblo, a los trabajadores, a las mujeres, a los jóvenes. Dijo unas frases sobre su fe en “el hombre libre que construirá una sociedad mejor”. No recuerdo bien, pero habló cada vez más ronco al decir “tengo fe en Chile y su destino”.
Después de aquellos acontecimientos dramáticos de septiembre del 73 de Chile, nada se supo por mucho tiempo del gran poeta Nicanor Parra del que dijo Pablo Neruda, triste protagonista de ese acontecimiento histórico: “La vocación poética es tan poderosa en Nicanor Parra como lo fuera en Miguel Hernández”.
“Yo no soy derechista ni izquierdista / yo simplemente rompo los moldes”, decía Nicanor Parra. Y en otra ocasión contaba: “Políticamente éramos en general apolíticos, más exactamente, izquierdistas no militantes... Yo me inclinaba por la filosofía oriental lo que me hacía sospechoso...”
A los ilustres nombres de Gabriela Mistral, Vicente Huidobro y Pablo Neruda hay que añadir, en el contexto de la poesía chilena del siglo XX, el de Nicanor Parra Sandoval. Nacido en San Fabián de Alico el 5 de septiembre de 1914. Es hermano de la folklorista Violeta Parra así como de Roberto Parra, folklorista también y músico trashumante. Su madre fue una modista llamada Clara Sandoval y su padre un maestro del que Nicanor heredó el nombre. Hizo sus estudios de secundaria en el Liceo de Hombres de Chillán y en el Internado Nacional de Barros Arena de Santiago. Miembro de la “generación de 1938” chilena representa, junto a sus compañeros de generación, el tipo de “poetas espontáneos, naturales, al alcance del grueso público”.
En 1937 publica su primer libro de poemas Cancionero sin nombre y en ese mismo año termina sus estudios de Matemáticas y Físicas en el Instituto Pedagógico de la Universidad de Chile.
En sus comienzos literarios forma una especie de grupo literario con los poetas Oyarzún y Millas, grupo del que surgiría aquel libro titulado Tres poetas chilenos (1942). En los comienzos de su carrera literaria y, más tarde, en ratos sueltos, Parra se interesó por el motivo de la llamada poesía popular. Este gusto popular puede verse reflejado en los versos de La cueca larga (1958) y ciertas reminiscencias del mismo con poemas tales como “Es olvido” del libro Poemas y Antipoemas (1954). Su afición por los metros populares viene refrendada y avalada por la personalidad de su hermana Violeta que con su guitarra transportó la calidad de estos versos por toda Hispanoamérica. Canciones rusas (1967), posee acentos de ternura y lirismo especialmente en los poemas de evocación a Chile. Versos de salón (1962), escrito con anterioridad, enfatiza, antipoéticamente, lo vano e ilusorio de la realidad desde la voz poética de una especie de paseante que contempla lo absurdo del teatro del mundo. En Artefactos (1972) culmina el proceso de reducción, de condensación y síntesis expresiva de Parra. De muy diferente signo son los Sermones y prédicas del Cristo de Elqui (1977) proseguido dos años después por los Nuevos sermones y prédicas del Cristo de Elqui. Reflexiones envueltas en franciscana sencillez y puestas en boca de un santón o vagabundo que es testigo marginal de una época. Es este el resultado de una enmascaramiento del poeta para expresarse críticamente. Igual táctica se sigue en Cachureo, Ecopoemas, Guatipiques, Ultimas prédicas, series incluidas en Poesía política (1983) donde el Parra “anarquista libertario” enmascara su macabro humor bajo figuras populares carentes de prestigio y se manifiesta ante la violencia institucionalizada. Entre los títulos mas relevantes de sus últimas obras citaremos: Chistes para desorientar a la poesía (1989), Hojas de Parra (1985), Poemas para combatir la calvicie (1993), Páginas en blanco (2001) y Obras completas / & algo +.
Especialista de mecánica avanzada por la Universidad de Brown (EE.UU.) ha sido director del departamento de Ingeniería de la Universidad de Chile, así como profesor de la Universidad de Louisiana en 1966. Ha viajado por todo el mundo destacando de entre sus viajes los realizados a Estados Unidos, Inglaterra, China y Rusia.
Nicanor Parra obtuvo en 1969 el Premio Nacional de Literatura de su país, por Obra gruesa, en 1991 el Premio Juan Rulfo y en 2001 el Premio Reina Sofía de Poesía Iberoamericana. Ha sido postulado en varias ocasiones para el Premio Nobel.
En 1954 la aparición de su libro Poemas y Antipoemas fue un acontecimiento cultural de primera magnitud, colocando a Nicanor Parra como uno de los mejores poetas hispanoparlantes de nuestro tiempo. Parra es la contrafigura del poeta-vate, del poeta-oráculo, del poeta-profeta y se complace en poner en solfa no sólo convencionalismos estéticos muy diferentes, sino que llega a la eliminación de la estructura del poema, de su desarrollo, su estilo. Fuera de todo pedestal, distanciado desde la ironía de una realidad hueca y falsa que se complace en agredir, ha universalizado su voz sin perder su raíz chilena.
“El antipoema -decía Nicanor Parra-, que a la postre, no es otra cosa que el poema tradicional enriquecido, con la savia surrealista -surrealismo criollo o como queráis llamarlo-, debe aún ser resuelto desde el punto de vista psicológico y social del país y del continente a que pertenecemos, para que pueda ser considerado como un verdadero ideal poético”.
Nicanor Parra es popular pero no vulgar; intelectual pero no libresco; humorístico, pero no grosero; delicado, pero no atildado; crítico, pero no amargo. Y como dijo nuestro poeta: “Reconozco que se me caen las lágrimas / Volveremos a vernos / En el mar, en la tierra, donde sea”.
Francisco Arias Solís
Será vano el intento de humanizar las guerras. Lo humano es evitarlas.
XIII Festival Poético por la Paz y la Libertad en memoria de Mario Benedetti.
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sábado, 6 de junio de 2009
Juan Eugenio Hartzenbusch por Francisco Arias Solis
JUAN EUGENIO HARTZENBUSCH
(1806-1880)
“Mi bien perdona
mi despecho fatal. Yo te adoraba.
Tuya fui, tuya soy: en pos del tuyo
mi enamorado espíritu se lanza.”
Hartzenbusch. Los amantes de Teruel.
LA VOZ DE LA AUTENTICIDAD SENTIMENTAL
Hartzenbusch pretendió con el teatro mejorar la sociedad y ofrecer al hombre un estado de libertad del que carece en la tierra. Buscó nuevas fórmulas que facilitaran el efecto del cambio, mezclas estróficas, combinación de verso y prosa. Su obra supuso aire renovado en la escena de su época. Y es incuestionable que la suya fue una obra de capital importancia para el teatro romántico español.
Juan Eugenio Hartzenbusch nace en Madrid el 6 de septiembre de 1806. Hijo de un humilde ebanista alemán arruinado por la guerra napoleónica, Hartzenbusch continuó a su vez el oficio paterno del que parecía haber heredado la laboriosidad y meticulosidad propias de su trabajo.
Cuando contaba sólo dos años, pierde a su madre, y vive con su padre y hermano, durante unos años, en Valparaíso de Abajo, pueblo conquense. En 1815 la familia Hartzenbusch regresa a Madrid; allí el padre crea un nuevo taller de ebanistería, que será el primer lugar de trabajo del poeta romántico.
En 1831 Hartzenbusch escribe sus dos primeros dramas, ambos de carácter histórico: Las hijas de Gracián Ramírez y El Infante Don Fernando de Antequera. Tres años más tarde comienza su trabajo sobre Los amantes de Teruel. Abandona aunque no totalmente su oficio de ebanista y consigue un puesto como taquígrafo en la Gaceta de Madrid.
En el Teatro del Príncipe, el 19 de enero de 1837, se estrenó Los amantes de Teruel, historia de los infortunados amores de Diego e Isabel. Diego Marsilla e Isabel de Segura son los protagonistas de un suceso acaecido en el siglo XIII; ella ama a Diego desde la niñez, pero el padre de la doncella se niega a las nupcias, alegando la parquedad económica del joven, quien tratando de remediar su estrechez, se hace a las armas para amasar fortuna dentro de un determinado plazo, fijado por el padre de Isabel.
Mesonero Romanos, recuerda la noche del estreno: “No bien se escucharon las primeras escenas del apasionado drama ante los ojos del público aquellas bellezas de primer orden en sus interesantes situaciones, sus simpáticos caracteres y poética alocución, el público, entusiasmado, prorrumpió en atronadores aplausos...” Pero ninguna crítica tuvo tanta fortuna para el destino literario de Hartzenbusch como la reseña publicada por Larra en El Español: “El autor ha sabido hacer interesante a todos sus personajes... La versificación y el estilo nos han parecido excelentes”.
En 1838 Hartzenbusch consigue una plaza temporal como taquígrafo en el Congreso. Estrena Doña Mencía y Los polvos de la madre Celestina. Posteriormente publica Honoria, Primero yo, La jura de Santa Gadea, La ley de la raza, La madre de Pelayo, La redoma encantada y los Ensayos poéticos. Pero para la Historia de la Literatura Hartzenbusch es el autor del drama romántico español Los amantes de Teruel. En 1847, Harzenbusch ingresó en la Real Academia Española, y ocupó el sillón ele minúscula, siendo el primero que ocupó esta letra, porque ese mismo año se ampliaron las plazas y se optó por adjudicar sillones a las doce primeras letras minúsculas. Un año más tarde edita las Fábulas.
En 1853, el “maestro ebanista” es nombrado director de la Escuela Normal de Madrid, de donde pasó a dirigir la Biblioteca Nacional, cargo que ostentará hasta su jubilación. Juan Eugenio Hartzenbusch muere en Madrid, el 2 de agosto de 1880.
Lo más notable de Los amantes de Teruel es la autenticidad sentimental con que la compuso el autor. Diego e Isabel, los héroes románticos, que del siglo XIII rescató Hartzenbusch, pretenden como los mitos mayores de la pasión, dar a lo conocido la dimensión de lo sobrenatural Por ello, no es extraño que al final de la obra, Isabel diga: “El cielo que en la vida nos aparta / nos unirá en la tumba”.
Francisco Arias Solís
La violencia siempre ha sido reaccionaria.
XIII Festival Poético por la Paz y la Libertad en memoria de Mario Benedetti.
URL: http://www.internautasporlapaz.org
(1806-1880)
“Mi bien perdona
mi despecho fatal. Yo te adoraba.
Tuya fui, tuya soy: en pos del tuyo
mi enamorado espíritu se lanza.”
Hartzenbusch. Los amantes de Teruel.
LA VOZ DE LA AUTENTICIDAD SENTIMENTAL
Hartzenbusch pretendió con el teatro mejorar la sociedad y ofrecer al hombre un estado de libertad del que carece en la tierra. Buscó nuevas fórmulas que facilitaran el efecto del cambio, mezclas estróficas, combinación de verso y prosa. Su obra supuso aire renovado en la escena de su época. Y es incuestionable que la suya fue una obra de capital importancia para el teatro romántico español.
Juan Eugenio Hartzenbusch nace en Madrid el 6 de septiembre de 1806. Hijo de un humilde ebanista alemán arruinado por la guerra napoleónica, Hartzenbusch continuó a su vez el oficio paterno del que parecía haber heredado la laboriosidad y meticulosidad propias de su trabajo.
Cuando contaba sólo dos años, pierde a su madre, y vive con su padre y hermano, durante unos años, en Valparaíso de Abajo, pueblo conquense. En 1815 la familia Hartzenbusch regresa a Madrid; allí el padre crea un nuevo taller de ebanistería, que será el primer lugar de trabajo del poeta romántico.
En 1831 Hartzenbusch escribe sus dos primeros dramas, ambos de carácter histórico: Las hijas de Gracián Ramírez y El Infante Don Fernando de Antequera. Tres años más tarde comienza su trabajo sobre Los amantes de Teruel. Abandona aunque no totalmente su oficio de ebanista y consigue un puesto como taquígrafo en la Gaceta de Madrid.
En el Teatro del Príncipe, el 19 de enero de 1837, se estrenó Los amantes de Teruel, historia de los infortunados amores de Diego e Isabel. Diego Marsilla e Isabel de Segura son los protagonistas de un suceso acaecido en el siglo XIII; ella ama a Diego desde la niñez, pero el padre de la doncella se niega a las nupcias, alegando la parquedad económica del joven, quien tratando de remediar su estrechez, se hace a las armas para amasar fortuna dentro de un determinado plazo, fijado por el padre de Isabel.
Mesonero Romanos, recuerda la noche del estreno: “No bien se escucharon las primeras escenas del apasionado drama ante los ojos del público aquellas bellezas de primer orden en sus interesantes situaciones, sus simpáticos caracteres y poética alocución, el público, entusiasmado, prorrumpió en atronadores aplausos...” Pero ninguna crítica tuvo tanta fortuna para el destino literario de Hartzenbusch como la reseña publicada por Larra en El Español: “El autor ha sabido hacer interesante a todos sus personajes... La versificación y el estilo nos han parecido excelentes”.
En 1838 Hartzenbusch consigue una plaza temporal como taquígrafo en el Congreso. Estrena Doña Mencía y Los polvos de la madre Celestina. Posteriormente publica Honoria, Primero yo, La jura de Santa Gadea, La ley de la raza, La madre de Pelayo, La redoma encantada y los Ensayos poéticos. Pero para la Historia de la Literatura Hartzenbusch es el autor del drama romántico español Los amantes de Teruel. En 1847, Harzenbusch ingresó en la Real Academia Española, y ocupó el sillón ele minúscula, siendo el primero que ocupó esta letra, porque ese mismo año se ampliaron las plazas y se optó por adjudicar sillones a las doce primeras letras minúsculas. Un año más tarde edita las Fábulas.
En 1853, el “maestro ebanista” es nombrado director de la Escuela Normal de Madrid, de donde pasó a dirigir la Biblioteca Nacional, cargo que ostentará hasta su jubilación. Juan Eugenio Hartzenbusch muere en Madrid, el 2 de agosto de 1880.
Lo más notable de Los amantes de Teruel es la autenticidad sentimental con que la compuso el autor. Diego e Isabel, los héroes románticos, que del siglo XIII rescató Hartzenbusch, pretenden como los mitos mayores de la pasión, dar a lo conocido la dimensión de lo sobrenatural Por ello, no es extraño que al final de la obra, Isabel diga: “El cielo que en la vida nos aparta / nos unirá en la tumba”.
Francisco Arias Solís
La violencia siempre ha sido reaccionaria.
XIII Festival Poético por la Paz y la Libertad en memoria de Mario Benedetti.
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